FILIPICA SOBRE EL REMORDIMIENTO

FILIPICA SOBRE EL REMORDIMIENTO

Cuando ya uno circula por el último tercio del camino, le preocupan cosas diferentes a las que le ocupaban durante los otros dos tercios; ahora y sobretodo con estas anormales circunstancias que nos ha tocado vivir, trata uno de que lo que pueda hacer no sea una pérdida de tiempo, que es en realidad una de las pocas cosas que me producen una autentica inquietud o pesar interno, que no es otra cosa que remordimiento por el tiempo perdido.

La cosa ya viene de lejos, o de genes heredados ¡que se yo! Pero ahora mismo es como si estuviese oyendo la pregunta que mi madre me hacía cuando de niño haciendo los deberes del colegio, me encontraba en esa actitud que se entiende por “pensando en Babia” (y que no sabia lo bonito de esa zona de la montaña leonesa) ¿No te remuerde la conciencia el perder el tiempo así? Pregunta que ocasionaba un brusco despertar a la realidad de lo que estaba haciendo.

Algo debió influir en mí porque una de las cosas que más remordimiento me produce es perder el tiempo o ver como los demás lo pierden en quietudes o acciones que no sirven para nada, y que muchas veces me lleva a manifestar con una acción exterior el remordimiento reprimido que me produce verlo, aunque en ocasiones no sea socialmente muy apropiado manifestarlo.

Creo que las personas debemos tener conciencia de un claro sentimiento de la realidad o de la ficción, como del bien y del mal, etc. actitudes que nos lleven a justificarnos ante nosotros mismos las acciones que nos orienten a que no sea el remordimiento por el tiempo perdido lo que nos llene el tiempo de nuestra andadura por este mundo.

Los grandes pensadores que ha tenido y tiene actualmente la humanidad, que han dejado y dejan de una u otra forma profunda huella, todos hacen referencia clara de que lo más importante que tenemos es el tiempo; que es algo que se nos da, (por parte de diferentes dioses depende de las creencias de cada uno) pero de lo que no hay duda es que nos llega al nacer, nadie nos pide nada por él, o sea que es gratuito, que no lo podemos controlar en su duración, y que tenemos la obligación de utilizarlo bien, ya sea en nuestro provecho o en el de los demás, pero sin olvidar que también tenemos el deber moral, aunque sea con el ejemplo, de enseñar a otros a no perderlo, y así evitarnos esa inquietud o pesar interno, que nos produce bien sea por acción o por omisión el remordimiento.

También se que a una importante parte de la gente, esto del remordimiento le deja frio, o por decirlo de otra manera, le viene grande, por que empieza por no tener conciencia del mal que hace, pero en lo que debemos fijarnos es en los que demuestran tenerla, y en tratar de que los que no la tienen la vayan adquiriendo para que las cosas que en su vida vayan haciendo, no sientan esa inquietud o pesar interno que produce el remordimiento.

Espero que el tiempo que he utilizado en plasmar estos comentarios no me produzca remordimiento alguno, por pensar que haya podido perder el tiempo.

Abrazos

Felipe Gato

18 Mayo 2020

LA ROBLA CENTRO DEL MUNDO… OLLEROS DE ALBA

LA ROBLA CENTRO DEL MUNDO…

OLLEROS DE ALBA

Decía un ilustre premio Nobel que no es difícil hablar bien de lo que bien se considera, y cuando se trata de hacer algo sobre lo que uno considera favorablemente, la cosa marcha bien; y es lo que me pasa a mí con Olleros, aunque no sea la luz de su cielo la primera que vi al abrir los ojos a este mundo.

Ya en algún documento muy antíguo aparece en esta zona un Olaris situado cercano al camino que unía los castillos de Alba y Luna, allá por la zona de Valleoscuro, que se encuentra siguiendo el arroyo de San Martín por la ruta hacia Fontañán. A medio camino, en una estrecha garganta y sobre la parte superior de lo que llaman la peña del Moro está la braña de Castrillos, esta peña tiene las paredes verticales por el Sur y el Este,; después de unas pequeñas escabaciones hechas por mí (de las que desistimos al encontrar restos de granadas de la última guerra civil con el riesgo de que algunos fuesen peligrosas) se encontraron restos de muros de cimientos de lo que fue una torre o castillo de control y que parece ser que estuvo habitado allá en tiempo de los sarracenos. Además dicen los mayores del pueblo que en el fondo de las paredes de la peña se encontraban restos de vasijas y vasos de cerámica, lo que junto con los restos de casas muy antiguas, además de algún documento familiar encontrado al restaurar alguna casa, no ofrece dudas de que ya en la mitad del primer milenio existía Olleros.

Está Olleros situado en posición solana, sobre los 1.100 metros de altitud limitando al Norte con pueblos de la zona de Gordón, al Oeste con los del ayuntamiento de Carrocera, al Sur por los montes del Negrón (1.328m.) formados en la época del mioceno, con terrenos de La Seca; y al Oeste con terrenos de Sorribos en las zonas de la Gualta, Valmayor y la pequeña vega de colmatación a orillas del arroyo de S. Martín.

En el aspecto de la geografía humana, Olleros también es bastante singular; ya Casildo Ferreras Chasco en su estudio geográfico del Norte de la meseta leonesa, en el mapa II de las divisiones administrativas, coloca a Olleros como “Pueblo de jurisdicción sobre sí” separado del Concejo de Alba, y parece ser que hay algún documento antíguo que dice que alguna vez formó parte del Señorío secular del conde de Luna.

Andando el tiempo ya a partir del último tercio del siglo XIX la emigración se hace patente y documentada, básicamente hacia la Argentina; y ya en la primera mitad del siglo pasado, los hombres trabajaban en las minas de carbón tanto de La Magdalena como en las de la cuenca del Bernesga, y alguno en las cuencas mineras asturianas, más algún funcionario de Obras Públicas o dedicados al transporte, dedicándose las mujeres a las labores agrícolas y del mantenimiento del hogar.

Tiene el pueblo en estos años una economía de supervivencia bastante autosuficiente con la agricultura hortícola trabajada con vacas y un buen rebaño de ovejas y cabras atendido por un pastor contratado, o de vecera entre los vecinos propietarios de las reses, hasta que sobre la mitad del siglo XX con el matrimonio de una de sus hijas con un piloto oficial de aviación, el señor José Fernández (Pepón) monta como negocio familiar una completa granja de gallinas, con sus cámaras incubadoras, que en poco tiempo se transforma en un gran negocio, que también sirve como (faro) para que otros vecinos empiecen poco a poco a montar sus pequeñas granjas con excelente resultado.

Al principio de los setenta el calendario hizo mella en el dueño de la primera granja, y se cierra, pero ya había en el pueblo cuatro granjas potentes regentadas por Juan Iglesias, José Rodríguez, Benigno García y Antonio Suárez, además de algunas más medianas como las regentadas por los hermanos Gutiérrez (Eduardo Y Quico) que bien directamente o por intermediarios sacaban adelante la gran producción de huevos. Durante unos años varios de ellos montaron su propia fábrica de piensos.

A lo largo de estos años con la evidente prosperidad para las familias se hizo patente, que se dejó de ir a trabajar a la mina, la siguiente generación pudo elevar su nivel cultural en colegios o institutos, se mejoraron mucho las viviendas y el nivel de vida en general.

Como el reloj del tiempo no para, va llegando la edad del retiro de los primeros emprendedores, y si se le suma lo inevitable de las enfermedades, la “guadaña de la parca” y que los jóvenes ya se dedican a otras profesiones, la realidad es que poco a poco en la actualidad solo quedan en el pueblo dos centros de producción avícola, uno de tamaño medio que trabaja Nacho Andrés (nieto de Benigno García) y otra de gran tamaño que fundara el gran “Juanito” y que es regentada por su hijo Alfonso Iglesias y familia, que da empleo a bastantes personas y con una producción total en el pueblo mucho mayor que cuando estaban todos; es que si se aplica el progreso a la producción industrial, es una carrera que no tiene límites.

Desde el punto de vista monumental Olleros tiene: además de bastantes casas, unas de nueva factura y otras bien restauradas, donde la piedra se hace evidente; una iglesia bastante bien conservada, y una antiquísima ermita de corte románico dedicada a la patrona del pueblo (Nª Sª de Entresierra) con varias restauraciones a lo largo de la historia y que junto a algunas personas del pueblo y el grandísimo apoyo de su Junta Vecinal, que encabeza Roberto González Álvarez, se mantiene en muy buen estado a pesar de haber sufrido los embates del tiempo y de los ladrones que se llevaron valiosas imágenes y una de las dos campanas de la torre del campanario.

Si a todo lo comentado se le agrega el que al estar Olleros en la solana de las primeras estribaciones de la cordillera Cantábrica disfruta de unas rutas montañeras como la de Fontañan, que acertadamente promociona la asociación “Cuatro Valles;” con unas brañas que forman paisajes únicos; la gran variedad de arboleda, ofrece una gran heterogeneidad de tonos verdes durante la Primavera y el Verano, y espectacular la paleta de colores que se ofrece durante todo el Otoño, digna de ser llevada al lienzo de grandes pintores o al objetivo de las cámaras de avispados fotógrafos, sin olvidar que en invierno cuando nieva, el paisaje no deja de ser enormemente atractivo.

Como conclusión y sin temor a equivocarse es Olleros un pueblo que, una vez que se visita, se sale con ganas tanto de volver como de quedarse, que es lo que ya van haciendo varios vecinos que han adquirido y restaurado bastantes casas, bien para temporadas, para fines de semana o para todo el año.

Saludos

Felipe Gato Gutiérrez

VLC. 1 Mayo 2020

FILIPICA A LA SOLEDAD

FILIPICA A LA SOLEDAD

Con motivo de estas terribles consecuencias de la tan traída y llevada pandemia, casi todo el mundo en la soledad de su encierro se pone a pensar, a hacer cábalas, a mirar al pasado, a hacerse promesas a sabiendas que casi seguro no las va a cumplir, o a pensar que hay casos o situaciones que aunque no son comparables, si pudieran tener su punto de semejanza aunque sea solo por las consecuencias para el ser humano.

Así que hoy , seguro que con la mente desbocada, en la soledad se este obligado retiro, imagino que esto de la pandemia es como un gran viaje que tarda un tiempo en nacer la idea, explota con gran virulencia con la preparación , se realiza y va cediendo con el tiempo por diversas causas, en este caso será los tratamientos médicos, las vacunas,o las defensas naturales etc. y nos vamos olvidando hasta que después de un tiempo llega otra cosa que nos vuelva a poner en jaque ya sea individualmente o colectivamente a gran parte de la humanidad.

O sea como el “ viaje del agua” que nace en las fuentes, forma ríos y demás acumulaciones, mares, etc. se evapora y vuelve a caer en forma de lluvia o nieve y de una u otra manera el ciclo vuelve a empezar, y no sabemos si con el mismo agua seremos mojados una o varias veces en la vida, ya que es un ciclo en el que lo que no conocemos es su duración, ya que no es fijo.

Hay ciclos que al no ser fijos solo sabemos que de una u otra forma volverán, pero no sabemos cuando, como por ejemplo el cometa Halley, que ya está comprobado según los cálculos de los astrónomos y matemáticos Newton y Halley, que nos visita cada setenta y seis años; o sea que gran parte de los humanos tenemos la oportunidad de observarlo por lo menos una vez en la vida y los mas afortunados hasta dos veces.

Vamos que esto de las pandemias es como el ciclo del agua, al no ser de ciclo tan preciso como el cometa. Si tomamos como pandemias por ejemplo las grandes guerras, pues ocurre lo mismo, que de una u otra forma a casi todas las generaciones les toca, sino participar directamente, si sufrir las consecuencias de alguna o de varias.

Por otra parte si miramos el asunto desde el punto de vista de la salud pues los encontramos que pasa casi siempre lo mismo, no hay generación según los datos de la historia, que no haya tenido que pasar de una u otra forma por una pandemia con funestas consecuencias, ya sea en forma de V19; de Evola; de gripe española; o de la peste en sus diferentes variedades;y que a una importante parte de las personas les ha coincidido, así como si dijéramos “sin poner nada de su parte” solo sufrir las nefastas consecuencias de una o varias pandemias, de ahí que piense que lo de la duración del tiempo, es una incógnita relativa como dicen los físicos y matemáticos.

Uff…. A que terrenos me ha llevado a mí hoy esto de la soledad en el confinamiento, será mejor tratar la soledad, no desde el pesar por añorar la libertad pasada, sino que mirarlo mejor desde el compás de tres por ocho del cante andaluz, que, con las licencias poéticas que tienen los del Sur le llaman “Soleá” y “Soleá corta” que ya se cantaba hace más de mil años, y que se siguen escuchando, en los “tablaos” y en los bares y tabernas, junto con las “tonás” las “seguiriyas” los “martinetes” “medias granaínas”y demás palos del cante “Hondo”.

Esto si que es añorar, y me prometo a mi mismo escuchar allá por el Sur algunas de estas “Soleás” al lado de un buen fino en una taberna por la madrugá, cuando pase todo esto de las fases del confinamiento, que se ve que ya va haciendo mella en nuestro ánimo.

Abrazos

Felipe Gato Gutiérrez

Mayo 2020

LUCAS EL CABALLO SOLITARIO

¡Oye Lucas! Tú ¿Cuantos años tienes? – Preguntó Nora acercándose con unos trozos

de pan duro a la valla que separa el camino de la pradera donde el caballo Lucas se

entretenía mordisqueando algún tallo de hierba fresca, a la vez que caminaba por el

prado tomando el sol y observando todo lo que pasaba en su entorno, así que nada

más ver a la niña con el pan en la mano se acercó a la valla.

Es que desde la atalaya de la Mazal donde se encuentra el prado en el que el

caballo Lucas pasa gran parte del año, ya que solo se recoge al pabellón que le sirve

de establo durante los meses más duros del invierno, y es que desde allí se puede

observar casi todo el pueblo.

Ya sé que los caballos no podéis hablar como las personas, pero también sé que

si os podéis hacer entender, casi como yo me entiendo con mis muñecos – comentó

Nora casi sin dar tiempo al caballo a contestar a la primera pregunta.

Y tu ¿quien eres niña? No te conozco -preguntó el caballo Lucas.

Yo soy Nora, y mi papá se llama Luis y mi abuela se llama Marisa – contestó la

niña.

¿Donde dices que vives? -preguntó Lucas.

No te lo he dicho, pero aquí vivo con mis abuelos en la casa de allá abajo junto

a la parada del autobús y el puente del rio, – dijo Nora.

¡Ah! Ahora ya se quien eres, es que no me gusta hablar con desconocidos.-

comentó el caballo Lucas-.

Verás niña, yo tengo muchos años tantos que conocí al abuelo de tu papá, –

contestó Lucas.

Y ¿no te aburres tu aquí solo? ¿no sales nunca? – preguntó la niña-

¡Despacio, niña despacio! Y las preguntas una a una, – respondió el caballo – y

para que sepas que no estoy solo, yo solo soy el único caballo que hay por estos

parajes de la Mazal. Pero por estos montes hay muchos animales, con los que

comunicarme, hay vacas, corzos, jabalíes y también están los perros de caza Luque,

Latona y Sultán, que son los perros que llevan a cazar el amo Roberto y el amo

Rubén, son los que están ahí arriba, y como tenemos una valla en común es en el sitio

donde nos pasamos muchos ratos contándonos nuestras cosas, es que ellos como

salen mucho a cazar y son tan divertidos, les ocurren muchas aventuras con los

cazadores.

Además aquí casi todos los días viene mucha gente a hacer cosas con los amos,

y también a visitar al ama Carmen.

Y también tengo un trabajo que consiste en vigilar, junto con los tres perros,

bueno en realidad con Luque y con Latona que son los que saben, es que Sultán es el

más pequeño y está aprendiendo,todos vigilamos si se acercan por aquí malas gentes, y entonces nos ponemos a gritar todos para que se den cuenta los amos.

¿También gritáis los caballos? – preguntó Nora – porque yo sé que el grito de

los perros es cuando ladran, pero no he oído gritar nunca a un caballo.

Bueno niña, nuestro grito se llama “relincho” y es muy fuerte, despierta a todos

si es por la noche, así que pueden dormir tranquilos que si pasa algo les avisamos.

Tápate los oídos con las manos y verás, – dijo el caballo Lucas, a la vez que se

daba la vuelta separándose un poco de la valla y mirando hacia el monte, emitió un

fuerte relincho, que pudo ser escuchado por todos los contornos, dejando a Nora toda

sorprendida, que le dijo: Gracias Lucas, yo no lo había oído nunca.

Y tu ¿Que haces por aquí niña? – preguntó el caballo Lucas-

Estoy unos días de vacaciones con mis abuelos, es que yo no vivo aquí, yo vivo

en La Eliana, que está muy lejos de aquí, está en Valencia, contestó Nora.

Oye Lucas ¿ tu no sales nunca de aquí? preguntó la niña.

Sí, algunas veces he ido con el amo Rubén a algún sitio, y también otras veces

si veo que está la valla abierta o no funciona el pastor eléctrico, salgo fuera y me

acerco a la puerta de la valla de los perros y con el morro levanto el cierre de la

puerta y salimos todos a correr por el monte y hacemos unas carreras muy divertidas.

Hablamos con otros animales que habitan por estos parajes, hasta que llega uno

de los amos y llama con un silbido y bajamos, bueno, primero bajo yo un poco

cabizbajo esperando que nos riña, es que ellos como son tres y va cada uno por su

lado, tardan más en llegar a la corrala, pero aunque siempre nos grita no se enfada

mucho y no hay castigo así que creemos que merece la pena volverlo a hacer en la

próxima ocasión que vea la oportunidad.

¡Ah! Se me olvidaba darte las gracias por las chuches que me has traído, que

el pan duro para los caballos es como las chuches para los niños, – comentó Lucas.

En ese momento la abuela Marisa bajaba las escaleras de la casa del ama

Carmen y llamó, ¡NORA!

¿Que haces? Ven que nos vamos.

Voy abuela, que estaba hablando con Lucas que es un caballo muy listo e

inteligente, y aunque no habla como nosotros sí que sabe hacerse entender, y dice que

conoció al abuelo de mi papá; verás abuela, y dirigiéndose al caballo Lucas le dijo:

¡Hasta otro día Lucas! Ahora tengo que marchar con mi abuela ya vendré otro

día para charlar un rato y te traeré más chuches – comentó Nora.

Se dio la vuelta el caballo y como si le hubiese entendido, salió a paso lento

alejándose de la valla en dirección a la sombra de unos frondosos árboles que hay

más arriba.

¿Ves abuela como ha entendido?, es que es muy listo y sabe mucho, – comentó

la niña-

Y preguntó: ¿Podré venir más días a ver a Lucas?

Si que vendremos más días y podrás verlo, así que cuando tu abuelo salga a

pasear coménteselo y verás como si os dais una vuelta por aquí, – dijo la abuela- pero

ahora vayámonos que se está haciendo tarde, y se fueron las dos alejando camino abajo

hacia su casa .

Olleros Agosto 2019

Felipe Gato

LA MESA DE MAGDALENA

LA MESA DE MAGDALENA
1 – LA NOCHE TRÁGICA
Corrían en todo el país días turbios, días en los que a las gentes
parecía que se les había saltado el tapón de la espita dejando aflorar en
ellos los peores, más inconfesables, mezquinos y cainitas sentimientos. Era
muy de madrugada, en la casa grande dormía todo el mundo, cuando
sonaron unos fuertes golpes con la corra que hacía de aldaba en la puerta de
los carros, que en aquella calurosa noche de Agosto sonaron en el silencio
nocturno como si fueran cañonazos.
-¿Quien será a estas horas? Seguro que ha pasado algo, ¡levantate
Andrés! Mira quien es y que pasa dijo la sobresaltada Magdalena ante la
insistencia de los golpes en el portón.
-¡Voy! -Gritó Andrés mientras se ponía los pantalones y una camisa
y sin abrochar siquiera los botones, calzó unas zapatillas y empezó a bajar
las escaleras hacia el portal. Ya voy, ya voy, que pasa que no hace falta
armar tanto ruido.
Abrió el picaporte interior y sin darle tiempo a nada, la puerta
pequeña se abrió violentamente y entraros varios hombres a los que Andrés
no conocía, venían mal vestidos y peor calzados, pero todos armados con
fusiles unos y con escopetas de caza otros, a todos los dirigía un individuo
de tan mal aspecto como los demás y con una pistola en la mano con la que
señalaba tratando de afianzar lo que decía, y un papel en la otra mano con
varios nombres escritos.
-¿Es usted Andrés López el médico?
-Si, dígame en que puedo ayudarles, -contestó D. Andrés.
-¡Tiene que acompañarnos!, -casi gritó el de la pistola.
-¿Porqué? ¿A donde? ¿Quien lo manda?
-¡Lo mando yo! Y vosotros cachearlo y subirlo al camión, que no
tengo toda la noche; tengo que hacerle unas preguntas.
Se produce un forcejeo cayéndole a D. Andrés los primeros golpes
con las culatas de los fusiles de aquel tropel de desarrapados.
Los ruidos alertaron a Magdalena que por entre las cortinas del
balcón pudo ver como aquel grupo hacía subir a su marido al camión que
estaba en la replaza contigua y en el que se vislumbraba que había mas
personas en el interior.
Era Magdalena hija única de una familia de bastantes posibles
económicos, con diez años perdió a su padre, en un poco explicado
accidente en un viaje a caballo, debido a esta circunstancia pronto empezó
a colaborar en las tareas de la casa y con 16 años ya llevaba el control de
todas las cosas que tenía la familia como la producción de lino, la de miel,
la de carbón de encina, la preparación del brezo para las panaderías, lasfaenas agrícolas, el rebaño de cabras y ovejas, y las personas que tenía que
contratar para las faenas puntuales además de las que estaban siempre en la
casa. Llega un médico nuevo al pueblo, Andrés y pronto entablaron
amistad, seguido de relación, de novios y matrimonio, pasando a ayudar a
Magdalena, el tiempo que le quedaba libre del ejercicio de la medicina, en
el control de las cosas administrativas de la familia, a parte de que con una
diferencia de dos o tres años cada una tuvieron ocho hijas, de las cuales la
menor tenía siete años cuando su padre desaparece.
Aquella imagen del camión saliendo de la plazoleta no se le borraría
nunca de su memoria a Magdalena ya que habría de pasar mucho tiempo
antes de que las cosas pudiesen volver a su curso normal.
Sintió como el camión se alejaba, se puso un vestido y salió a la
calle, nada mas doblar la esquina, casi la atropella un hombre en una
bicicleta, al que reconoció al momento como el cura del pueblo y le dijo:
¡Ay D. Agustín que se han llevado a mi marido! Y reventó a llorar. Bajó de
la bicicleta el cura y trató de consolar a Magdalena.
También se han llevado a alguno mas, y voy a la capital a ver si me
entero de algo que el capitán de los guardias es amigo; tú vete para casa, no
digas nada a nadie y vosotras mañana seguir con las faenas de la era como
si no hubiese pasado nada, como siempre, y silencio que veremos que pasa,
dijo el cura perdiéndose en la oscuridad carretera abajo.
Cuando había recorrido unos dos kilómetros, en el silencio de la
noche pudo escuchar unos cuantos sonidos que le parecieron disparos y
después de unos segundos volvió a escuchar como unos tiros mas
espaciados, cuando había recorrido un centenar de metros más oyó como si
un vehículo a motor se alejara y se temió lo peor.
Unos quinientos metros más adelante la carretera entraba en una
zona de curvas que se conocía como “las curvas”, y aunque la luna estaba
en un menguante avanzado, la claridad todavía permitía ver los
alrededores con cierta precisión, y al entrar en la segunda curva, apareció
ante él la dantesca escena que ofrecían varios cuerpos humanos medio
amontonados en la cuneta.
Se acercó el cura a ellos y los empezó a separar por ver si reconocía
a alguno, eran seis, cinco hombres y una mujer, unos empapados con la
sangre de otros, que todavía estaba reciente. Los fue examinando uno a uno
y pudo comprobar que uno era Joaquín y otro Isidro los dos del pueblo,
otro se movió un poco cuando le retiró a otro que lo aplastaba contra el
suelo.
Lo identificó rápidamente como D. Andrés el médico y observó que
en la parte derecha del pecho tenía un desgarrón que le dejaba al aire varias
costillas y por el que manaba bastante sangre. Le sacó la camisa que aún
llevaba sin abrochar y con ella trató de tapar la herida, como no tenia conque sujetar el apósito utilizó el cinturón de otro que tenia la cabeza
reventada por una bala.
D. Andrés era un hombre de ciudad, hijo de un alto funcionario
municipal, que después de terminar el bachiller en la capital, fue enviado a
Madrid a estudiar que terminada la formación, en la facultad de medicina
de Madrid,volvió a su tierra, pasó por un par de puestos de trabajo, unos
meses en un hospital y unas suplencias en otro pueblo, y llegó a este en
principio para una estancia temporal, pero le gustó el pueblo, cercano a la
capital, y enseguida conoció a Magdalena, y como él decía “ la vi y a por
ella” era muy apreciado en la comarca, ya que era de buen trato y conocía
bien su profesión; en la casa se ocupaba de los asuntos administrativos,
también de las “relaciones públicas” como buen anfitrión que era, pasaban
por la casa grandes amigos que tenía tanto en la capital como en Madrid.
Sin pensarlo más, el cura guardó su bicicleta en un prado algo
alejado, y sobre sus hombros como si fuera un saco de trigo, cargó aquel
cuerpo que afortunadamente no era muy pesado y él con sus cuarenta años
todavía tenia vigor para soportarlo, y atravesando los prados que en aquella
época del año tienen la hierba cortada, llegó a la casa rectoral donde vivía,
entró por el corral cuando ya empezaba a apuntar el amanecer por el
horizonte.
Depositó al hombre sobre una mesa y trató de curarle la herida con
los pocos medios que tenía que se reducían a una botella de agua oxigenada
y un frasco de polvos de Azol, desinfectó la herida, la tapó con los polvos y
le cosió la piel con una aguja e hilo de carrete, y con unas tiras que sacó de
una sábana le aplicó un rudo vendaje que detuvo la pérdida de sangre, y se
dedicó a comprobar si tenía más heridas que restañar, lo limpió y observó
que respiraba trabajosamente pero no encontró mas heridas.
Dejó a D. Andrés sobre una cama en un cuarto al fondo del pasillo,
que solo se utilizaba cuando algún compañero de otro pueblo se le hacía
tarde para volver y se quedaba a dormir.
Era D. Agustín, natural de un pueblo de la montaña que empezó la
carrera de sacerdote, ya bastante mayor, y después de haber sufrido un
desengaño amoroso, según se decía cuando llegó al pueblo; como era un
hombre rural conocía bien a sus feligreses. Era hombre de compromiso,
siempre daba la cara en cualquier circunstancia, y siempre defendía los
intereses de sus feligreses aunque solo fuese con acompañarles en las
gestiones que fuesen necesarias ante cualquier organismo, por lo que era
muy apreciado en toda la comarca, ya en esa época ejercía de arcipreste de
la zona, lo que implicaba cierta autoridad sobre los párrocos de los pueblos
de su arciprestazgo.Recordó D. Agustín que la bicicleta estaba en las curvas y salió
rápidamente a por ella y dando una vuelta por el monte llegaba al pueblo
por la dirección opuesta; se sentó a la entrada del pueblo a fumar un
cigarrillo, ya que empezaba a pasar gente camino de las eras para empezar
las faenas del día.
Pasaba Ambrosio, un vecino que solo se dedicaba a la labranza y con
una pareja de vacas, unas pocas ovejas que echaba al rebaño común y los
animales de corral se defendía, más o menos, que para el y su mujer tenían
bastante, y eso que sus hijos que viven en la capital, cuando vienen
siempre se van cargados -decía él casi como justificación siempre que en
cualquier conversación venía a mano – se detuvo y saludó – buenos días D.
Agustín, mucho madruga, que ya se sienta-, ¿descansando?. -No, que me
paré a fumar un cigarro aquí a la fresca, es la mejor hora que más tarde hará
un calor de cuidado, -comentó el cura ofreciéndole la petaca de picadura. –
Tomó Ambrosio la petaca, lió un cigarro y se pusieron a comentar cosas de
la época; y al poco pasaron por la carretera un par de coches y una
camioneta con varios hombres encima.
Como madruga la gente comentó D. Agustín, ya -comentó
Ambrosio, es que las cosas deben andar revueltas en la capital y en Madrid,
es que como se han levantado los de África y algunos más, no se, no se, me
temo que estas cosas no traigan nada bueno, es que la gente está muy harta
de tanto politicastro, estos días es mejor no escuchar ni la radio, que dicen
unas cosas increíbles pero ninguna buena, creo que se piensan que las
gentes son tontas o algo así; -yo como no tengo radio pues me entero de
poco, solo cuando bajo a la capital que compro el periódico, pero por lo
que me cuentas no pierdo mucho, comentó el cura-.
-Ya veremos comentó D. Agustín, levantándose y tomando la
bicicleta, voy que ya se va haciendo hora de decir la misa y después hay
que desayunar. -Estaban en estas cuando llegó otro vecino, Eduardo que es
el cartero, que iba a la estación a recoger la saca de correos que deja el tren
correo de la mañana, y comentó: -D. Agustín que esta noche dicen que han
venido unos hombres armados y que se han llevado a varios a la capital.
-¿No se sabe a quien? Preguntó el cura, -dicen que al médico, a
Joaquín el de Josefa y a Isidro el ferroviario, -dijo Eduardo-, no se ya
veremos.
-Voy a ver si me informo de algo, -dijo el cura a la vez que se
remangaba la sotana y montado en su bicicleta salió hacia el pueblo.
En el recorrido hasta la casa rectoral se cruzó con varios vecinos que
acudían a sus faenas y a los que saludaba con sus gestos y palabras
habituales; entró en casa dejando como siempre la bicicleta en la puerta, ycomprobó que el herido ni se movía ni había despertado pero no se veía
que continuase perdiendo sangre.
Llamaron a la puerta y vió que era Javier un sobrino de Joaquín, que
le dijo: D. Agustín: -¿podría dejarme la bicicleta? que tengo que ir a la
capital a unos recados y de paso a ver si me entero de por que se han
llevado detenido a mi tío.
-Si hombre -contestó el cura, -que no la necesito, que voy a decir
misa y estaré por aquí todo el día, y cuando vuelvas me aclaras lo de tu tío
por si se puede hacer algo. Esto de que varios vecinos pidiesen prestada al
cura su bicicleta era bastante habitual y nadie se sorprendía por ver a otros
con la bici de D. Agustín, es que en los tiempos que corrían no todos
alcanzaban la posibilidad de tener una, eran tiempos duros y de economías
escasas.
Salió D. Agustín de casa cerrando la puerta con llave en el momento
que pasaba su vecina Bernarda, que le dijo: -Buenos días, ¡Malos tiempos
corren, que tranca usted la puerta señor cura!.
-Es que voy a misa y como no está Sinfo, no sea que entre algún
perro.
-¿Cuando viene? Que ya lleva una temporada y habrán terminado la
siega, si necesita usted algo ya sabe donde estamos, comentó Bernarda.
Muchas gracias Bernarda, ya estoy acostumbrado a estar solo y
además uno necesita pocas cosas, ya sabes lo del refrán, que no es mas el
que mas tiene, sino el que menos necesita.
Después de tocar un poco las campanas se dispuso a preparar lo
necesario para celebrar la misa.
Al toque de campana como de costumbre acudieron las beatas
habituales y Pepín el monaguillo que como todos los días en la sacristía, en
silencio iba ayudando al cura a colocarse las vestiduras talares, del color
que correspondía a la época del año eclesiástico que corría; según D.
Agustín iba
nombrando las piezas se las acercaba y ayudaba a
colocárselas, Amito, Alba, Estola, Cíngulo, Manipulo, Casulla; y tomaba
Pepín la campanilla la hacía sonar y salían de la sacristía en dirección al
altar a la vez que las fieles se levantaban y comenzaba la misa.
Terminada la misa cerró la iglesia, y se dirigió a su casa, y al pasar
por la esquina de la plaza del ayuntamiento vió como unos guardias civiles
junto con el alcalde y un par de concejales caminaban hacia la salida del
pueblo, y pensó: ya se ha disparado el asunto, habrá que pensar que se dice
y como se afronta lo ocurrido, ya que a lo que parecía no sabían nada unas
familias de lo ocurrido a las otras.A él el primero que le avisó fue un hijo de Isidro el ferroviario
cuando se llevaron a su padre, y acordaron no decir nada a nadie y que D.
Agustín se informaría, y cuando salía de casa para ir a la capital se tropezó
con la señora Magdalena que le informó de la sucedido con su marido y
acordaron lo mismo, no decir nada hasta saber algo más, pero se
precipitaron los acontecimientos.2 – SE DISPARÓ EL ASUNTO
Fueron pasando las horas y cercano ya el mediodía, llegó a la casa
rectoral el alcalde Nicasio con una pareja de guardias civiles, llamaron a la
puerta y una vez que el cura la abrió observó que las caras de los tres
admitían pocas bromas, así que preguntó -¿Que desea señor alcalde? Nada
no se preocupe y venga con nosotros, -Le contestó un guardia civil, traiga
las llaves de la iglesia.
Hicieron todos el camino casi en silencio aunque D. Agustín intentó
hacer algún comentario, solo recibió un si, un bien, etc. o tan solo un gesto
como una encogida de hombros.
El cementerio esta muy cercano a la iglesia y fue hacia donde se
dirigió el grupo a lo que el cura intentó preguntar pero solo pudo decir
¿Que? Y pudo ver que en el atrio del cementerio estaban en el suelo
tendidos y alineados uno tras otro cinco cuerpos muertos, cuatro hombres y
una mujer.
-¿Que ha ocurrido aquí Alcalde? Preguntó airado D. Agustín.
-Usted limítese a darles la extremaunción para que puedan
enterrarlos, contestó de una forma bastante desabrida el alcalde Nicasio.
-¡Alcalde! -Gritó el cura-, el hecho de que el ayuntamiento y la
iglesia no piensen igual sobre muchas cosas, no tiene nada que ver con
cosas como esto. ¡Tu y yo nos conocemos hace muchos años, y esto tiene
que tener su aclaración y además que dos de estos son del pueblo, uno es
Joaquín el de Josefa y el otro es Isidro el ferroviario, que aunque sean de
derechas como decís vosotros, no creo que hayan hecho daño a nadie, y
esto tiene que tener sus consecuencias!. ¿Habéis avisado al juez? Espero
que ustedes levanten acta de todo esto -dijo dirigiéndose a la guardia civil.
Y entró en la iglesia en busca de los santos óleos, el agua bendita y el libro
de los Oficios Sacramentales necesarios para casos de muerte próxima o
reciente.
Una vez que D. Agustín administró los últimos sacramentos les rezó
un responso y dio por terminada su actuación, y ya llegaban unos vecinos
con herramientas para “dar tierra” a aquellos cuerpos.
-Avisar a las familias del pueblo por si se quieren hacer cargo de los
suyos, y a los otros tres enterrarlos mañana por la mañana, en una sepultura
donde os indique el alcalde, -ordenó el guardia civil que era el cabo-
comandante de puesto que cubría aquellos pueblos; y usted D. Agustín hay
que dejarlos dentro de la iglesia hasta mañana porque aquí no se les puede
dejar a pasar la noche, que no hay puerta.
La noticia corrió como la pólvora por aquellos pueblos pero nadie
apareció para ir a la iglesia a identificar a los que no eran de allí, por lo que
al día siguiente fueron enterrados los tres juntos sin más.Nicasio era natural del pueblo, el menor de los dos hermanos, fue a
la escuela del pueblo hasta que tuvo catorce años y como en su familia no
se andaba muy escaso de medios económicos lo enviaron a la capital a un
colegio interno, pero después de varios años no consiguió terminar mas que
el primer curso y algunas asignaturas de segundo, su padre se cansó de
pagar y coincidiendo con que su hermano había caído en la guerra del
norte de África, volvió Nicasio al pueblo a colaborar en las tareas de la
labranza, ya que su hacienda no era poca precisamente.
Durante los años en la capital como no era buen estudiante, siempre
andaba metido en grupos de carácter político de izquierdas lo que le llevó
a afiliarse a un partido de ideología anarquista, de lo que alardeaba a cada
paso en las tabernas nada más que creía que la ocasión le venía a mano, era
de un carácter bronco, pero ya en algunas elecciones había intentado ser
concejal, hasta que en las primeras elecciones de la segunda República
mediante una coalición consiguió ser alcalde, en realidad había conseguido
varias cosas para el pueblo,como la reparación de las calles, la construcción
del puente del rio y unas buenas fuentes públicas de agua potable ya que en
el pueblo no se disponía de red de agua en el interior de las casas.
No era Nicasio por la zona una persona muy apreciada ya que era de
un carácter brusco con casi todo el mundo, su contestación favorita era “por
que lo mando yo” y ya estaba todo arreglado.
Estaba casado con Isabel y tenían dos hijos adolescentes, que asistían
a la escuela del pueblo, que estaba regida por Da Covadonga, que como
tenía bastante mano con los chicos, y aunque no estaba afiliada a ningún
partido era hija de minero así que para Nicasio era suficiente, y a decir de
él era como de la familia, pues nadie se metía con ella para nada.
Vuelve D. Agustín hacia su casa encontrándose en el camino con los
familiares del ferroviario y a la tía Josefa que llorando llegaban a la plaza
de la iglesia a recoger a sus deudos, al ver al cura Josefa le pidió que al día
siguiente preparase el funeral de cuerpo presente.
Cuando D. Agustín llega a su casa, para evitar que nadie entre sin
llamar -como se hacía siempre -cierra la puerta con un cerrojo interior, que
buen trabajo le costó, ya que el óxido que tenía por el tiempo que hacía que
no se utilizaba lo tenía bloqueado.
Entró en la habitación donde yacía en la cama D. Andrés, que estaba
medio despierto y al ver al cura se quiso mover, pero solo fue capaz de
decir “agua” y una vez que se vió frente al vaso no pudo ni cogerlo por lo
que D. Agustín se la fue dando poco a poco y durante bastante tiempo.
Pasaban las horas y tampoco al día siguiente en el entierro al que
asistió todo el pueblo incluido el alcalde Nicasio con sus concejales. En el
funeral todos echaron de menos al médico y empezaron a surgir las
preguntas pero nadie daba noticias de D. Andrés, y su familia solo decíaque tampoco sabía nada solo que hacía un par de días que vinieron unos
señores a buscarlo y se fue con ellos, y como tampoco había denuncia
alguna pues nadie lo buscaba.
El médico tardó casi tres días en poder hablar algo entendible y
coherente, aparte de cosas sueltas que conseguía articular. Pasó D. Agustín
al cuarto que le servía de despacho, archivo, comedor y recibidor de visitas,
y sentado en su silla se puso a pensar en todo lo pasado en los últimos días,
que se podía hacer, como debería actuar y en todas las cosas que se iban
escuchando a los vecinos ya que él no tenía radio, además en unos pocos
días llegará Sinfo (Sinforosa ) que estaba en su pueblo ayudando a sus
padres en las tareas de la siega, pero que volvería para dedicarse a ejercer
lo que por entonces se llamaba el “ama” y abría de enterarse de todo.
Lo más prioritario era que hacer con el médico, pues a tenor de lo
que parecía que estaba ocurriendo en el país,ya que el levantamiento de los
de África lo habían secundado en varios cuarteles y capitales del resto del
país, lo que auguraba como poco una guerra civil más, cosa que desde los
Reyes Católicos había ocurrido infinidad de veces; el caso es que si lo
entregaba seguro que los correligionarios del alcalde Nicasio le daban lo
que decían entonces “el paseo” pues en aquella zona parecía que se estaban
asentando los secuaces del alcalde, y por lo que se podía oír “al cura”
también le podía ocurrir algo nada bueno por haberlo tenido oculto. Por
otra parte si lo descubrían tampoco quedaría él en una buena situación lo
más seguro era que los pasearan a los dos.
Casi en el fondo de la cocina de la casa rectoral había una puerta que
daba acceso a un pasillo que comunicaba con la parte trasera de la casa, que
en tiempos antiguos se había utilizado de pajar donde se guardaba la hierba
y paja seca para alimentar los animales que algún antiguo cura había usado
para sus desplazamientos, y en aquel tiempo solo servía de trastero, de
hecho Sinfo había colocado delante de la puerta en la cocina una mesa que
utilizaba ella para comer o para que sirviera de lugar donde dejar el menaje
de cocina, o para extender la masa cuando preparaba los dulces, galletas y
demás cosas para las que tenía una mano extraordinaria.
Procurando no levantar sospecha alguna fue subiendo hasta aquel
antiguo pajar unos ladrillos que pudo conseguir de unas viejas paredes que
había en la parte posterior de su corral, y con una masa de barro que
preparaba en el mismo caldero, consiguió hacer en el fondo del pajar un
pequeño departamento, con un acceso bastante discreto y fácil de tapar, en
el que colocó un viejo camastro y un cajón de madera para que hiciese las
veces de mesilla de noche.
Las heridas de D. Andrés no se habían infectado por lo que no había
tenido mas que algo de fiebre en algún momento, y para hacerle las curas elmédico le había escrito en un papel a modo de receta varios medicamentos
que el cura en el primer viaje con su bicicleta a la capital compró en varias
farmacias, para que no se pudiese fácilmente sospechar que había algún
herido que curar mas o menos clandestino. Así las heridas curaban y cada
día se le veía mejorar.
Esto le llevó unos días en los que pudo comprobar que las cosas
parecía que se estaban asentando, y un día después de venir de la capital se
encontró con el alcalde Nicasio y como siempre le soltó con cierto rentitin,
-que cura ¿ya vienes de ver a tu jefe?. -Pues sí, y de rezar por ti también, y
además tenemos que hablar le contestó. Mira Nicasio en la capital no me he
podido enterar de quien ha podido hacer esta barbaridad, ni nadie sabe nada
de D. Andrés.
-Ese saldría por piernas -comento Nicasio, y a estas alturas ya estará
en Francia tratando de escapar para América como hacen muchos de su
cuerda, que para eso si andaría listo.
-Pues es una buena persona que hacía favores a todo el mundo, y a ti
también te ha curado más de una vez, no creo que nadie le quisiera hacer
daño -comentó D. Agustín.
-Pero ¡de derechas!, señor cura ¡de derechas! no sé, no sé, mas vale
callar, pero….-contestó Nicasio.
-¡Hombre! Si sabes algo por lo menos podías decírselo a la familia, o
como creo que no os tratáis desde lo del riego de La Vega, me lo dices y yo
se lo cuento para que por lo menos dejen de estar tan preocupados que
Magdalena se defiende bien pero con tanta chica sola no se…no se…
-Pues ¡que las case que ya es hora!, bueno si me entero de algo ya se
lo diré,
-comentó el alcalde- pero de una forma que al cura le sonó a
palabras huecas.
D. Andrés con los cuidados del cura y sus indicaciones iba
mejorando, le había cosido la herida, la mantenía bien desinfectada y como
la bala solo le había rozado el costado, la mejora era evidente cada vez que
le cambiaba el apósito.
Se le planteaba al cura un buen problema, y era como alimentaba a
D. Andrés ya que estaba decidido a no contarle nada a nadie ni siquiera a la
señora Magdalena.
Como las cosas en la zona estaban cada día más revueltas, veía el
cura que no se estaban poniendo bien para los que mandaban, pues los
militares sublevados ya se habían asentado en la capital, y parecía que sería
cuestión de poco tiempo el que pasaran por el pueblo, cosa que le pareció
posible, debido a que esta mañana después de la misa Nicasio el alcalde se
dirigió al cura para hablar y le dejó caer, que recordase que en aquel pueblo
no se había quemado ni una imagen, ni una ermita, y mucho menosdesperfecto alguno en la iglesia, además de que a él no le habían tocado ni
la ropa a pesar de que algunos querían darle a usted un escarmiento, pero
yo no lo consentí nunca a pesar de que varias veces en la capital
preguntaban si ya le había dado un paseo al cura.
-Gracias Nicasio, ya lo sabía -dijo D. Agustín-. Pero ten en cuenta
que nunca me encontrarás a mí acusándote de nada, ni a ti ni a ninguno de
tus correligionarios, yo estoy aquí para ayudar y nunca para meter cizaña
contra nadie, podéis estar tranquilos, y ahora dime, ¿Es verdad que las
cosas van tan mal para los vuestros? -No van bien D. Agustín- y me temo
que cualquier día aparezcan por las curvas los camiones del ejército
rebelde, y se arme una buena revuelta.
-Mantenerme al tanto Nicasio, que si ocurren cosas así es mejor estar
preparado para poder frenar y apaciguar los ánimos que las revanchas no
sirven más que para agrandar los problemas, comentó el cura- de todas
maneras hablaré con las familias de los fusilados en las curvas y con alguno
más que parece más exaltado y trataremos de que no haya represalias
contra nadie.3 – EL PAN DE LAS ÁNIMAS
En aquella zona ya desde tiempo inmemorial todos los domingos
cuando la gente asistía a misa dejaba en una cesta que el monaguillo
colocaba en el atrio, bien un bollo de pan recién amasado unos, un chorizo
otros, o cualquier producto de la matanza, legumbres u otras cosas en
tiempo de recolección etc. que se decía que en tiempos era para ayuda en la
manutención del párroco, pero hace años ya al no ser necesario para el cura
al terminar la misa dominical, el sacristán efectuaba la subasta pública
entre los vecinos asistentes, de todos los productos que hubiese en la cesta
y el dinero recaudado se entregaba al párroco para el sostenimiento de la
iglesia; alguna vez hasta se lo había quedado el cura cuando por alguna
circunstancia había alguna familia en el pueblo que necesitase alguna
ayuda.
Con los tiempos que corrían a nadie le extrañó que aquel domingo el
cura ganase la subasta de la que se llamaba “el pan de las ánimas”. Con
esto y lo que me queda de lo preparado por Sinfo para su ausencia, creo
que será bastante para comer D. Andrés y yo mientras se verá lo que se
hace.
Unos días mas tarde llegó a la casa Sinforosa . “el ama Sinfo” como
la conocía todo el mundo, que una vez terminadas las labores de la era en el
pueblo de su familia volvía a “pasar el invierno” cuidando de D. Agustín
que además era primo segundo pues la madre de Sinfo era prima carnal del
padre de D. Agustín.
Sinfo se pasaba en la casa rectoral casi todo el año, ya que la guerra
de África la dejó viuda y el estar al amparo de su primo, la mantenía
sintiéndose necesaria ya que además de cuidar de la casa rectoral y la
huerta donde sembraba las hortalizas que casi les alimentaba todo el año
mantenía en orden y limpia la ropa de la iglesia.
Al día siguiente de llegar, a la hora de la comida se acercó Sinfo a la
mesa del cura y le preguntó ¿D. Agustín podemos hablar? -Dime Sinfo que
pasa que te veo muy mohína.
-Es que no sé como empezar, es que me parece que en el trastero ha
pasado algo, hay cosas que no están en su sitio, es como si hubiesen
entrado buscando algo ¿ha tenido usted algún invitado? Es que después de
misa me dijo Quica la viuda del ferroviario que mataron en las curvas que
se había quedado usted con la subasta del pan de las ánimas el domingo
pasado; vaya ¡que desastre que llegó al pueblo! Dos familias rotas nada
menos; malos tiempos D. Agustín que dicen que cuando entren los
rebeldes va a pasar algo gordo, que nos van a liberar de Nicasio y los suyos
y que los van a llevar de paseo.
Escuchaba todo esto D. Agustín casi con la mirada perdida y
sujetándose el mentón con la mano izquierda, que parecía que estaba enotro lugar hasta que Sinfo le dijo: ¡D. Agustín que parece que no me
escucha, parece que está usted en Babia!
-Mira Sinfo -dijo D. Agustín- estate al tanto de todo lo que se dice,
que hay que estar preparados para tratar de que no haya más muertos ni
más detenidos si llega aquí el ejercito nacional, que tanto los hijos de
Joaquín como los de Isidro el ferroviario quieran tomarse la justicia por su
mano y haya más muertos; hablaré con ellos que estas cosas se empiezan y
no se sabe como acaban, pero siempre acaban mal.
-D. Agustín que bien que estaré atenta a todo eso que usted dice,
pero no era eso de lo que yo le quería hablar, -le dijo Sinfo un tanto
inquieta- ¡ siempre me envuelve y al final no le digo lo que quería! ¿Ha
tenido algún compañero suyo aquí? ¿Por qué se ha quedado con el pan de
las ánimas el domingo? ¿No le dejé bastante comida para estos días?
¿Acaso han entrado a robar? Que con estos tiempos habrá gentes muy
necesitadas, quien sabe.
-Vamos a ver Sinfo siéntate que tenemos que hablar -le dijo el cura-
con ese gesto y esa voz que denotaba que la cosa era muy importante. Todo
esto lo he hecho yo, pero es que hay un motivo muy importante; ¡Ah! Dime
antes, ¿que dice la gente sobre D. Andrés el médico?
-Pues mire usted, unos dicen que escapó a tiempo porque sino los de
Nicasio lo pasean junto a los otros dos, y otros dicen que ya debe andar por
Venezuela que allí tiene un hermano, y la señora Magdalena creo que no
dice nada, sale poco y como siempre fue de poco hablar y como se le tiene
mucho respeto, nadie se atreve a preguntarle así directamente, y las hijas
dicen que no saben nada que marchó y no saben para donde, el caso es que
los anarquistas han venido y dicen que le han registrado la casa por dos o
tres veces buscándolo y como no lo encontraron querían llevar a
Magdalena a declarar, y creo que Nicasio no los dejó hacerlo, es que dicen
que a la gente que llevan a declarar le pegan hasta que dicen lo que ellos
quieren; pero nada más se comenta, es que ya nadie quiere decir nada por
que tiene miedo.
-Bueno lo dicho, y ahora escucha: D. Andrés no está en América sino
que está aquí vivo y herido, pero ya se está curando, hay que darle de
comer, y yo no puedo quedarme todas las semanas con el pan de las
ánimas, porque daría lugar a sospechas y además si llega pronto el ejército
nacional es fácil que alguno de los que mandan ahora se quiera esconder
por aquí y haya que repartir las viandas.
Sinfo estaba que parecía una estatua, con cara de asombro y tratando
de asumir todo aquello que escuchaba y después de unos momentos
exclamó:¡Ay Dios mío que desastre! Si no son unos son los otros, y
nosotros en el medio ¡Ay Dios que pasará!-¿Lo has entendido bien Sinfo? Bueno pues vamos a ver como
salimos de esta, aquí en casa no creo que ni unos ni otros vengan a registrar
nada, y parece que a los rebeldes les va mejor, que ya ha venido el alcalde a
prevenirme de que como él se ha portado bien y me ha defendido frente a
los que querían pasearme y quemar la iglesia, y eso es que ya no están tan
seguros de que los suyos vayan ganando, pero aún así sabemos poco,
nosotros con mucha precaución siempre, con los ojos bien abiertos y
mucho silencio Sinfo.
-D. Agustín ya se puede ir sacando alguna patata de las tempranas y
pronto se puede pelar alguna vaina verde, tenemos algo de matanza que
voy guardando, y con las manzanas y las peras que hay bastantes, ¡ah!, y
también están las nueces de año pasado, yo creo que podemos pasar bien
hasta que se recoja toda la cosecha, además siempre puedo ir a mi pueblo
con alguna disculpa y traer algo en las alforjas de la burra, que en mi casa
hay gracias a Dios bastante; lo peor será el pan que con la hogaza que nos
cuece Quica la ferroviaria no es bastante, y eso si que podría dar que decir,
y comprar pues tampoco se va todos los días a la capital aunque esté cerca.
-No te preocupes del pan Sinfo, que hablaré con Magdalena y nos
cocerá una hogaza en su horno que es grande y cuecen todas las semanas, y
a mi no creo que me pida muchas explicaciones, además de que en aquella
casa como son muchas no saldrá de ojo, eso si que habrá que traerla con
mucho cuidado, y a una hora que no salte a la vista, lo demás como siempre
nosotros no sabemos nada mas que lo que dicen, como no tenemos radio, y
tampoco hemos visto nada fuera de lo normal, y ya veremos que es lo que
pasa; más tarde iremos al trastero y veremos que hay que hacer y como se
deberá proceder en cada caso que se nos ocurra para estar preparados.4 – LA HABITACIÓN DEL MÉDICO.
Después de que Sinfo terminó de las tareas habituales como atender
a gallinas, conejos, y demás animales que a la postre les ayudaban a
subsistir, se fue al despacho del cura y le avisó, -D. Agustín ya he
terminado las faenas y cuando quiera vemos lo del trastero -Ahora mismo-
comentó el cura, – ¡Vamos!
Entraron en el trastero y a través del
estrecho y oscuro pasillo entraron en el antiguo pajar.
-Mira Sinfo, aquí no se debe tocar nada, esto tiene que seguir
pareciendo que no hay más que trastos abandonados, con telas de araña y
todo, esa pared del fondo es la que he hecho yo para construir un pequeño
cuarto en el que he metido a D. Andrés, está bien y le están curando
rápidamente las heridas, pero tiene que recuperarse ya que perdió mucha
sangre. Detrás de aquella cómoda vieja a la que le he sacado los cajones
que están apoyados en ella, está la entrada del refugio, siempre tiene que
estar así con esos trastos delante, que ya retiraré yo cuando le lleve la
comida y le saque el cubo donde hace sus necesidades.
-Cada vez que se retire la cómoda hay que poner antes el cerrojo
interior de la puerta de la calle para que nadie entre por sorpresa, y recuerda
que un error nos puede costar la vida a los tres.
-Tu tienes que limitarte a dejar la comida en la mesa donde tu comes,
que si alguien por lo que sea lo viera no parezca sospechoso, después seré
yo el que pase a mover la cómoda, darle la comida y hacerle las curas a las
heridas, mientras tanto tu observas la calle desde el interior de la sala, y si
ves que hay movimientos extraños, si es por la noche y ya ha venido la luz,
enciendes y apagas tres veces la llave de la luz que he puesto en la sala al
lado de la librería, después te diré donde está; si es por el día te acercas a la
cómoda que tapa la entrada y con el mango de la escoba golpeas la pared, y
vuelves a la cocina; siempre procura colocar las cortinas de forma que no
se te pueda ver que estás vigilando, ¿Te vas dando cuenta de todo Sinfo?
-Si D. Agustín -le contestó ella- claro que me doy cuenta, y ¿Si
vienen a registrar o veo que es gente desconocida, o algún vecino que no
me parece raro pregunta por usted, cuando usted está allí, como le aviso? –
Preguntó Sinfo-
-Atiende: como estará puesto el cerrojo del portón, asomas al balcón
y si es algún vecino para cualquier cosa le dices que no estoy y que cuando
vuelva ya pasaré por su casa; y si me quieren a mí y no conoces quien es, o
si son más y sospechas, les contestas que: ¡ahora bajo! Y apagas y
enciendes la luz muchas veces seguidas, si es de noche y si es de día
golpeas la pared como te he dicho y bajas despacio, y antes de abrir te
disculpas, con que tienes cerrado porque cuando no estoy yo pues tienes
algo de miedo y pones el cerrojo; abres el portón y dices: D. Agustín no
esta, que vino esta mañana un coche y se fue a la capital creo, si quierendejar algún recado se lo daré y si no pues tendrán que volver más tarde,
pero no me dejó dicho a que hora volvería; si te parece que no se lo creen
y te preguntan mas veces si estás segura les dices: si quieren entrar a ver
pueden pasar y te retiras de la puerta. ¿te das cuenta bien Sinfo?
-Si D. Agustín, que sí me recuerdo bien que todavía no me falla la
memoria que mayor ya voy siendo pero ya ve que ni siquiera uso gafas. -le
contestó Sinfo. –
Pues que no se te olvide nunca, y nunca te pongas nerviosa que no
pasará nada, pues la cómoda se puede mover desde dentro, y estaremos en
el refugio D. Andrés y yo, hasta que tu vuelvas a encender y apagar la luz
varias veces pero mas despacio que antes, o vuelvas a golpear la pared con
el mango de la escoba si es de día, cuando consideres que ya se puede
salir, que estará todo tranquilo y el cerrojo del portón puesto; y confiemos
en que no sean necesarias todas estas precauciones, pero hay que tener las
cosas bien pensadas y claras porque nos jugamos mucho.
Y ten en cuenta que todavía esto solo lo sabemos tu y yo, ni siquiera
lo sabe la señora Magdalena, que cuando se crea oportuno ya veremos
como se le dice y que es lo que hacemos con el médico.
-Si algo saliera mal y te vieras engañada por algún conocido que te
pareciera normal y aunque no esté con D. Andrés, recuerda que cuando
estés frente a mi me avisas de que es una trampa abriendo y cerrando los
ojos tres veces, varias veces, como si estuvieses haciendo las señas cuando
juegas a la brisca, es que hay que andar con mucho cuidado en estos
tiempos.
Fueron pasando las semanas y todo iba rodando más o menos como
estaba previsto, a D. Andrés ya le habían curado las heridas y solo restaba
que se fuese recuperando ya que al perder tanta sangre el restablecimiento
era más lento, así que pasaba el tiempo andando por su refugio leyendo los
libros que el cura le proporcionaba y cuando D. Agustín se llegaba hasta la
capital procuraba comprar algún periódico, también tenia bastantes ratos de
charla con el cura.
Todo parecía más tranquilo por aquella zona ya llevaban varios
meses sin que se escuchasen disparos de artillería, que aunque se oían
lejanos siempre recordaban que no muy lejos todavía se encontraba el
fantasma de la guerra; hasta que empezaron los rumores de que el ejército
nacional había retomado las operaciones en aquella zona, y se volvieron
oír cada vez con mas intensidad los disparos y también a extremar las
precauciones.
D. Agustín decía la misa todos los días, y ya en casa mientras rezaba
el breviario como hacía a diario, Sinfo se ocupaba de ir recogiendo lasmanzanas, las alubias, las patatas y las nueces que les permitían casi sin
gasto económico mantenerse bastante tiempo, pero pensaba ir a su pueblo y
traer algo más ya que siendo tres las necesidades serian mayores y era
necesario prepararse porque nadie sabía cuanto duraría la estancia de D.
Andrés allí escondido.
Decidió que lo que recogía lo dejaría en el pajar extendido en el
suelo de forma que para ir de la puerta a la cómoda no se podía ir directo
sino que era necesario el ir sorteando montones de patatas, o manzanas etc.
de forma que una cómoda vieja en aquel pajar no llamase la atención de
nadie y menos con aquellos montones por el medio, que por otra parte todo
el mundo allí sabe que los frutos hay que dejarlos extendidos para que se
oreen, cosa que se hace en todas las casas de labranza.
Un jueves por la noche se empezaron a oír en la lejanía disparos de
artillería cada vez mas cercanos lo que mantuvo a todo el pueblo en vela, y
se podía escuchar bastante trajín por las calles, señal de que había algo
extraño.
Muy de madrugada llamaron al portón de la casa rectoral y D.
Agustín asomó por el balcón de la sala y preguntó ¿Que ocurre?
-Soy yo señor cura, Maruja la mujer del concejal Pedro, -Ahora bajo
dijo el cura- pero fue Sinfo que ya se había levantado la que abrió la
puerta, y casi es atropellada por Maruja que entró seguida de su marido y
de su hija Aurora que tenía unos quince años.
-¡Ay D. Agustín que nos quieren matar!, que los hijos de Joaquín y
Josefa han dicho que cuando entren los suyos acabarán con toda nuestra
familia, que le acusan a Pedro de que era uno de los que mataron a su padre
y a Isidro y no es verdad que esa noche Pedro estuvo en casa toda la noche,
desde que llegamos de la era de limpiar la trilla, cenamos y se acostó que
estaba muy cansado.
-Bueno, bueno, sosiégate que todavía no ha pasado nada, entremos
que las madrugadas ahora son frías, -dijo el cura mientras caminaban hacia
el interior de la casa, entraron en el zaguán y sentados alrededor de la mesa
habló Pedro: Ya sabe usted D. Agustín que yo no soy hombre de iglesia y
que bautizamos a Aurora como todo el mundo, Y que cuando las elecciones
Nicasio que parecía que sabía más, nos convenció a los amigos para
presentarnos a concejales y nada más, lo organizaba y mandaba todo él que
para eso salió alcalde, y también sabe usted que los que había de otros
partidos no valen para nada, y que en estos años el pueblo ha mejorado
mucho; que se han hecho muchas mejoras, pero la cosa se empezó a torcercuando Nicasio traía unas órdenes de las oficinas del partido en la capital,
que eran verdaderas burradas y aquí casi no se cumplían, sobre todo cuando
le mandaron, que cuando estuviera en la misa quemar la iglesia y para que
no saliera cerrar la puerta y a eso nos negamos y bien que nos lo pasaban
por los morros en las reuniones del partido y cuando las muertes de la
curva yo ni siquiera me enteré que iba a pasar eso, y creo que Nicasio
tampoco sabía nada porque hubiera dicho algo, seguro; la cosa llegó de
fuera, creo que de la capital que el ferroviario tenía algún mal querer por
allí entre la gente de los trenes. El caso es que ahora no pueden cargarme a
mí con esas muertes, es que no sé ni quien pudo dar los nombres siquiera.
-Ayer llegaron noticias del partido que los nacionales habían tomado
la capital y que llegarían pronto y que había que quemar todos los papeles
de la casa del pueblo y del ayuntamiento y que lo quemáramos junto con
las casas de todos los de derechas que pudiéramos, y que a huir que era lo
que tocaba y esto D. Agustín es otra barbaridad.
Ya por la tarde en la reunión se acordó que no se hacía nada y que el
que quisiera podía huir, pero que si no habíamos hecho nada pues nada
teníamos que temer, quedamos en volver a reunirnos después de cenar y me
presenté yo solo, los otros dos y el alcalde creo que se han marchado.
-Bueno tranquilizate Pedro -dijo el cura- además aquí todavía no ha
pasado nada, así que como pronto amanecerá iré a ver a los chicos de
Joaquín que no creo que quieran matar a nadie, que son buena gente, y
estarían alterados por lo de su padre. Ahora quedaros aquí y que Sinfo
prepare un café caliente y tomaremos la “parva” y ya veremos como se
desarrollan los acontecimientos.
Hasta bien entrada la mañana no se veía a casi nadie por el pueblo,
solo salió el rebaño de las ovejas, con el pastor, como todos los días y
acompañado por Rodrigo Gómez un vecino que le tocaba por turno, ya que
como es temporada de nacimiento de los corderos y el rebaño es de vecera,
o sea común, es necesario que por turno y entre los propietarios de las
ovejas acompañen al pastor, generalmente un día por cada diez cabezas que
ponen en el rebaño.
Salió D. Agustín muy de mañana y pasó por la casa de Josefa, llamó
a la puerta y después de varias llamadas salió abriendo la puerta Javier, el
hijo mayor.
-Buenos días D. Agustín ¿en que podemos ayudarle?
-Quería hablar con vosotros, ¿está tu madre y tu hermano? -Preguntó
el cura-,Si, madre debe estar en la cocina preparando el desayuno, y mi
hermano se estaba levantando, pero pase hasta la cocina que ahora la aviso.-¿Quiere un café D. Agustín? -preguntó Josefa- No, que todavía no
he celebrado la misa, -respondió el cura al tiempo en que entraba en la
cocina Javier con su hermano.
-Usted dirá D. Agustín, -dijo Josefa-
-Bueno como sabéis el ejercito de los nacionales es cuestión de poco
que pasen por aquí, y son de ideas contrarias a las que tienen los partidos
de Nicasio y su gente. Esta noche ha llegado a la casa rectoral Pedro con su
mujer y su hija, están allí, que dicen que cuando lleguen los vuestros, según
parece has dicho tú Javier que vais a matar a toda su familia como
represalia por lo de tu padre, y vengo a ver si son ciertas esas habladurías,
que se pueden entender en aquel momento, pero acciones de esas nunca
están justificadas, y siempre traen malas consecuencias para todos.
-Además Pedro, me jura por lo más querido que él nunca se enteró de
nada, y que si se hubiera enterado de algo hubiese avisado, que con tu
padre nunca se llevó mal sino todo lo contrario que además eran quintos, y
parte de la mili la hicieron juntos; y por otra parte no es raro, porque
cuando les mandaron quemar la iglesia y matarme a mí ellos se negaron, y
por eso los de la capital no les tenían mucha confianza, y fijaros que ayer
les mandaron que si querían escapar, que antes quemaran vuestras casas, y
no les habían hecho ni caso.
-D. Agustín usted sabe que en caliente se dicen cosas que uno
después ni se acuerda y mucho menos ni se le ocurre el hacerlas, -comentó
Javier–Nosotros no vamos a hacer nada de eso, que puede andar bien
tranquilo, que no tenga miedo.
Aunque tampoco vamos a aplaudir cuando nos lo crucemos por la
calle, -comentó con cierta energía Josefa-.
Bien -dijo D. Agustín- y lo mejor es no hacer comentarios gratuitos,
que no corren buenos tiempos y esto no ha terminado, que las cosas pueden
acabar peor de como estaban cuando empezó toda esta barbaridad, que por
lo que se oye si los unos hicieron burradas como la de tu padre, los otros
están haciendo cosa parecida, los de la república lo llamaban “operaciones
de limpieza” y los del ejercito nacional le llaman “asentamiento de la
retaguardia” o algo así, pero a mí me parece lo mismo.
Se despidió el cura de la familia de Josefa y se acercó a su casa antes
de ir a la iglesia a celebrar la misa y para decirle a Pedro y su familia que se
fuesen tranquilos que no había tal amenaza.
Estaban terminando el desayuno que les había preparado Sinfo, y
Maruja se deshacía en agradecimientos por lo bien que se había
comportado, y por el desayuno que, con ese pan blanco tan rico, que se
parecía al que ponía la señora Magdalena cuando iban a trabajar a su casa;
salió Sinfo al quite y mirando a D. Agustín dijo: es que es de una harinaque traje de mi pueblo, y preparo yo la masa y me lo cuece Quica que tiene
muy buen horno, veremos cuando se acabe que hacemos, con los tiempos
de escased de todo que hay.
-Bueno lo dicho que ya se me está haciendo tarde para la misa así
que cada uno a su tarea, y ya se verá como se desarrollan los
acontecimientos -comentó D. Agustín- Saliendo a continuación hacia la
iglesia.5 –
LLEGAN LOS QUE VAN GANANDO
Después de que la noche anterior en el pueblo fue bastante agitada, la
mañana estaba siendo tranquila, pero con esa tranquilidad rara, como si se
estuviese esperando que estallara una tormenta, que en realidad estallo una
vez pasado el mediodía.
Empezaron a pasar varios tanques con las orugas que hacían un ruido
infernal y que daban cobertura a unos cuantos soldados de infantería con
bastante mala pinta,como de haber estado bastante tiempo sin cambiarse de
ropa, que iban caminando a pie detrás de cada tanque, después varios
camiones con piezas de artillería, y también varios camiones llenos de
soldados, pasaban como en oleadas, los soldados que marchaban detrás de
los tanques efectuaban disparos contra las casas, ventanas, sin mas orden
porque no tenían ninguna respuesta solo se oían algunos cristales rotos
señal de que ellos mismos disparaban contra las ventanas; así pasaron tres o
cuatro grupos, todos en dirección a la montaña.
-Pasado todo aquel despliegue se quedó el pueblo como en silencio
pero nadie se atrevía a salir, es que si lo que pretendían era asustar a las
gentes lo habían conseguido.
Casi una hora después del paso de aquel ejercito, llegó a la plaza un
coche civil y otro par de camiones militares con muchos soldados, que
vestían uniformes azules, pero estaban limpios y tenían otra actitud.
Se oyeron varios disparos, y al poco tiempo llegaron a la casa
rectoral guiados por Jesús, -un vecino que vive en la plaza- Varios soldados
y un capitán, llamaron al portón de la casa y salió D. Agustín que abrió la
puerta y preguntó ¿que deseáis? ¿quien sois?
-¡Somos los que les hemos liberado!, el ejército nacional, -contestó el
capitán con cierta energía- y queremos que reúna al pueblo en la iglesia que
tenemos que hablarles.
-Entonces los que han pasado por aquí hace como una hora ¿quienes
eran, sabe usted? -preguntó el cura-
-Eran nuestras líneas avanzadas, y nuestra fuerza de choque, contestó
con altivez el militar.
-Bien señor, no sé como, pero ¿me podría decir de que nos han
liberado? Preguntó D. Agustín.
-De la opresión del comunismo, de esos que han quemado las
iglesias y mataban a los curas, -comentó el oficial con una arrogancia que
no dejaba lugar a dudas-.
-Disculpe tanta pregunta oficial pero es que aquí la guerra no la
conocemos, solo una noche unos desconocidos se llevaron a dos hombresde aquí y los mataron en la carretera, en esa zona de curvas que hay al
entrar, lo demás, aquí no se ha matado a ningún cura ni se ha quemado la
iglesia; así que mandaré al sacristán que toque las campanas a “rebato” y
veremos cuantos vienen y si le son a usted bastantes, -dijo D. Agustín con
cierto aplomo.
-No se preocupe usted que las campanas las tocaremos nosotros, –
dijo el oficial- y dirigiéndose a un cabo le ordenó, ¡cabo!
-¡A la orden señor! Respondió.
-Mande dos soldados y que toquen mucho y fuerte las campanas, y el
resto del personal que vaya avisando por las casas, que vayan a la iglesia. Y
con este vecino que nos ha traído que os lleve a casa del alcalde y de los
concejales, y los lleváis a la iglesia, también llevar a las familias de los que
aquí mataron, -y mirando una lista que traía dijo-, la mujer de Joaquín y la
del ferroviario Isidro, y rápido que no tengo todo el día, que nos quedan
mas pueblos.
-¡Señor cura vayámonos para la iglesia que tenemos que hablar! -dijo
el oficial con tono de “ordeno y mando”.
Tomó las llaves D. Agustín y se dirigió con el militar a la iglesia,
donde alrededor de la mesa de la sacristía sentados los dos frente a frente
habló el militar:¿usted es D. Agustín no? Efectivamente yo soy -contestó el
cura-.
-Entonces conocerá a todo el pueblo ¿no? Preguntó el capitán
-Pues claro que si, que aunque no soy de aquí llevo muchos años de
párroco en este pueblo. -contestó D. Agustín-
-Entonces sabrá bien quien es de derechas y quien es de izquierdas
¿no?, quiero interrogar a los del ayuntamiento que según esta lista son un
tal Nicasio, otro llamado Pedro Ruiz, otro Manuel Sánchez y a Pilar “la
Musa”, a Pedro Ruiz y a Manuel Sánchez tengo orden de llevarlos a la
capital, y a Nicasio y a Pilar también pero estos me temo que no llegaran
porque intentaran escapar o sus secuaces los intentaran liberar.
Al oír esto a D. Agustín se le iban y venían los colores y después de
pensar un poco, contestó con cierto aplomo: mire usted oficial, de este
pueblo no se lleva a nadie a la capital, yo le llevaré a usted a sus casas y los
interroga lo que quiera, y que sepa usted que a esos que usted se quiere
llevar, les mandaron quemar la iglesia y darme el paseo a mí, y aunque
algunos no pisan la iglesia, todos se negaron a obedecer a sus partidos y a
hacer tal desatino, y fue entonces cuando unos de fuera que nadie conocía,
llegaron con un camión y se llevaron a dos, uno que había sido alcalde, y a
un ferroviario, que junto con otros de fuera, que enterramos aquí y que no
sabemos quienes son los fusilaron a todos en las curvas de la carretera. Así
que lo que no se puede tomar son represalias, que ni siquiera los familiares
de los asesinados están deseando, mañana iré a la capital a hablar con elnuevo gobernador que además es amigo de muchos años, y ya tendrá usted
noticias.
-¡Señor cura esto no puede ser! Hay que dar un escarmiento y
mantener el control, que si no se impone respeto las cosas irán mal.
Usted verá oficial, pero me tendrá que llevar a mí también, -dijo el
cura levantándose de la mesa y saliendo a la nave central de la iglesia
donde se iban reuniendo los vecinos mientras las campanas seguían
emitiendo el llamamiento, pero sin orden, ya que aquello no era un toque al
uso, con lo que los vecinos sabían que algo pasaba y que se requería su
presencia.
-Pasada una media hora ya estaban en la iglesia casi todos los
vecinos, salió el militar y desde la tarima del altar central dijo:
-¡Vecinos ya podéis contar con que habéis sido liberados de las
hordas marxistas por el ejército nacional! -empezó su disertación el oficial-
con un tono de arenga como si los pocos hombres, las mujeres y los niños
que allí había fuesen soldados en formación, los hombres estaban por las
tierras preparando sus parcelas para la siembra.
– Vecinos quiero hablar con el alcalde Nicasio y con los concejales
Pedro Ruiz, Manuel Sánchez y Pilar “la Musa”, ¿Están aquí? -preguntó el
militar-
Solo se levantó Pedro Ruiz que se identificó
-¿Es que no hay más? ¿Es que no están los demás? -Le preguntó el
militar-.
-No señor, a algunos hace días que no los veo.- contestó Pedro.
-Habrán huido como ratas, ya los pillaremos y sabrán lo que es
bueno, – comentó el capitán- mañana se presenta usted en el gobierno civil
de la capital.
-No te preocupes Pedro que te acompañaré yo, -dijo D. Agustín- cosa
que pareció contrariar mucho al oficial, que continuó hablando en voz alta,
¡Señores! Se declara en el pueblo el ¡estado de guerra!, y se necesitará un
salvoconducto para salir del término municipal, que será emitido por el
alcalde que voy a nombrar inmediatamente y dirigiéndose al cura -le
preguntó- ¿no hay ningún falangista en este pueblo? ¿no hay afectos al
ejercito nacional? Necesitamos uno que haga de alcalde y cumpla, y haga
cumplir las ordenes que lleguen de la capital.
D. Agustín que vió por donde venían las cosas pensó que era mejor
ayudar al exaltado capitán aunque fuese sin mucho entusiasmo y dijo-
falangistas aquí no hay nadie, ni que se dedique a la política, solo algunos
de los que formaban el antiguo ayuntamiento porque los demás fueron en
las listas casi obligados; listas de otros partidos no hubo, pero para el nuevoayuntamiento que usted quiere poner creo que lo hará bien Ramón
Fernández y Rodrigo Gómez, son buena gente.
Dejó pasar unos momentos el oficial, y como si ya hubiese traído los
nombres escritos miró unos papeles que llevaba en la mano y gritó
¡Silencio! He decidido que el nuevo alcalde sea Ramón Fernández y el
secretario será Rodrigo Gómez, ¿Están aquí? Solo se levantó Ramón que se
identificó y dijo que Rodrigo estaba en el monte que le toca ir de pastor
estos días.
-Bien ¡vete para el ayuntamiento que ahora voy yo! -ordenó el
oficial- y continuó en voz alta ¡Atención todos!
-Primero- Desde este momento y hasta nueva orden queda
establecido el toque de queda, desde las nueve de la noche hasta las seis de
la mañana; lo que significa que si alguien anda por la calle y se le detiene
tendrá que justificar mucho el motivo del incumplimiento de la orden.
-Segundo – Todos tienen la obligación de entregar en el
ayuntamiento todas y digo todas las armas de fuego que tengan donde se
les dará el recibo correspondiente.
-Tercero – Quedará en el pueblo un destacamento militar, formado
por un grupo de soldados de una bandera de Falange que se ocuparán de la
normalidad de las cosas, y vigilarán el cumplimiento de las normas que
serán expuestas en los tableros del ayuntamiento y en los lugares de
costumbre.
-Cuarto – El alcalde se ocupará de que entre los vecinos den
alojamiento y manutención al destacamento durante unos días hasta que se
estabilice la zona y desde la capital lleguen las ordenes oportunas.
-Quinto – El que incumpla de forma grave alguna de estas normas,
será pasado por las armas en el momento.
-Nada más, ya pueden marcharse a sus labores.6 – LA VIDA DEL PUEBLO LIBERADO.
Una vez que dejaron de transitar por el pueblo en una u otra
dirección vehículos militares, tanto con armamentos, como con soldados,
ambulancias, tanques con dirección a lo que llamaban el frente norte, la
vida en el pueblo, se tranquilizó y adquirió un tono casi normal; ya
empezaron a verse circular trenes , que llevaba una temporada que no
circulaba ninguno, era señal de que las tropas iban ganando pueblos y
habilitando la vía férrea.
La vida del pueblo solo interrumpida por el empeño de la llamada
“autoridad militar” que así se hacían llamar, de tratar de interrogar a las
familias, tanto del anterior alcalde como a las de los concejales Pedro Ruiz
y Pilar “la Musa”, que los llamaban al ayuntamiento y trataban de que les
dijeran donde estaban sus familiares huidos, a base de palizas y les hacían
ingerir aceite de ricino, y a las mujeres les cortaron el pelo al cero, los
interrogatorios duraban hasta que alguien avisaba a D. Agustín que se
acercaba al ayuntamiento y los sacaba de allí con la consiguiente bronca
entre el cabo-comandante y el cura, y así hasta otra ocasión que no tardaba
mucho en llegar, ya que como ni el alcalde Nicasio ni los dos concejales
que habían huido aparecían, los soldados interrogaban no solo a sus
mujeres e hijos sino que pasaban por el ayuntamiento hermanos, o primos
que tambien recibían la consiguiente paliza , corte de pelo y dosis de aceite
de ricino.
En la casa rectoral D. Andrés ya estaba prácticamente restablecido,
pero como la guerra no había terminado, acordó con el cura que lo mejor
era que siguieran las cosas así hasta ver como se desarrollaban los
acontecimientos, que aunque D. Agustín no tenia radio, solo había que
escuchar las celebraciones que hacían los militares del destacamento cada
vez que los del ejercito nacional “liberaban”alguna capital o algún pueblo
grande, que hasta anunciaban una misa de acción de gracias a la que
invitaban a todos los vecinos mediante el correspondiente anuncio en los
tablones de costumbre, que firmaba “ el cabo-comandante de la Autoridad
Militar de Retaguardia” así que minutos antes de la hora, salia el
destacamento del ayuntamiento en formación de desfile hasta la iglesia,
llevando por delante a todos los vecinos que sacaban de sus casas.
En realidad este destacamento era un refugio de hijos de “gente
importante” y que en realidad lo que pasaba es que no los mandaban al
frente porque eran eso “hijos de papá” que se decía. En el tiempo que
estuvieron allí que solo fue hasta que en la capital se asentaron los
gobiernos civil y militar, aquella pandilla dejaron mucho que desear en sucomportamiento pues solo había que ver las visitas que hacían a las
despensas y a las bodegas.
D. Agustín y el médico ya restablecido tenían bastantes ratos de
charla sobre los acontecimientos, ya que el cura no tenía radio y salvo
algún periódico que traía en los viajes a la capital y lo que comentaba con
los vecinos, era la forma de estar informados lo mas posible, para tener las
cosas claras en el momento de tomar la decisión de salir a la luz.
En su andar de casa en casa los militares del puesto, siempre en las
que sabían que tenían posibles, ya desde el principio entraban en la casa del
médico, que era como mucha gente se refería a él así, en vez de D. Andrés,
aunque les imponía un poco la señora Magdalena, pero el tener tanta mujer
siempre era un punto a favor.
Sobre D. Andrés nadie lo tenía claro, para unos ya estaba en
América, y para otros seguro que estaría enterrado en cualquier sitio por
algún pueblo que como no llevaba documentos le harían lo que hicieron allí
con los de la curva que estaban en el cementerio y no sabían quienes eran,
también se decía que podía estar escondido en su pueblo, ya que la que es
de allí es su mujer, la señora Magdalena, así que según pasaba el tiempo y
con tanto acontecimiento nadie se acordaba del médico para nada.
D. Agustín había hablado con la señora Magdalena y ella ya sabía
que su marido vivía pero no sabía ni donde ni quien lo tenía escondido, ella
no había dicho nunca nada a nadie y solo se podía sacar de ella, bien ante
las autoridades, o bien ante la pregunta de algún vecino o de sus hijas
mayores, que tenía nada menos que ocho, solo contestaba “no sé,vinieron
unos hombres y se fue con ellos en el coche y no lo he vuelto a ver”, casi
nadie la creía, pero como era una señora de “armas tomar” decían, pues no
había más conversación; infundía mucho respeto la señora, y siempre había
sido la encargada de todos los asuntos de la casa, de la cadena de
manufacturación del lino, del rebaño de ovejas y cabras, de la miel, o de lo
que era necesario para la obtención del vino, que aunque en la casa solo
bebía vino el D. Andrés, el resto se vendía, y era ella la que estaba
acostumbrada al control de todo eso desde antes de casarse ya que su padre
falleció cuando ella era joven y como era hija única no le quedó otro
remedio que afrontar todo lo que se le vino encima, se podía decir que
estaba curtida en el trato con cualquier clase de personas, ya que aunque su
marido la ayudaba no era mucho pues el ejercicio de la medicina le dejaba
poco tiempo libre.
-En aquella casa todos trabajaban nada más que su edad lo permitía,
había mucha disciplina allí, y nadie perdía ni siquiera un día de asistir a las
clases en la escuela unitaria del pueblo, pero después cada hermana tenía
sus tareas asignadas que cumplían sin más comentarios.D. Agustín había hablado con la señora Magdalena, y sin dar muchas
explicaciones le pidió colaboración para ayudar a algunas personas, pero
que esa ayuda convenía que fuese discreta, por lo que tanto la hogaza de
pan semanal y alguna cosa añadida se la daba directamente la señora a
Sinfo que siempre escogía la hora más discreta en que no había gente por la
calle, y con esa ayuda y alguna cosa más que iba llegando quedaba cubierto
el asunto de la manutención del médico.
Cuando las autoridades militares nacionales anunciaron la caída del
frente norte, en toda la zona se empezaron a notar los cambios, Ramón el
nuevo alcalde informa a D. Agustín de que los soldados azules se
marcharían pronto, y que según le han informado de que ya no serán
necesarios los salvoconductos mas que para salir de la provincia y que se
establecerá un cuartel en las afueras de la capital y que dependerá de allí
toda la comarca.
Una tarde unos días antes de que los que se llamaban la “autoridad
Militar” del pueblo, se armó un gran revuelo, porque prepararon un registro
general de todas las casas del pueblo en busca de fugados escondidos, pero
que en realidad fue que la medida se tomó por el cabo-comandante que
encabezaba la comitiva, que salió bien puesta de vino, del bar de la
señora Petra, y empezaron después de muchas dudas por la casa de la
señora Magdalena.
La primera expresión del jefe fue ¡ya tenia yo ganas de entrar en esta
casa con tantas faldas! Veamos señora ¿donde está su marido? No lo sé
hace meses que no sé nada de él, ni vivo ni muerto, ya pueden mirar la casa
y si lo encuentran me lo dicen, que yo voy a la calle con mis hijas, no tengo
nada que esconder, -les espetó la señora con una actitud como si de un
general arengando a la tropa se tratase-
No se esperaba el cabo una salida así y sin más dieron una vuelta por
diversos departamentos , cuadras y pajares y salieron a la replaza donde se
habían juntado varios vecinos; el cabo, preguntó a la señora, ¿esa
habitación que tiene en el portal que tiene rejas y llave en la puerta se la
voy a requisar para utilizarla como cárcel, así que saque lo que quiera y
mañana me lleva la llave al ayuntamiento. No quiso la señora un
enfrentamiento y le contestó: bien mañana puede venir a buscarla cuando
quiera y sin más entró a su casa con sus hijas pequeñas, y continuaron los
registros de más casas sin encontrar nada más.
Como aquello de los registros no estaba ordenado por nadie más que
por el cabo, cuando se le pasó la nube de vapores pensó que se le había
escapado de la mano el asunto y habló con el alcalde, para que la cosa no
trascendiera ya que temía que la señora Magdalena se quejase en la capital
y a él se le podía “caer el pelo”.-Mira chico,vamos a hablar con D. Agustín que tiene amistad con la
señora
-dijo el alcalde-. Los tres juntos acordaron que el cabo fuese a
recoger la llave, y se ofreciese para hacer cuanto pudiese para buscar o
saber de su marido, y después vais y revisáis la casa rectoral para que vean
que hacéis las cosas bien.
Al día siguiente hicieron algún registro más con el mismo resultado,
esperando que D. Agustín terminase la misa, y fueron a registrar la casa
rectoral, Sinfo que los vió llegar de aquella forma ni siquiera se fijó en que
el cura venía con ellos, golpeó varias veces la pared del cuarto donde
estaba escondido D. Andrés, ¡venga venga registren! Y tu alcalde enseñales
la casa que bien la conoces que yo voy a desayunar que ya es hora -dijo D.
Agustín-.
Revisaron todo y al no encontrar nada se disculparon y salieron.
-¡Ay Jesús, Jesús! Dios mío que susto he pasado, -dijo Sinfo- una vez
que se quedaros solos.-Mira Sinfo, lo mejor para que te crean es no hablar
para no mentir, y dar facilidades -dijo D. Agustín-.
Fue el cabo a recoger la llave de lo que llamó la “cárcel” pidió
disculpas a la señora y después de ofrecer su interés en el asunto del marido
cuando llegase a la capital que sería pronto y que la mantendría informada.
Ya pasado el mediodía fueron los militares a celebrar el resultado de
los registros que aunque no habían encontrado nada habían tenido el valor
de registrar la casa grande y también la casa rectoral y eso era toda una
evidencia de que las cosas se estaban haciendo bien, y que así informarían
a la superioridad como es debido.
Al salir del bar, todo eufóricos, tropezaron con un vecino, Alfredo
que venía de hacer labores en el campo, y uno de los soldados le mandó
que saludara con el brazo en alto, ¿Es que no ves que con el saco que cargo
y las herramientas no puedo? ¡Dejame en paz chaval! -contestó el vecino.
-¡A un soldado español no se le habla así! ¡Te vas a enterar! -gritó
el cabo-comandante- con la mano en el bolsillo tocando la llave de “su
cárcel”.
-¡Detenerlo y llevarlo a la casa grande que ahora tenemos cárcel.
Llevaron al señor Alfredo a la habitación de la casa grande y lo
dejaron encerrado sin ocuparse mas de el.
Llegada la noche, la familia del señor Alfredo y las hijas de
Magdalena consiguen pasar a través de las rejas de la ventana algo para
cenar y ropa de abrigo, que en la primavera en esa zona todavía hace frio
por las noches.
Por la mañana temprano llegaron al pueblo dos camiones del ejercito
con soldados de infantería y un coche con dos oficiales, un capitán y uncomandante del arma de artillería que venían a retirar las patrullas de cada
pueblo y a dar las normas a seguir a cada alcalde, también informaron al
cura que como ya les habían contado que registraron hasta la casa rectoral,
pidieron a D. Agustín que no lo tuviese muy en cuenta, que en los primeros
momentos alguna parte del ejercito se había atribuido operaciones de
limpieza y como eran tiempos de mucho patriotismo por parte de todos, y
algunos más de lo conveniente, y por favor si puede acompañarnos a hablar
con la señora Magdalena.
-Pierda cuidado comandante, que no ha ocurrido nada grave -dijo el
cura- Y yo les acompaño con gusto.
Fueron los oficiales acompañados del alcalde y del cura a casa de la
señora Magdalena, le devolvieron la llave de la habitación, y le
agradecieron su actitud no sin antes mandar a su casa al señor Alfredo, y
prometieron a la señora que se tomarían muy en serio el asunto de su
marido, ya que por la época en que desapareció y que tampoco era persona
políticamente significada era fácil que los rojos le hiciesen desaparecer en
algún sitio. Pensó Magdalena por primera vez que a su marido lo habían
matado, ya que le pareció que los oficiales sabían más de lo que decían;
reunió a las cuatro hijas mayores y les participó de que creía que su padre
no volvería más y que habria que irse acostumbrando a los trabajos y que
al no tener hombre en casa más de una vez se les pondrían las cosas
difíciles, pero que todas unidas lo afrontarían con éxito. Lo primero será ir
aleccionando a las pequeñas poco a poco pero que ¡ni un día deben dejar de
ir a la escuela! -comentó Magdalena con cierto énfasis, ya que ella como
no le sobraban los conocimientos le daba mucho valor a que sus hijas
pudiesen defenderse culturalmente.
Con la marcha de los soldados de azul la vida del pueblo se
tranquilizó bastante, ya que solo venían los militares de intendencia a por
víveres como algún cordero, o ternero, o sacos de legumbres secas o
patatas, que se llevaban como contribución a la guerra, que pagaban con
unos vales que pocas veces se traducían en dinero y que había que ir a
cobrar al gobierno militar de la capital.
Estas requisas casi siempre eran más abundantes en las familias que
se creían eran de izquierdas o tenían algún familiar en el ejército de la
república.
Terminada la guerra civil si que hubo varias detenciones y ajustes de
cuentas por la comarca pero en el pueblo como tampoco había gente
políticamente significada solo detuvieron a tres o cuatro que estaban
haciendo la mili cuando empezó la contienda, con lo que fueron
condenados por “auxilio a la rebelión” a varios años en diversas cárceles,
cosa que nunca entendieron ya que ellos nunca se rebelaron contra nadie,sino que estaban cumpliendo el servicio militar obligatorio pero “esto es lo
que hay” fue la respuesta del militar que lo defendió el el juicio.
Debido a los buenos oficios de D. Agustín y sus contactos en la
capital, en el pueblo no condenaron a la pena de muerte a nadie, y las
condenas se fueron rebajando hasta que en cuatro o cinco años todos
estaban en casa, excepto uno que tenía un proceso más complicado con la
muerte de un oficial y que D. Agustín consiguió de la familia del oficial
caído diera su perdón expreso ya que el tema fue una acción de guerra
aunque en este proceso se tardaron dos o tres años más.
La casa de Magdalena con sus ocho chicas todas solteras, y ya las
mayores estaban como se decía en “edad de merecer” y además de que de
su padre no se sabía nada; era una casa que tanto para los mozos del
pueblo, como los de los alrededores o para los militares que venían a hacer
las requisas, para mantener el ejército, era una casa muy “mirada” y bajo la
firme mano de su dueña las cosas iban marchando.
A los pocos meses cuando ya entre D. Agustín y el médico pensaban
que pronto habrían de ver como lo sacaban a la luz; un día el cartero llegó
con una notificación del ministerio del ejército que notificaba a Da
Magdalena que teniendo en cuenta que el médico del pueblo D. Andrés
López (a la sazón su marido) había sido asesinado por las hordas marxistas
y a las atenciones con el ejercito nacional que durante la contienda había
tenido su familia se le concede la medalla al merito civil con distintivo
azul, y el trato y pensión de viuda a partir del 1 de Mayo de 1.940.
Fue Magdalena a preguntar al alcalde que tampoco sabía nada, y
después de pasados unos días D. Agustín aclaró en la capital , que aunque
no había aparecido el cadáver del médico, si que en los registros efectuados
en el ayuntamiento y en el local de los sindicatos anarquistas se encontró
algún papel en el que estaban apuntados los nombres de los seis que
habrían de ser detenidos y fusilados cuando llegase el comando de otra
provincia, y el último de la lista era D. Andrés y estaba recuadrado, y se
supuso que lo habrían fusilado en otro lugar.
Aclarado el asunto de la pensión y la medalla de la señora
Magdalena y que también se les concedió pensión de viuda a Josefa la
viuda de Joaquín y a Quica la viuda del ferroviario Isidro, también se
conocieron los nombres de los tres que habían sido enterrados juntos, que
eran un veterinario y dos maestros; eran del mismo pueblo la maestra y el
veterinario, y de otro pueblo también de la montaña el maestro, así que
pasaron aviso por si los familiares deseaban identificarlos y llevarlos.D. Agustín trató el tema con D. Andrés en el refugio y decidieron ir
dejando pasar algo de tiempo por ver si el nuevo régimen se consolidaba ya
que estaba toda Europa en guerra por lo que acordaron seguir sin decir
nada a nadie, ni siquiera a Magdalena, pues según pasaban los meses
estaban apareciendo personas que por un motivo u otro habían estado
escondidos, durante toda la guerra; “topos” como les llamaban, y que se
presentaban a las autoridades quedaban detenidos y en unos días daban las
explicaciones pertinentes y ya estaban en las casas otra vez.
Con respecto a D. Andrés las cosas continuaban igual , cada vez se
enfriaba más el asunto, las gentes se dedicaban cada uno a sus labores y
nadie refería nada sobre el medico desaparecido. Pero la monotonía de
todos los días iba haciendo mella en la moral y también en la salud del
médico, es que el frio del invierno en aquel refugio sin otra cosa para
calentarse que unas mantas, que no habían impedido que
el médico
contrajese un fuerte catarro, que si bien no era grave en aquellas
condiciones el que alguien pudiese oír a alguien toser, si era un peligro,
para que estos efectos fuesen más llevaderos y sobre todo silenciosos D.
Andrés le pidió al cura que le trajese media cebolla que colocó encima de
la caja que hacia las veces de mesilla de noche y que todos los días le
cortaba una rodaja para que el corte siempre estuviese fresco y pudiese
desprender el característico efluvio que aliviaba la tos del médico, y que la
iba reponiendo cada vez que se acababa.
Pasaba el tiempo y la salud de D. Andrés no se restablecía del todo
ya que le fueron apareciendo unos síntomas que no le gustaban nada, y que
la daban pie para sospechar que estaba siendo atacado por el asma pues
había veces que le costaba respirar.
Las tres hijas mayores de Magdalena se fueron casando dos con
hombres del pueblo y otra con otro de un pueblo cercano, la primera,
Marina se casó con Luis su novio de antes, que pasó unos meses en la
cárcel ya que el comienzo de la contienda le pilló cumpliendo el servicio
militar obligatorio embarcado en un buque de guerra que fue hundido por
las baterías de costa de Gijón, teniendo que ganar la costa a nado, y de lo
que le quedaron algunas lesiónes permanentes.
La segunda, Covadonga, se casó también con su novio de antes
Tomás, que aunque al comienzo de la guerra estaba cumpliendo el servicio
militar obligatorio estaba destinado en una de las capitales de Galicia y allí
triunfó el levantamiento desde los primeros momentos, por lo que cuando
fue desmovilizado se fue a su casa en un pueblo cercano a continuar con su
vida, y se casó lo más pronto posible.
La tercera hija, Asunción, también se casó con Carlos, el novio con
el que tonteaba antes y que como era algo mas joven fue movilizado por elejercito nacional ya casi al final de la contienda, en la llamada “quinta del
chupete” por que tenían diez y ocho años recién cumplidos así que una vez
fue licenciado continuó su relación con Asunción y pronto se casaron.
Según se fueron casando sus hijas, Magdalena les fue cediendo la
casa y algunas parcelas de tierra, para que pudieran vivir independientes.
En el destacamento del ejercito que se ocupaba de la intendencia
militar en la zona que cuando era ordenado recorría los pueblos a efectuar
las consabidas compras-requisas que se seguían haciendo, aunque al precio
estipulado y que, se cobraban,tarde mal o nunca como se decía.
Uno de los sub-oficiales de intendencia al hacer las requisas, se había
fijado en que en la casa de la señora Magdalena de entre las hijas había una
que cada vez que se miraban, sentía un “no se qué” como si una corriente
eléctrica le recorriera la espalda, se miraban pero no se decían nada, pero
cada vez que había que salir a ese pueblo siempre era el mismo sub-oficial
el que mandaba a los soldados.
Ya ocurría que llegaban a la casa de la señora Magdalena y muchas
veces no le requisaban nada lo que alarmó a la señora que pensó, este
quiere algo, y lo observaba cada vez que hablaba con él, así que supo que
era de otra provincia y eso la retuvo un poco.
El mes antes del verano llegó un amigo de la familia que vivía en la
localidad asturiana de Gijón, Florencio que se dedicaba a los negocios de
compra y venta de todo lo que creía que podía sacarle algo de dinero y en
aquellos años se le llamaba “estraperlo” y traía el encargo del cónsul de
Cuba que para cuidar a sus hijos, mirase de ver si podía desplazarse a
Gijón alguna de las hijas de Magdalena como el año anterior, pero Marina
que era la que había estado se había casado este invierno y así que no podía
ser.
Durante la comida con Florencio, que siempre que venía traía cosas
que llegaban al puerto a bordo de los mercantes y las cambiaba por
productos como embutidos y legumbres, es que las cosas con el nuevo
régimen estaban racionadas, pero que funcionaba bastante lo que se
llamaba el mercado negro, o estraperlo. Magdalena en un momento lo vio
claro y dijo -Florencio cuéntale a D. Gabriel como a Andrés se le ha dado
por muerto, y que este año le cederé a Matilde que ya ha cumplido 20 años
para que pase el verano con ellos al cuidado de sus hijos.
Se dirigió a Matilde y le dijo- Mat. Prepara tu ropa de diario y de
domingos que irás en el tren con Florencio a Gijón, y durante este verano
cuidarás de los dos hijos del cónsul D. Gabriel que ya sabes que era amigo
de tu padre.
Sin más comentarios Matilde prepara sus cosas y junto con
Florencio y un par de maletas que contenían todo lo que había podidocambiar por los platos y tazas de porcelana que había traído salieron en
dirección a Gijón en el expreso nocturno que llegaba de Madrid.
Viajaba Florencio con un salvoconducto avalado por el consulado
cubano en Asturias, que le daba cierta libertad de movimiento, ante la
guardia civil y los funcionarios de “Consumos” que en los fielatos a la
entrada de las ciudades y en las estaciones de tren y autobuses controlaban
el movimiento de mercancías.
En el pueblo a la señora Magdalena se le tenía mucho respeto, por la
trayectoria de su vida, por el trato que daba a las gentes que en diversas
épocas trabajaban en la casa, exigía pero pagaba bien, también por como
llevaba la ausencia de su marido, por las amistades que tenía pues antes de
la guerra pasaba por aquella casa gente muy importante, lo que hacía
suponer que alternaba en buenas esferas y aunque mantenía las distancias
no se le veía nunca el más mínimo rasgo de altivez.
Las tareas del interior de la casa habían disminuido con la salida de
las tres primeras hermanas que se habían casado, pero todo lo referente a
las vacas y las ovejas seguían siendo las mismas ya que mantenían un
rebaño bastante grande lo que implicaba que todos los días una de las
hermanas tenía que hacer de pastora.
Todo esto mas que el precio del lino ya casi no era rentable para el
trabajo que llevaba su manufacturación decide Magdalena dejar de producir
el hilo, lo que alivió las tareas, también se notó en que para las tareas mas
duras como la siega y recogida en los pajares de la hierba para los animales
en el invierno, los nuevos hombres que habían entrado en la familia
colaboraban, si bien es verdad que no se excedían demasiado en su ayuda.7 – VA LLEGANDO LA TRANQUILIDAD
Todo lo que iba aconteciendo era observado por D. Agustín y
analizado con D. Andrés en las conversaciones que tenían en su refugio, y
no veían claro el momento ni la forma de resucitar al médico, ya que si
bien la iglesia había adquirido mucho predicamento entre los que ejercían
el mando y la administración del país, también había un cambio de puestos,
como obispo nuevo, varios presidentes de la Diputación y alcaldes tanto de
la capital como de los pueblos de la comarca, y es que una vez ganada la
guerra, había que repartir entre los afectos al nuevo régimen el botín de
cargos y prebendas.
Aunque se van asentando las cosas, las nuevas autoridades
nacionales tanto políticas como sociales, necesitaban en gran parte de los
casos, retirar las personas que para esos cargos habían sido puestas en plena
guerra, según se iban controlando zonas, ya que en muchos casos habían
efectuado, protagonizado o permitido hechos que nada decían en favor del
nuevo régimen; aunque la permisividad hacia los salientes era evidente ya
que lo que se necesitaba era abrir un paréntesis entre unas y otras
autoridades, para que se pudiesen justificar las cosas con un “aquello
fueron hechos de guerra” que se producían en un asentamiento de la
retaguardia y había que diferenciarlos con las operaciones de “limpieza y
justicia” que era lo que los ganadores de la contienda decían administrar.
También se encontraron en estos análisis de la situación que D.
Agustín y el médico hacían, con una gran dificultad añadida y no prevista,
y es que si bien a D. Andrés se le tenía por una persona de derechas pero
sin afiliar a ningún partido, y además también se llevaba bien con los
declarados de izquierdas, le colocaba en una situación que si bien no era
enemigo, tampoco creían que entre las nuevas autoridades fuese a ser
alguien a defender.
Además pesaba mucho en sus valoraciones un inconveniente que
para ellos tendría el que Magdalena cobrase pensión de viuda y se le
concediese una medalla como distinción, todo esto junto con el trato que
según se iba conociendo daban a algunos que habían estado escondidos o
en el extranjero durante la contienda, hacía que fuesen pasando los meses y
D. Andrés siguiera en el refugio de la casa rectoral.
Pasado el verano vuelve Matilde de Gijón y parece otra, y es que el
conocer nuevos lugares y gentes, y ver el mar, le cambia a uno mucho,
decía ella cuando le preguntaban como le había ido el verano por Asturias.
Como las autoridades seguían manteniendo la compras que decía el
ejército, o requisas que en realidad eran parte de ellas, ya que pagaban conunos vales que aunque no todos, ya se iban cobrando en el gobierno militar
de la capital, el destacamento que hacía las compras, seguía pasando por el
pueblo y el suboficial Miguel seguía interesado por la cuarta hija de
Magdalena, cosa que a Matilde no le desagradaba, y le hacía cierto caso,
con mucha precaución, porque como no era de por allí ofrecía ciertas
reticencias. Aunque no fuese necesario y siempre que andaba por la zona,
Miguel se pasaba por el pueblo por ver si podía ver a Matilde y como
pronto se reabrió el antiguo salón de baile en el bar de la señora Petra, que
con un viejo pikú y algunos discos, se formaba un baile que se celebraba
los domingos por la tarde-noche, así que Miguel pasó a ser uno de los
muchos mozos que junto con los del pueblo y pueblos cercanos asistían
asiduamente al baile ya que de entre las bastantes mozas en edad de
“merecer” que se decía, estaban ya tres de las hijas de Magdalena.
Un día Miguel le planteó a Matilde que si aceptaba podían empezar
una relación con fines serios; después de un par de semanas, le contestó
afirmativamente con lo que comenzaron un noviazgo al uso.
Al mismo tiempo otra de las hijas de Magdalena también empieza
una relación con Seve, un chico de un pueblo cercano, con lo que ya eran
cuatro para el paseo de la tarde y el baile de los domingos.8 – MERCEDES
Con respecto a la edad de las hijas que le quedaban solteras, entre
Matilde y Lucía estaba Mercedes, que no parecía tener las mismas
perspectivas ni preferencias para el futuro que las demás hermanas, era más
callada, le gustaba más la iglesia, cosa que a D. Agustín le agradaba y
promovía lo que podía entre la juventud del pueblo. El cometido de
Mercedes en la casa era prácticamente el pastoreo del rebaño de ovejas y
siempre se las arreglaba para que los domingos por la mañana, alguna
hermana le cuidase el ganado para poder asistir a la misa. Por todo esto las
hermanas le “tomaban el pelo” y siempre contestaba que: “yo ni caso que la
misa y el hurmiento son cosas de poco alimento” sabido era que el
hurmiento es una porción se masa de pan que se guarda al hacer una
amasada, y que sirve para que al hacer otra amasada la semana siguiente
utilizarla mezclada con la harina a modo de levadura.
En las habituales charlas que mantenían en el refugio D. Agustín con
el médico, donde trataban de todos los asuntos un día el cura le planteó con
las debidas precauciones por su parte y dijo:
– Andrés yo creo que para tu hija Mercedes, teniendo en cuenta lo
que voy observando es que lo mejor pudiera ser que se vaya preparando
para ingresar en algún colegio de alguna orden religiosa donde pudiera
prepararse para hacer un noviciado.
-¡Coño cura! Tu siempre barriendo para casa contestó con cierto
ímpetu D. Andrés, para seguir ya en tono mas real, pues me parece que se
lo debes proponer a ella y a Magdalena, que yo ya llevo mucho tiempo sin
verla ni hablar con ella.
Con cierto tiento fue D. Agustín hablando con Mercedes y poco a
poco le fue planteando las posibilidades, comprobando que esos temas no
caían en la indiferencia a Mercedes, que enseguida manifestó que le
agradaba mucho el prepararse para hacer un noviciado en alguna orden
religiosa.
Después de leer varios libros que D. Agustín le proporcionaba un día
le dijo:
-D. Agustín yo creo que si usted me ayuda un poco me gustaría llegar a ser
monja.
El rostro del cura se iluminó con una sonrisa y dijo -Gracias a Dios,
no sabes lo contento que me pones. A la sazón El cura ya había tanteado
el tema en la capital y vio que la orden que mejor le encajaba era la orden
franciscana que por otra parte era en la que iba a ingresar otra chica de otra
familia del pueblo.Todo esto a la par también se lo comentaba a Magdalena, que en
principio no le agradaba mucho el tema pero le dijo:
– D. Agustín si esa es la voluntad de la chica, que sea, que ya nos las
arreglaremos en casa sin ella, pero D. Agustín efectúe las gestiones
necesarias para que Mercedes no sea monja lega, sino que sea monja de
dote, y entérese bien de todo y de a cuanto ascendería la dote.
Con todo este escenario que se formaba en la casa entre las hijas que
tenían novio, las que se habían casado, Mercedes que quería ser monja, las
faenas de la casa y ella viuda, que aunque se sentía muy apoyada por D.
Agustín y por varios amigos de su marido que aún conservaba, a
Magdalena no le llegaban las horas del día, pero siempre que hablaba con
el cura tenía la sensación de que sabía más de lo que decía, hasta que un
día le pasó aviso de que cuando pudiera pasase por casa para ver unos
asuntos; ya por la tarde llegó D. Agustín y en el despacho que fuera de su
marido se lo planteó así a su estilo, de cara y le dijo:
-Bueno D. Agustín hace tiempo que me da la impresión de que usted
sabe algo más sobre mi marido, así que llegó el momento de aclarar las
cosas, las que sean.
Acusó el cura la pregunta directa y no encontró más que una
contestación dilatoria y dijo:
-Bueno Magdalena siempre hay cosas, pero ahora tengo algo de
prisa, que tengo que preparar un viaje a la capital mañana, así que pronto
buscaré un día para que sin prisa podamos hablar de varias cosas y veré si
también te puedo aclarar bien el asunto y condiciones de la dote de
Mercedes, y también hablaremos de las otras chicas que ya van pasando los
meses y me imagino que pensarán algo con sus novios, que a tí Magdalena
te va a afectar, que ya sabes eso de que el casado casa quiere, y tendrás que
pensar como les vas ayudando, y como te queda la casa que ya vais siendo
menos para poder con tanto jaleo como tenéis.
Vale quedamos así -dijo Magdalena, pero que no se demore mucho
el hablar de todas estas cosas.9 – PLAN DE REAPARICIÓN DE D. ANDRÉS
Salió el cura todo preocupado por la conversación de Magdalena y
para si mismo pensó: esto está durando ya demasiado; esta mujer no es
cualquier cosa, hay que ver como se está defendiendo todos estos años,
parece que hubiese estado viuda toda la vida.
Eran en el país tiempos duros, de mucha escased de todo, las nuevas
autoridades seguían aplicando en los innumerables juicios, penas capitales
a unos y penas de muchos años de prisión a otros, simplemente porque su
zona no hubiese estado entre las que primero se alzaron contra el gobierno
existente, o haber luchado en el bando perdedor de la contienda cuando
estaban cumpliendo el servicio militar obligatorio, con lo que el horizonte
para muchas familias se presentaba bastante complicado, y aún así las
cosas se estaban asentando muy despacio, se fue desmovilizando poco a
poco el ejército, y muchos hombres jóvenes llegaron al mundo del trabajo
civil, aunque en casa de Magdalena al no tener hijos varones, no le afectaba
la medida, allá de que siempre tenía más posibilidades de encontrar ayuda
para las faenas puntuales de la casa.
A la vez también fueron saliendo a la luz muchos de los que de una
forma o de otra habían estado escondidos o exiliados en el extranjero, o
simplemente huidos por los montes, regresaban unos con mejor fortuna que
otros, que casi dependía en la mayoría de los casos bien de los amigos o de
los avales que el aparecido pudiese aportar como motivo de su decisión de
permanecer ocultos tanto tiempo.
En varias charlas entre D. Agustín y el médico en el refugio fueron
perfilando el plan de reaparición de D. Andrés y de como se lo iban a decir
a Magdalena que estaba claro que no se podía demorar más el que
Magdalena estuviese informada de la situación.
Por otra parte era necesario saber como en su momento se informaría
a sus amigos en la capital, por aquello de los avales que sin duda se
necesitarían para que el asunto de la reaparición fuese favorable a la
normalización de la situación de la familia.
Pasados unos días ya D. Agustín mandó recado a Magdalena de que
al día siguiente por la tarde pasaría por la casa grande para ver los asuntos
pendientes.
Llega D. Agustín a la casa grande y en el lugar habitual, después de
tomar un buen chocolate con unas pastas, se sentaron frente a frente, y
pensó el cura: la verdad es que esta señora impone mucho, y dijo:-Bueno Magdalena sobre la dote de Mercedes son unas cinco mil
pesetas, haría un tiempo de noviciado, en un colegio en Galicia y después
de los votos temporales pasaría a ejercer labores dentro de la congregación,
en el lugar que fuese necesario aquí en España, hasta que hiciese los votos
perpetuos que implicaba que desde entonces salia definitivamente de la
familia pasando a depender a todos los efectos de la congregación religiosa.
Bien, dijo D. Agustín, después de unos segundos de silencio -Con
respecto a ti Magdalena, te diré así de golpe, que no eres viuda.
-¡ Ya me lo imaginaba yo! -Dijo Magdalena-, dando un palmetazo en la
mesa y levantándose de la silla; ¿está bien? ¿donde está?.
Tranquilizate Magdalena – -dijo el cura-.
Ya me había imaginado yo más de una vez, que le veía yo a usted
diciéndome cosas como si fueran consejos, pero no le encajaban mucho a
usted, más bien parecía que los estuviese diciendo mi marido, -dijo
Magdalena ya mucho más tranquila-.
Tu marido está escondido, en una habitación que yo he construido
en el pajar trasero de la casa rectoral, -dijo D. Agustín-.
Se hizo un silencio sepulcral en el despacho, el cura no se atrevía ni a
levantar la mirada, y Magdalena con los codos sobre la mesa y sujetándose
la cabeza con las manos pensaba; después de unos minutos rompió el
silencio la señora de una forma que el cura se quedó petrificado, ya que
como si de otro tema se tratase, levantó la cabeza y con la mayor
tranquilidad dijo:
-Bueno D. Agustín, muchas gracias por todo, nunca se lo podremos
agradecer bastante, ¿Puede usted pasado mañana domingo después de
comer venir por aquí?
Y seguiremos hablando de este asunto, y por favor procure entrar por
la puerta de la huerta que esta menos a la vista, y muchas gracias por todo,
y dígale a mi marido que no se preocupe, y usted prepare para que después
de la recogida del ganado de mañana sábado pasaré por su casa de la
manera más discreta posible, -dijo Magdalena-.
Lo que usted mande Magdalena, fue lo único que el cura acertó a
decir antes de marchar.
Marchaba D. Agustín hacia su casa pensando en la actitud de
Magdalena, es como si fuera un general militar, y eso que estaba yo
acobardado, y muy preocupado por como se lo podía tomar, tan
ensimismado caminaba, que se cruzó con Da Covadonga la maestra del
pueblo y ni se dió cuenta hasta que oyó: D. Agustín que va usted como un
orate, no ve a nadie, ¿tiene usted algún problema?. Sorprendido el cura
contestó: – Buenas tardes Covadonga, venía distraído, pero no pasa nada,-
contestó D. Agustín. – ¡Ah! Aprovechando la ocasión, tenemos que hablar
sobre como se les podría hablar a tus alumnos, los sábados por la mañana opor la tarde, cuando tu veas mejor, sobre el evangelio del domingo
siguiente y que hiciesen algún trabajo sobre el tema, es que ha llegado una
nota del obispado que aconseja hacer una charla sobre ello.
Vale señor cura cuando quiera, ya sabe que siempre es bienvenido
por la escuela.
-dijo la maestra-.
Se despide D. Agustín de la maestra pidiéndole otra vez disculpas
por el despiste y al llegar a casa le dijo a Sinfo:
Sinfo, después de cenar pones el cerrojo en la puerta del corral y
vigilas, que tengo que hablar con D. Andrés.
Como usted mande D. Agustín, me sentaré al lado de la cortina con
la luz apagada como siempre -dijo Sinfo.
Llegada la noche D. Agustín lleva la cena al médico, y mientras daba
cuenta de las viandas, el cura comenzó a hablar: -Andrés esto está tocando
a su fin, he estado hablando con Magdalena y vengo acongojado de la
situación, ¡que mujer Andrés! Cuando le dije que no era viuda, en unos
momentos se recuperó y me dijo que se imaginaba que yo sabía algo mas
que lo que decía, y que muchas veces lo que decía parecía que lo decías tu,
¡vaya carácter! En unos minutos tomó las riendas de la situación, yo
pensaba, que daría saltos de alegría, de nervios o cosa así; pero me ordenó
que te dijera que no te preocupes, que mañana por la noche viene, y que yo
vaya a vuestra casa el domingo después de comer; pero así de corrida como
si lo tuviera todo pensado; mucha Magdalena es esa Andrés.
-Mira cura -dijo D. Andrés: ella lo tendrá todo pensado porque desde
muy joven ha tenido que tomar muchas decisiones y está muy
acostumbrada al trabajo de la casa; pero para llevar un asunto como este no
sé, creo que necesitará más ayuda, que ya ves la situación, al que no tiene
avales, le forman un juicio y ya sabes la sentencia, vas a la pared, o treinta
años; deberías contactar con los amigos del obispado, y sin precisar nada
tratar de ver que opiniones tienen sobre casos así, y como piensa el nuevo
obispo que no se por que lo han mandado aquí, con lo adicto a las nuevas
autoridades que creo que es, es fácil que algo tenga que ver el asunto ese
del poeta cabrero, que parece ser que trae algo de cola; también mira si
puedes contactar con González Suances, y sin decirle nada claro comentas
algún caso parecido, para ver como piensa sobre estos temas, que aunque
no debe ser muy adicto, como fue alcalde con la república y después con
estos, y hasta ha sido presidente de la Diputación, y además es colega, que
más de un favor le hice ya de estudiantes, y después nos llevábamos bien, y
no sería un mal aval, creo yo.
Bueno Andrés todo se andará, ahora a descansar que mañana será un
día duro, vamos a retirarnos, -dijo D. Agustín.10 – EL ENCUENTRO
Como un reloj a la hora convenida, apareció en la casa rectoral
Magdalena envuelta en un chal de lana negra con flecos, entró saludó a
Sinfo, que puso el cerrojo en la puerta, subieron a la sala y Sinfo se situó en
el habitual puesto de vigilancia detrás de la cortina del balcón.
Cuando Magdalena se acercó al pasillo que daba al cuarto trastero, se
tropezó con D. Agustín que salía de él, y ninguno fue capaz de articular
palabra alguna, solo el cura le hizo una señal con la cabeza como diciendo
¡ahí está!.
Entró en el cuarto y se quedó quieta unos instantes, mientras sus ojos
se acostumbraban a la semioscuridad de la estancia, y viendo como podía
pasar por entre los montones de patatas, nueces y trastos, para llegar a una
pequeña mesa con un par de sillas que había al final del cuarto, en el que la
iluminación además de ser intencionadamente escasa, tampoco se podía
mejorar mucho ya que de la corriente eléctrica en el pueblo solo se disponía
por la noche cuando se ponía en funcionamiento una pequeña central
eléctrica hidráulica instalada al lado del rio en un pueblo cercano y que
alimentaba de corriente eléctrica a cuatro pedanías del ayuntamiento.
En la penumbra de aquel cuarto pudo Magdalena distinguir la figura
de su marido, de pie al lado de la mesa, y caminó hacia el a través de los
montones de fruta y trastos que cumplían el cometido de entorpecimiento
del paso para en caso de una visita o inspección de registro afianzar la
impresión de que aquello era un cuarto abandonado.
¡Cuidado Magdalena! Acertó a decir D. Andrés y se fundieron en un fuerte
y prolongado abrazo, y sin poder articular palabra durante bastantes
minutos y dejando fluir las lágrimas, poco a poco se fueron tranquilizando
para sentarse en las sillas al lado de la mesa.
Fue Magdalena la que consiguió articular las primeras palabras para
decir: -¿Estás enterado de lo que pasa en el país, en esta zona y en nuestra
casa? Sí Magdalena, sí, -contestó despacio D. Andrés-. Claro que estoy
informado por los D. Agustín y por los periódicos que me trae cuando va a
la capital, y como si hubiesen estado sincronizados, se levantaron y se
fundieron en otro largo y silencioso abrazo.
Ya un poco más tranquilos sentados a la mesa comentaron
someramente lo pasado desde que D. Andrés fue sacado de su casa, mas de
cinco años hacía ya, su fusilamiento, como había llegado hasta aquí, las
bodas de las chicas etc. etc. y casi sin darse cuenta habían pasado más de
dos horas, cuando Magdalena dijo – Andrés que D. Agustín está vigilando
y ya hemos abusado mucho de él así que despidámonos que hay quepreparar los planes de como sales de aquí lo antes posible, y después de
otro interminable abrazo se fueron cada uno a su labor.
Salió Magdalena de la estancia y en la sala estaban esperando D.
Agustín y Sinfo que ya daban por sentado que aquella situación no podía
demorarse mucho más y debería terminar de una u otra forma ya que los
secretos se van diluyendo cuanto más personas los van sabiendo.
¿Que tal Magdalena estás más tranquila? -Dijo el cura.
Si ya me voy entonando, muchas gracias D. Agustín, que esto que
han hecho ustedes dos no tiene precio, seguro que tienen el cielo ganado, y
aquí no se lo podremos compensar nunca, se han jugado ustedes la vida por
mi marido, y rompió a llorar otra vez durante unos minutos, hasta que llegó
Sinfo con una taza de humeante tila mezclada con miel -tómate esto que te
sentará bien, -dijo Sinfo mientras D. Agustín se acercó al refugio a ver si D.
Andrés estaba bien o necesitaba algo.
-¿Como estás Andrés? ¿quieres algo? ¿estás más tranquilo? –
preguntó D. Agustín, ¡Uff que trago! -comentó D. Andrés- nunca creí que
esto podía pasar parece que haya estado cavando monte todo el día, estoy
derrotado por el cansancio.
¿Te traigo algo de comer? Ya se ha pasado la hora de la cena y no
has comido nada, comentó D. Agustín.
No, -dijo el médico, ahora no podría ni beber agua de la emoción, ya
me contarás mañana que habéis acordado con Magdalena.
Bien hasta mañana, -contestó el cura, que mañana es domingo y para
mí es un día de más trabajo, que con todo esto ni he preparado la homilía
para la misa, que tengas buena noche.
Entró el médico en su refugio y D. Agustín después de colocar la
cómoda en su sitio, ya que las precauciones nunca podrían dejar de
hacerlas, ya que muy mal les irían las cosas si llegan a descubrir al médico
allí escondido.
Volvió el cura a la sala donde se encontraban Magdalena ya más
tranquila ayudada por los cuidados de Sinfo, y sentados los tres a la mesa
empezaron a tratar de preparar lo necesario para que D. Andrés pudiera
salir a la luz.
Lo primero que se descarta es sacar a D. Andrés al extranjero, ya que
se estaba en plena segunda guerra mundial y eso sería correr demasiado
riesgo para una operación de esa importancia.
Informa el cura de lo que había tratado con D. Andrés, y de como
habrían hacerse las cosas para no correr riesgos.
Bien, -dijo Magdalena, pero mientras usted trata de informarse de
todo eso, yo he pensado que iré a la capital, al gobierno civil, a ver si a
través de unas amigas puedo hablar con el gobernador y plantearle quecomo a nosotros en casa, gracias a que somos muchos para hacer las tareas,
las cosas no nos van mal, y he pensado que como hay tanta gente
necesitada en todo el país, cada vez que me llega la pensión de viuda es
como si me diera cierto remordimiento; así que he pensado que si se puede
me gustaría renunciar a la pensión de viuda, y que sea repartida entre la
gente más necesitada, también tengo que hacer algunas visitas más, así que
mi marido tendrá que seguir en su refugio algún tiempo mas, y dentro de
unos días volveremos a hablar de esto en unos días, así que vamos a
descansar que mañana será otro día. ¡Ah! y de provisiones para comer
procuraré traer algo con la mayor discreción; y alguna vez y a horas
convenientes vendré a visitar a D. Andrés, que hay que andar con cuidado
de no levantar sospecha alguna, Buenas noches tengan ustedes.11 – ESTRATEGIA PARA UNA RESURRECCIÓN
Los siguientes días fueron de mucho trajín para todos, se terminaba
el tiempo primaveral y en todas las casas las gentes andaban con sus
preocupaciones y trabajos, con lo que las pocas visitas que Magdalena
hacía a la casa rectoral pasaban más desapercibidas, tanto que ni siquiera la
Señora Bernarda, la vecina que parecía que siempre se enteraba de todo, no
hacía ningún comentario ni al cura ni a la Señora Magdalena cuando se
encontraba con uno o con la otra.
D. Agustín fue informándose con sus contactos y amistades durante sus
viajes a la capital, comentando que pasaba con los hombres que, como las
cosas no estaban tan duras se decidían a salir de sus escondites,. En uno de
sus viajes se encontró en los pasillos del obispado a un amigo y compañero
de carrera, José Suárez, al que saludó con: ¡Hola Vicario! Enhorabuena por
tu nombramiento, se ve que D. Luis sabe rodearse de gente competente y
elige buenos colaboradores, -dijo D. Agustín-.
Gracias Agustín, -respondió el Vicario- se dieron un abrazo y le
comentó: pero no lo tengo yo tan claro, muchos problemas y necesidades
tengo cada día, ¡ah! a propósito ¿No te gustaría dejar ese pueblo de la
montaña y venir a la capital? Tengo la parroquia de S. Marcelo libre, no
harías mal papel tu allí, ¡para para! -terció D. Agustín- no José, tengo
muchas cosas sin terminar allí, y ahora sería mal momento cambiar, no te
digo que no, pero pasado un tiempo, esperemos que termine esta historia de
los maquis y que se tranquilicen un poco las cosas y hablaremos,-dijo D.
Agustín a la vez que sacaba su reloj de bolsillo que siempre traía sujeto con
una leontina herencia de su abuelo; bueno José seguiremos hablando de
esto, que tengo una cita con el doctor González Suances. ¿Te pasa algo ?
¿estas enfermo?- dijo el vicario. ¡Noo! – contestó D. Agustín – es que me
encargaron un recado para una mujer del pueblo.
Una pregunta José, ¿Como es D. Luis el obispo nuevo? Es que me
han llegado aires de que fue interesado el traslado por no sé que cosas, unos
dicen que con un poeta y otros que con un pastor de cabras y con las
autoridades civiles.
Habladurías, es un tema del que mejor no hablar en estos tiempos, ya
hablaremos otro día con más calma y si tu no quieres venir a la capital, ¿a
quien crees tu que se podría traer? -preguntó D. José – es que me urge pues
con esto de los juicios a los rojos y lo grande que es la parroquia, no puede
estar cubierta así a salto de mata.
Pues coloca a alguno que haya sido alférez provisional en la
contienda, que en la montaña tienes a un par de ellos que , entre tu y yo, no
estaría mal que los sacaran de allí, que con esto de los del monte hay que
tener algo más que mano derecha y no echar leña al fuego, que esa genteque está por el monte la mayoría no son mala gente, es que tienen miedo a
pasar por S. Marcos – comentó D. Agustín.
No lo había pensado pero seguro te haré caso, veremos si termina
todo esto de una vez que está haciendo mucho daño, – dijo el vicario –
estoy enviando a uno cada semana y me cuentan cada cosa que allí pasa,
que todos me piden si puede ser que no les mande allí …..pero no tengo
otro remedio.
Mira José, – dijo D. Agustín – por allí arriba las cosas están bastante
feas, cuando suben de batida los militares no encuentran a nadie, como si
estuviera el monte vacío, pero cuando suben los falangistas con la guardia
civil solo se oyen tiros, y siempre bajan alguno herido, cuando no algún
muerto de unos y otros, esto no parece acabar, veremos si pronto mejora.
Oye José otra cosa, ¿Como están las relaciones con el gobierno civil?
Es que verás, hace un par de noches bajaron un par de individuos de los del
monte, y me dejaron caer que posiblemente habría alguno que se quería
entregar ya que cuando empezó la guerra ellos estaban haciendo la mili y
no se pasaron porque en su zona alguno que se pasó con los nacionales no
los trataron como habían prometido y los fusilaron, y ahora tienen miedo de
que con tanto juicio sumarísimo creen que les podrían aplicar la ley de
fugas o cosa parecida que han visto que hacen con los que cogen en el
monte, – comentó con la reserva que el caso requería D. Agustín-.
Mala cosa es ahora, dicen que pronto vuelven a cambiar de
gobernador y algún cargo más, y se espera que las cosas mejoren, –
comentó D. José.
Bueno José que se me hace tarde, gracias por todo y estaremos en
contacto,- dijo D. Agustín – empezando a caminar hacia la calle.
Volvió el cura al pueblo algo contrariado ya que no veía muy
próximo que las cosas fuesen muy propicias para que D. Andrés saliese a la
luz, esperaba que otro día podría tratar el tema con algún otro amigo que
pudiese facilitarle la labor.
Por su parte Magdalena viajó varias veces a la capital con el objetivo
de que un dentista le fabricase una dentadura postiza que llevaba tiempo
necesitando, así que tanto viaje no le extrañaba a nadie ya que es de general
conocimiento que esas labores son de larga duración. Fue Magdalena
además de al dentista, efectuando varias visitas a los amigos de la familia,
que como se ha dicho eran muchos y algunos bastante influyentes. Todos
le hacían la misma pregunta, ya que al no aparecer nunca el cadáver de D.
Andrés no dejaba de flotar en el aire de las conversaciones privadas la
posibilidad de que estuviese en el extranjero y que la forma de que no lo
buscase nadie fue declarar pronto la viudedad de Magdalena, pero la
pregunta casi de tapadillo estaba en el ambiente, ¿Magdalena no sabéis
nada de nada? y siempre la misma contestación “ no nada de nada” cuando
unos preguntaban y cuando el tema surgía entre los más allegados, laconversación derivaba por otros caminos, para dar ánimos a la viuda, “Pues
es posible que como no ha aparecido ningún indicio de que esté vivo,
tampoco ha aparecido ninguna evidencia de que esté muerto” así que si está
en algún sitio viendo como van aquí las cosas, seguro que esperará para
volver, que ahora por mucho que digan las cosas no están nada bien; se
dice que están apareciendo muertos por los campos gentes que han estado
en prisión y les habían dado la libertad con solo tener que presentarse en
los cuarteles de la guardia civil cada semana, y después de que iban a
presentarse no volvían, y venia la guardia a detenerlos por no presentarse y
de unos no se sabía nada y otros aparecían ahogados en algún rio y alguno
aparecía colgando de una cuerda en algún pajar de su pueblo, y claro
oficialmente se suicidaban, pero son muchos suicidios cree la gente , y
además como la información está bajo la censura militar y de la policía,
pues todo son bulos y nadie sabe nada con certeza.
Además si alguien sabe algo cierto no lo comentará, de todas formas
Magdalena si algo se supiese tienes que contárnoslo que siempre le harán
falta avales para volver, o lo que sea donde esté que como puedes ver están
apareciendo con bastante frecuencia fugados o escondidos, así que ánimo,
que se supone que van a cambiar de gobernador, y más cargos en la
Diputación y en la policía, y se irán asentando las cosas. No tenéis más que
ver lo que me han hecho a mí – terció el Doctor González,- alcalde dos
veces, presidente de la Diputación y al final casi me fusilan, y mi hijo ya
sabes, toda la guerra por los frentes, cuando otros muchos se han pasado
toda la contienda sin pisar una trinchera, y yo ya con dedicarme a la
medicina tengo bastante, que ya sabéis que para más de uno yo no soy
muy de fiar, pero ya no me altero por ello; veremos si se asientan las cosas
y se dedica todo el mundo a trabajar que es lo que está necesitando este
país.
Gracias Enrique – contestó Magdalena – no sé lo que pasará pero te
mantendré informado, malos tiempos nos ha tocado vivir, no sé como
vamos a salir; a ver cuando vais por el pueblo que hace mucho que no nos
hacéis una visita, y ya sabes que siempre sois bien recibidos.
Y ánimo Magdalena que tu seguro que afrontarás lo que sea, y te
mandaré aviso cuando te reciba el gobernador, que creo que eso no me lo
negará – dijo D. Enrique.
Unos días más tarde llegó el aviso y unos minutos antes de la hora
fijada estaba Magdalena en la antesala del despacho del gobernador civil
con la medalla al mérito civil prendida en la parte izquierda de la blusa.Mandaron pasar a la señora y en el despacho la esperaba el
gobernador de pié al lado de la mesa, y después de un afectuoso saludo que
a ella le sonó a hueco, le dijo: Tome asiento señora y cuénteme usted cual
es el motivo de la visita que ya me dijo D. Enrique que era algo personal.
Tomó asiento al otro lado de la mesa y -dijo Magdalena: Mire usted,
como le supongo enterado de mi situación familiar, no se la referiré ya que
no es el motivo de haberle pedido que me reciba, y le cuento: al serme
concedida al mérito civil y la pensión de viuda, me ha producido mucha
alegría al principio, pero en estos pocos meses cuando me ha llegado la
pensión, me deja con cierta preocupación ya que en cuanto a la
colaboración con el ejército se hizo lo que tocaba hacer, pero por la parte
económica no me deja buen cuerpo.
¿Le parece baja?- dijo el gobernador.
No, no – dijo Magdalena, sino que me parece que no debía cobrarla
por dos razones, una porque mi marido no ha aparecido muerto y otra
porque sé que hay mucha gente que la merece y necesita más que yo, que
aunque no se pueda decir que yo sea rica ni mucho menos, si que no tengo
necesidad de pensión alguna, que con lo mucho que trabaja todo el mundo
en mi casa nos podemos mantener más o menos bien, y es por lo que le
pido si es posible lo repartan de otra forma que hay mucha gente necesitada
en estos tiempos.
Después de unos momentos pensativo dijo el gobernador: Me deja
usted atónito, ya me habían dicho que era usted una persona de “ armas
tomar” pero justa; en la vida me han ocurrido muchas cosas unas mejores y
otras peores, pero que alguien quiera renunciar a cobrar algo nunca;
demuestra usted ser muy digna del respeto que se le tiene, y llamó al
timbre, y cuando apareció el guardia de la puerta le dijo: avise al
administrador que venga.
En unos minutos apareció Julio García el administrador que se
sorprendió al ver a Magdalena allí sentada en aquel despacho, ¡Señora
Magdalena! ¿Como está?
Hola Julio, – contestó la señora-
¿Se conocían? – Preguntó el gobernador.
Si señor, Doña Magdalena es muy amiga de mi familia – contestó Julio.
Bien – dijo el gobernador- prepara un oficio que recoja que por los
motivos que la señora Doña Magdalena me ha explicado personalmente y
que no es necesario detallar más, se ordena por mi parte que no se libre a sufavor tal pensión, y que se ingrese en la cuenta de la casa de Misericordia,
para ayuda a su sustentación; y prepara una carta que la firmaré yo para la
señora Magdalena en la que se la agradezca su generosidad y rectitud sin
entrar en muchos más detalles.
Nada más Julio – dijo el gobernador levantándose de su silla,
entendiendo Magdalena que la entrevista había terminado, se levantó y fue
acompañada a la salida por el gobernador despidiéndose con cierta
efusividad.
Pocos días más tarde recibió Magdalena la carta de agradecimiento
por su actitud y con la notificación de que quedaba suspendida “sine die” el
envío de la cantidad económica que recibía hasta la fecha, y que transcribo:
Estimada señora: Después de la audiencia celebrada en
este Gobierno civil en días pasados, y valorada por mi la situación
tratada, he decidido que la cantidad económica que venía recibiendo
hasta la fecha quede anulada “sine die” y pase a la cuenta de la Santa
Casa de Misericordia local para que sea destinada al mantenimiento de
los proyectos que crean más necesarios.
Sin otro particular que agradecerle en sumo grado su
colaboración se despide de usted cuya vida Dios guarde muchos años.
¡Arriba España! ¡Viva España!
El Gobernador civil
Rubricado.
Pasadas unas semanas se producen varios cambios en las
autoridades provinciales, lo que fue dando un poco de distensión al
ambiente de crispación que estaba aumentando entre la población, situación
que fueron aprovechando poco a poco tanto D. Agustín como Magdalena
para ir llevando las conversaciones con los amigos en el sentido de que
como D. Andrés nunca apareció, y que como en uno de los procesos
efectuados durante la pos-guerra a varias personas, se pudo saber que por
lo menos cuatro de los que formaron el grupo que aquella noche habían
matado al ferroviario y a los demás, habían muerto en la guerra.
Los otros dos que formaban el grupo, fueron detenidos después de la
contienda y en el juicio declararon que a ellos les habían obligado a matara aquellos hombres, y que no recordaban si había escapado alguno,o si eran
cinco o seis, los condenados a la pena capital; fueron fusilados por
sentencia judicial, a los pocos días, después por todo esto se empezaron a
orientar los comentarios en el sentido de que el médico podía haber
encontrado ayuda para escapar y llegar a algún país extranjero.
Unos meses más tarde, cuando la guardia civil hacía la ronda por el
pueblo, y alguna vez preguntaba a Magdalena, casi sin mucho interés, no
eran insistentes como antes, ¿Qué señora no sabe nada de su marido?
Magdalena siempre les contestaba igual: yo no se nada más y ustedes ¿no
tienen ninguna noticia nueva? Y observaba por sus actitudes que por lo
menos aparentaban saber más de lo que decían, y tampoco tenían mucho
interés por encontrarlo, ya que habían cesado los registros tanto en la casa
de Magdalena como en más casas del pueblo, donde oficialmente buscaban
“rojos escondidos” pero todos sabían que a quien buscaban era al médico.
Mientras todo esto ocurría, varios días en la semana Magdalena
pasaba algún rato en la casa rectoral junto con D. Agustín y su marido
tratando de urdir un buen plan de reaparición de D. Andrés, cosa bastante
complicada ya que el caso se estaba haciendo tan particular que resultaría
bastante difícil de argumentar y mucho menos de creer.12 –
LA SALUD DEL MÉDICO
La situación del país parecía haberse quedado estancada, como sin
recursos; el nuevo régimen parecía que se iba asentándo a pesar de que en
Europa a las llamadas “potencias del eje” o sea Alemania y países
simpatizantes como España no les marchaban bien las cosas y menos desde
la entrada de los Estados Unidos en el conflicto mundial. También en casa
de Magdalena las cosas seguían su curso, la hija Mercedes ingresa de
novicia en el convento de las hermanas franciscanas en El Barco de
Valdeorras.
Poco más tarde es Matilde la que se casa con el militar Miguel
recién licenciado del ejercito al producirse la desmovilización masiva del
mismo, después de la boda, se van a vivir en el pueblo de Miguel, donde
pasan unos meses, y aunque tienen un hijo Matilde no se encuentra bien en
aquellas tierras y deciden establecerse en el pueblo donde han habilitado
una vivienda en una de las casas que les proporcionó Magdalena que a cada
una de las hijas que se casaban le cedía una casa para vivir independiente, y
unas parcelas de terreno para que puedan tener una huerta donde cosechar
alguna cosa que les sirviese de ayuda para vivir, Miguel encontró trabajo
no lejos de allí lo que le permitía colaborar en las tareas de su casa y en la
de su suegra.
La entrada del invierno no le trajo nada bueno al médico ya que lo
que parecía una gripe normal en los comienzos, y pese a que no carecía de
medicinas, que se compraban en varias farmacias de la capital, para que
nadie pudiese asociarlas con algún escondido, ya que los farmacéuticos
tenían orden de comunicar a la policía si alguien compraba unos
determinados medicamentos.
También en ocasiones se recurría a comprarlas en el mercado negro
o estraperlo como se le llamaba, el caso es que el tiempo y las condiciones
estaban haciendo mella en la salud de D. Andrés y esto preocupaba ya
tanto a Magdalena como a D. Agustín, ya iban teniendo claro que había que
hacer algo pronto.
La llegada de la primavera y las medicinas fueron mejorando la salud
de D. Andrés pero le quedó una especie de fatiga al respirar que
prácticamente le impedía hacer ejercicio, y él como médico se diagnosticó
enseguida, y en una de las visitas de Magdalena y en la habitual charla con
el cura, D. Andrés les anunció que lo que creía que tenia era una
complicación de carácter asmático y les aseguró, esto amigos terminará
conmigo, en no mucho tiempo ya que esto no tiene cura y mucho menos en
estas condiciones.Esto fue un motivo más que suficiente como para pensar que el plan
de salida de D. Andrés tenía que ser acelerado hasta el máximo posible así
que se acuerdan los detalles para las declaraciones que tendría sin duda que
efectuar ante la guardia civil y la policía.
La justificación que se pensó para no complicar a nadie fue que la
noche de la detención al llegar el camión a las curvas como él fue el
último en subir no estaba atado como los otros así que como conocía bien
el terreno saltó del camión y se perdió corriendo por entre las sebes de los
prados, y que nunca supo si los dos que estaban con ellos no vieron o no
quisieron dar la alarma.
Por la mañana esperó cerca de la estación y pudo subir a un tren de
mercancías que estaba en espera de que pasase hacia Asturias el expreso de
Madrid y escondido en el tren llegó hasta Venta de Baños, donde el tren
paró en una vía apartada y vió como los maquinistas se alejaban con sus
cosas por lo que interpretó que ese tren ya no le servía. Un par de vías al
lado había un tren de carga con la máquina enganchada y en las rejillas que
los vagones llevan en las puertas para poner la etiqueta de destino vió que
llegaba a Bilbao así que se escondió como pudo en un vagón, y sin más
problemas que las varias paradas en alguna estación en espera de que
pasase algún tren de pasajeros o militar el tren llegó a la capital vasca.
Llegado a Bilbao tomó contacto con un amigo que le ayudó con ropa
y dinero y se quedó en su casa mientras él le facilitaba la forma de huir del
país, en pocos días le encontró un empleo de practicante sanitario en un
barco mixto de pasajeros y carga que se dirigía a Panamá como primera
escala y que seguiría por mas puertos de América.
Quedó D. Agustín de informarse del nombre y detalles de algún
médico en Bilbao que hubiese muerto en los tiempos de la guerra, a fin de
que no se pudiesen comprobar los detalles que contaba, también si podía
ser el nombre de algún barco que hiciese rutas por América, ya que sería
necesario conocer para las declaraciones que sin duda llegarían.
Otro tema que debía tener controlado era el nombre con el que salió
contratado en el barco, además de buscar una documentación que en aquel
momento la expedía el gobierno de Euzkadi ya que cuando teóricamente
salió, el país vasco tenía cierta independencia, así que habría que buscar
algún contacto allí, que pudiese facilitar algún papel oficial del gobierno
vasco que se pudiese utilizar como muestra para hacer la documentación
necesaria para justificar la marcha y estancia; muchos temas y mucha
gente implicada para que todo salga bien – pensó D. Andrés.
Como tiempo no le faltaba tomó el caso como si fuese una obra de
teatro, y empezó a escribir el papel de cada uno, con las actuaciones,
comentarios y trabajos a efectuar en cada caso, así que cuando tuvo la
siguiente conversación con su mujer y el cura, lo repasaron todo y lesparecía que lo más difícil podía ser conseguir la documentación. Para esto
nos puede ayudar la familia de uno de mis yernos que tiene familiares por
Vizcaya, veré como se lo planteo – dijo Magdalena.
Al volver de uno de sus viajes a la capital habló con Carlos uno de
sus yernos y le dijo: Mira Carlos, para unos amigos importantes de la
capital que tiene que hacer un trabajo para una oposición a profesor de
historia en la universidad de Madrid necesitaba disponer de papeles ,
monedas carnets y cosas así de los documentos que tenían en el país vasco
cuando la república, y como tu tienes familiares allí, ¿podrías preguntarles
si sería factible que nos proporcionasen algo de eso? Me gustaría poder
ayudarles que son amigos de muchos años y también nos han hecho más
de un favor. Vale, señora, no creo que les sea difícil que algún primo mio
trabaja en el gobierno civil, esta misma noche le escribo, déjelo de mi
cuenta -dijo Carlos-.
Para el asunto del barco D. Agustín recurrió al obispado, donde uno
de los curas, José Ignacio, era natural de un pueblo de las margenes de la
ria de Bilbao, así que en el siguiente viaje buscó a su compañero y sin
mucha precisión le refirió la necesidad de tener que saber de algún barco
que salió de Bilbao para América allá por el otoño del año 36 a fin de
facilitar a una familia amiga la búsqueda de un hijo que solo se sabe de él
que era posible que saliese en algún barco para América, todo esto claro
con la necesaria discreción.
Es fácil que no tengamos problema – dijo José Ignacio- ya que
todavía creo que existe una compañía que se llama “Consulmar” y era la
que prácticamente la que llevaba todos los controles y registros de barcos y
tripulaciones, y creo que actualmente es la que recluta los profesionales
para los cambios de tripulaciones en muchos barcos por todo el mundo, ya
mi hermano irá por allí y nos informará de lo que sea, además sé yo que en
tiempos de guerra ayudó a mucha gente a huir de las hordas comunistas, ya
te diré algo cuando vengas por aquí otro día.
Ya solo faltaba esperar los resultados de las gestiones y ver como se
controlaba la gripe asmática de D. Andrés que se resistía a ceder a pesar de
los medicamentos y remedios caseros que se le administraban.
Van pasando las semanas todos ocupados en sus faenas y la primera
noticia sobre el asunto del médico la trae el cartero con un aviso de
recogida de un paquete en la oficina de correos a nombre de Carlos el
yerno de Magdalena aviso que debía firmar para que el cartero pudiese
retirar el paquete ya que el el pueblo no hay oficina de correos.
Llegado el paquete fue una alegría ver su contenido , había un
montón de cartas oficiales, del gobierno de Euzkadi carnets profesionales,
cedula de identidad y una colección de monedas de curso durante lavigencia del gobierno vasco. Uno de los documentos de identidad venia
relleno con sus sellos y cuños oficiales a nombre de Ignacio Uribe, así que
ese fue el nombre con el que funcionaría el médico para toda la operación.
Tampoco tardó mucho en que llegasen más noticias de Bilbao, a
través del cura José Ignacio, así que con todo ello tanto D. Agustín como
D. Andrés prepararon el definitivo plan de vuelta a la vida normal del
médico.
Tanto D. Agustín como Magdalena en sus viajes a la capital fueron
ya poco a poco entre los amigos preguntando si podían tratar de ver si eran
ciertos los rumores que han llegado a la familia de que podía ser cierto que
el médico D. Andrés podía estar en América, de donde parece ser que
habían regresado gentes que habían pasado la época del conflicto
refugiados en varios países, y que al regresar parece ser que solo tenían que
justificar sus odiseas, ante las nuevas autoridades.
Una tarde se presentó en casa de Magdalena el doctor González
Suaces, para ver si podía ser útil para la vuelta de su amigo y colega ya que
se hablaba casi abiertamente que D. Andrés estaba en América y que al
parecer quería volver.
Gracias amigo -dijo Magdalena – pero tu crees que en caso de ser
cierto los rumores ¿tendría problemas para volver? ¿Qué podría necesitar?
Déjame un tiempo que me pueda informar, y si fuese verdad cuenta
con todo mi apoyo y el de el colegio de médicos y de algunos amigos más
que creo que le ayudarían – comentó el Sr. González – cuando hay tanto
rumor es posible que sea cierto ya que han vuelto varios de la capital y es
posible que alguno sepa o haya declarado algo y por eso se ha disparado el
rumor. Si acaso fuese cierto y se pone en contacto contigo házmelo saber
pronto para preparar el plan necesario.13 –
LA RESURRECCIÓN DE D. ANDRÉS
Después de tanto tiempo en su encierro tenía el médico un aspecto
bastante deteriorado y un color de cara muy blanco ya que nunca fue
posible salir al exterior a tomar el sol y el aire, así que se decidió que habría
que preparar un maquillaje formado por varias verduras cocidas y en puré
mezcladas con aceite, alguna grasa y alguna hierba que Sinfo conocía, pero
que era muy eficaz como bronceador, todo ello para que cuando se
presentase D. Andrés nadie pudiese pensar que había estado escondido
durante tanto tiempo, y para que le diese una apariencia más normal se
decidió que debía salir al corral de la parte trasera de la casa y dar unos
paseos para que el aire y el sol fuesen haciendo su labor.
Como nunca han perdido la costumbre de respetar las normas de
seguridad por lo mucho que se jugaban sobre todo D. Agustín y Sinfo, así
que para salir el médico al corral se vestía una vieja sotana del cura y
siempre que salía D. Andrés a tomar el sol el cura se mantenía en el interior
de la casa, y así poco a poco el médico fue tomando un color normal como
si hubiese estado años navegando a través de tantos mares.
Tampoco creyó D. Andrés que tenía que dejar a un lado el tener
respuesta a la pregunta que seguro le harían, “ y en el barco ¿Como se
entendían? en francés, por lo que repasó bastante sus conocimientos del
idioma galo; ya solo faltaba el diseñar el “como” saldría a la luz.
Era necesario que de entre los amigos de confianza que tenían
familiares en diferentes países de América del sur, así que D. Andrés dijo a
Magdalena a cual de los amigos de la capital se tenía que dirigir, y al que
había hecho grandes favores, y que lo que ahora se necesitaba era que
enviase una carta a su familia de América en la que dentro iría un sobre con
otra carta que tendría que ser puesta en el correo de Brasil, que era donde
estaba el familiar de su amigo, la carta iba dirigida a Magdalena, la
escribiría él diciendo lo que habían acordado en el plan de resurrección que
como con cierta sorna se refería el médico a su aparición que a estas alturas
de lo pasado ya se veía con algo menos de dramatismo y con más confianza
de que podía salir bien.
Escribió la carta en la que contaba todo lo acordado y le pedía dos
cosas, primero perdón por no haber dicho nada antes, pero según lo que leía
en la prensa del mundo sobre como iba la guerra en España temía que
unos u otros la tomaran con la familia y segundo que se dirigiese a los
amigos de confianza, les enseñara la carta y trataran de ver con las nuevas
autoridades ahora que parece que se van asentando las cosas, aunque segúndicen por estos países está costando demasiados fusilados, el caso es que si
creen que puede ser posible mi vuelta, sería cuestión de irme preparando.
Amada familia: mucho me ha costado encontrar el
ánimo para hacer esta nota, que si llegas a leer puedes entender el por
qué de tanto tiempo callado no ha sido por falta de cariño hacia
vosotros que siempre habéis sido mi guía y preocupación.
Para empezar te diré como me escapé del camión en el que me
llevaban a matar, en la zona de las curvas salté al suelo y salí
corriendo por los prados; nos vigilaban dos hombres pero se veía que
no les gustaba lo que iban a hacer ademas que esa zona es bastante
oscura y yo la conozco bien, así que no sé por qué razón no dieron la
alarma; por la madrugada cerca de la estación pude subir a un tren de
mercancías que estaba como cada noche esperando el paso del expreso
de Madrid, y llegué a Venta de Baños que se quedó en una vía muerta,
ya que vi como los maquinistas marchaban.
Todo el camino se hizo sin problemas ni contratiempos, todo
estaba tranquilo.
Otro tren estaba estacionado en la vía de al lado y vi que tenía la
maquina enganchada y los precintos ponían destino Bilbao.
Como en esa estación pasaban bastantes trenes no me fue difícil
esconderme.
Hoy estoy de suerte pensé, así que me escondí allí llegando a
Bilbao.
O sea que en aquel momento los dolores del golpe recibido al
caer del camión más el hambre que ya se me empezaba a manifestar,
me hicieron el viaje bastante incómodo.
Siempre hay que tener amigos, y en Bilbao sí tenía alguno así que
recurrí a uno que me proporcionó ropa, dinero, comida y alejamiento.
Esto solo duró unos días mientras se veía que podía hacer ya que
allí ya empezaban también las revueltas.
Ir a Francia nos pareció que no sería muy apropiado ya que se
estaba viendo que salía mucha gente.
Siempre hay soluciones para todo y la mía fue que en un barco
que salía para América central me encontraron un empleo de
practicante sanitario, era un barco mixto de carga y pasajeros.
Tanto que ya antes de salir del puerto tuve que ejercer con
algunos pasajeros.
Referente a la documentación me extendieron una desde el
gobierno vasco a nombre de Ignacio Uribe que es como me llamo desde
entonces.En estas condiciones embarqué y un día más tarde zarpamos de
Bilbao hacia el destino.
Siempre con bastante miedo y preocupación por saber como
estaban las cosas en casa, ya que las noticias eran pocas y de poca
credibilidad, ya que ganaban todos y sabia que no era verdad, y como
empezó la guerra mundial no tocábamos ningún puerto europeo.
Rutas más cortas era lo que hacíamos por el atlántico y el
pacífico.
India también tocábamos. Pero desde que los japoneses entraron
en el conflicto, nos ceñíamos solo a la costa este del pacífico.
Otras cosas hay que contar pero no son tiempos, yo todos los días
repaso la memoria, todos los días desde que nos conocimos y de como
nos conocimos, como nos comunicábamos para vencer las reticencias
de tu familia que todos suponían que yo estaría allí poco tiempo, y ya
veis, nuestra boda, las hijas, y tantas cosas que han pasado que fueron
tan rápidas como el tiempo.
Te enviaré otra carta y te diré el apartado de correos de un
amigo al que me puedes enviar la contestación”solo” si el regreso es
posible sin que tenga que afrontar ninguna condena ya que yo no he
participado en nada y los que me sacaron de casa para matarme eran
anarquistas, o por lo menos eso dijeron; ya que si tengo algún
problema veré lo que puedo hacer, es que se dice por América que los
vencedores siguen fusilando a mucha gente.
Espero que todo por casa vaya bien, ya que tu siempre has
sabido manejar bien las cosas, y las chicas eran fuertes aunque pienso
que algunas ya estarán casadas. Creo que no pasará mucho tiempo
antes de que esta maldita guerra mundial se vaya acabando que según
las emisoras de radio tanto los alemanes como los japoneses van
perdiendo y como España es neutral dicen, no pierdo la esperanza de
desembarcar en algún puerto español ya que cuando acabe la guerra
volveremos a ir a Europa. Nada más que deciros que no os he olvidado
ni un día y como tu dices muchas veces “las circunstancias mandan”
Besos y abrazos para todos
Andrés
Tomó D. Andrés un sobre y puso la dirección de Magdalena metió el
papel escrito y lo cerró, se sintió como si le hubiese dado un calambre por
toda su espalda, ¡ lo que hay que hacer por la vida! – pensó.En unos días fue Magdalena a la capital y visitó al amigo indicado,
Sergio Tirado que cuando Magdalena le indicó que tenía una carta para que
fuese puesta el el correo en América y que llegase aquí, a fin de ayudar a
un familiar a que se le arreglen los papeles para poder venir.
Nada te puedo negar yo a ti Magdalena que para mi lo que me pidas
no necesita explicación, – dijo Sergio-.
Al momento escribió una nota que metió en un sobre adjuntando el
otro sobre cerrado y puso la dirección de su hermano en Caracas, se la dio
y dijo: toma, llevala tu misma a correos y certifícala para más seguridad, y
ya sabes que entre ir y venir se pasaran fácilmente dos meses, y ahora dime
¿como os va por el pueblo? ¿necesitáis algo que yo pueda hacer? Ahora
soy el director de la oficina del Banco de Bilbao y allí me tienes para lo que
necesites que vosotros siempre habéis estado cuando yo he necesitado algo.
Todo marcha más o menos, algunas chicas ya se han casado y las
cosas de casa van siendo menos que también las necesidades disminuyen,
así que ahí vamos, hacernos una visita por allí que hace mucho tiempo con
Herminia no nos hemos visto en mucho tiempo, -dijo Magdalena.
Un abrazo y hasta pronto – dijo Sergio – acompañándola hasta la
puerta del banco.
Salió Magdalena hacia correos y una vez con el resguardo del envío
en el bolso se sintió contenta, efectuó unas compras y varias medicinas
como siempre, en varias farmacias y salió hacia la estación para tomar el
tren del mediodía.
Ya solo faltaba esperar y tratar de que la enfermedad de D. Andrés
remitiese, que era una de las preocupaciones, ya que según él mismo tenía
la impresión de que era un ataque de asma, con todos los indicios de que
pudiera ser algo con lo que tendría que vivir siempre ya que sin duda
alguna para él estaba adquiriendo un carácter de crónica.
En la casa de Magdalena las cosas seguían su curso normal, se
habían dejado al mínimo los rebaños de ovejas y cabras, ya que al
establecerse en el pueblo Matilde con su marido, Magdalena repartió
varias cabezas de ganado entre las hijas ya casadas, también había menos
labranza ya que Lucia estaba preparando la boda con Seve, y la intención
era quedarse a vivir en el pueblo, porque el nuevo miembro de la familia
era albañil y pensaban que allí les iría mejor, ya que en el pueblo de Seve
aunque no estaba muy lejos, no tenia propiedades, por lo que Magdalena
les dio un solar para que en el pueblo fuesen construyendo su casa.Con todo esto a Magdalena no le faltaban cosas en las que ocuparse
ya que solo contaba con las dos hijas más jóvenes y la ayuda puntual de las
dos últimas hijas casadas, que al no tener los maridos campos en el pueblo,
hacían más causa común.
Con tanto ajetreo casi sin darse cuenta se habían pasado tres meses
desde que había enviado la carta a América, hasta que un día llegó el
cartero con la esperada misiva y nada más verla se dio cuenta Magdalena
de que el sobre había sido abierto con cierto cuidado eso si, pero que
significaba que en su recorrido alguien más había leído lo que la carta
ponía; rápidamente habló con D. Agustín y sopesaron las probabilidades
de cuando se pudo abrir la carta, descartaron que hubiese sido abierta a la
ida, ya que el sobre que la albergaba tenía el membrete del banco Bilbao,
así que lo más probable era que hubiese sido abierta por la censura de la
policía española, ya que desde que se envió hasta la fecha del matasellos
de Caracas habían pasado veinticinco días, y desde que se envió de vuelta
habían pasado mas de dos meses, lo que les hizo creer que la policía ya
estaba al tanto de lo que pasaba y que habría que ir con mucho cuidado
tanto al hablar del asunto, como con quien se hablaba pues el asunto no era
nada fácil.
Como no era Magdalena persona de poco arresto y decisión, al día
siguiente se fue a la capital a ver al amigo Suances, que después de leer la
carta un par de veces dijo: vamos a ver si está el gobernador, y allá fueron
los dos al gobierno civil, que después de hablar con el secretario, los
recibió enseguida el gobernador.
Entraron en el despacho y después de los saludos pertinentes, le
mostró Magdalena la carta, que leyó casi de corrido, como si quisiera dar la
impresión de lo claro que tenia el proceder, y lo eficaz que demostraba ser,
y los visitantes sacaron la conclusión de que ya la conocía; llamó a su
secretario y le dijo: tráigame usted el expediente del asunto del marido de
Da Magdalena que estará en el archivo. Y dirigiéndose a Magdalena con
una expresión de forzada alegría, ¿estará usted contenta no?. Pues no lo sé
señor gobernador -contestó Magdalena- no sé que podrá pasar, ni siquiera
se si será cierta, aunque a mi me parece que por la letra no hay duda de que
es de mi marido, y verá usted que aquí traigo escritos de antes y me parece
que si es de él.
En esto entró el secretario con una carpeta que entregó al
gobernador, que fue ojeando los diversos papeles que contenía, hasta el
último que era una lista con seis nombres, que no eran otros que los cinco
fusilados en las curvas del pueblo, que en último lugar y con otra letra se
leía, Andrés López.Bueno señora , que según mi parecer puede estar de enhorabuena,
que este hombre no tiene nada pendiente con la justicia, claro está que
cuando venga tendrá que hacer las declaraciones pertinentes en la policía
social, se restablecerá su identidad y demás y podrá irse a su casa, que es lo
mismo que se está haciendo con más de uno de los que han estado
escondidos o en el extranjero y vuelven. Y en cuanto a que pueda volver a
ejercer la medicina, aquí está el amigo Suances que como presidente del
colegio de médicos, hará lo que en ley se tenga que hacer, -dijo el
gobernador – a la vez que colocaba los papeles del expediente, y se
levantaba de la silla dejando la carpeta abierta.
Entendieron que había terminado, se levantaron y – dijo el
gobernador – cuando tenga más noticias le agradeceré que me las
comunique aunque sea a través de este amigo, y el día que le pueda
contestar dígale que venga sin miedo que en la España de hoy empieza a
operar la ley y el orden que fue por lo que luchamos con tanto sacrificio.
Se despidieron y salieron hacia el despacho del colegio de médicos
donde aclararon algunas cosas y – Suances preguntó- ¿Te diste cuenta de
que el primer papel que se veía cuando abrió la carpeta era de la brigada
social y tenia fecha reciente? Pues ya sabes quien abrió la carta, y además a
mi me pareció que era un tema del que ya había hablado antes, o sea que
esperaba que le hiciésemos la visita. De todas formas cuando le escribas
que puede venir, dile que como pueda, pero que desembarque en Vigo y
mejor si podemos saberlo antes para esperarlo, y que se presente en el
juzgado de guardia, no en la policía, que eso es muy importante, y yo ya
escribiré a algunos amigos que tienen buenos cargos y contactos allí,
además de que aquí lo comentaré con los amigos de siempre, y a esperar
que todo salga bien, y mantenerme informado de todo.
Ya en el pueblo y durante varios días repasaron las declaraciones que
cada uno sin duda tendría que hacer, ya que la guardia civil y la policía
social llegarían a preguntar varias veces.
D. Agustín pasó por el obispado a ver al amigo José, el vicario, y le
comentó que necesitaba recibir en algún sitio discreto un telegrama
consistente en la fecha en la que un amigo tenía que volver al país , y le
contó un poco la versión oficial del asunto. No hay problema – dijo el
vicario- que me lo envíe directamente a la vicaria del obispado y ya te
avisaré yo cuando llegue.
Al día siguiente El cura puso un telegrama al apartado de correos
863 de Rio de Janeiro. Brasil . VÍA LIBRE PARA RECIBIR CAJAS EN
PUERTO DE VIGO Stp.
Como se deduce de la lectura en vertical de las letras mayúsculas de la
primera carta, que era la forma que tenían tanto Magdalena como Andrés
de jóvenes quedaban en la hora de verse con discreción ya que la familia de
ella era un poco reticente al principio ya que pensaban que un médico noestaría allí mucho tiempo y menos en que se fijase en una chica de pueblo
para una relación seria, por eso hace el comentario final de la carta que le
recuerda lo que hacían para que lo hiciese y supiese la dirección.
Unos días después fue D. Agustín el que en la oficina de telégrafos
puso un telegrama al vicario que decía:
OK. SALIDA PARA VIGO 1a OPORTUNIDAD Stp. ESPACIO
CAJAS. Stp. La primera dificultad se planteaba en como D. Andrés
llegaba a Vigo y se instalaba allí hasta que pasasen dos cosas, una vigilar
el puerto y ver que barco sale para América y otra ponerlo en contacto con
alguna persona que le ayude con el alojamiento y demás trámites.
Dejan pasar unas tres semanas y va Magdalena a ver al presidente del
colegio de médicos para ponerle al corriente y que le dijese con quien
podría contactar en Vigo ya que parece ser posible que la entrada sea por
aquel puerto.
Le facilita un par de nombres y direcciones con las que podía
ponerse en contacto nada más llegar, que ya estaban avisados por su parte
de que esa situación podía ser posible, y que se volvería a poner en
contacto para asegurarlos, agradeció Magdalena las atenciones y se volvió
al pueblo con las nuevas.
Después de valorar varias posibilidades y formas de llegar a Vigo el
médico, decidieron que se haría en un taxi hasta Astorga donde tomaría el
expreso de Madrid a Galicia, vestido con una sotana de D. Agustín y
recortar un poco el pelo de la coronilla en la cabeza que al uso llevaban los
sacerdotes en esa época, a fin de que no diese ninguna muestra de duda a
nadie y menos a la pareja de la guardia civil que siempre va acompañando
en los trenes expresos.
Ya en el tren hablaría con el revisor para ver si podía cambiarle de
clase, ya que había madrugado mucho, y prácticamente estaba sin dormir, y
al llegar la quedaba un día bastante agitado, y debería estar lo más
descansado posible, y seguro que si no era tacaño en la compensación le
proporcionaría un buen lugar para descansar.14 – EL VIAJE A VIGO
Se envía un taxi de confianza para recoger a un sacerdote que tenia
que tomar el expreso de Galicia, que pasaba por la capital de madrugada,
así que sobre las tres de la mañana llegó el coche a la casa rectoral y
rápidamente subió a el D. Andrés disfrazado de cura con una pequeña
maleta y el breviario y salieron al momento sin que prácticamente no se
enterase nadie en el pueblo de más que se había oído pasar un coche por la
noche.
Según lo convenido en las afueras de la capital el coche tomo la
carretera hacia Astorga y al despuntar el día llegaban a le estación del
ferrocarril donde como ya se acercaba la hora de la llegada del expreso
hacia Galicia se iba acumulando gente en espera de que llegase el tren.
Con gran retraso que en aquellos tiempos era bastante habitual, llegó
el expreso de Madrid y después de la bajada y subida de los pasajeros
correspondientes y de los pitidos de rigor sale el tren hacia su destino, a
los pocos minutos pasó el revisor pidiendo los billetes, y al llegar a D.
Andrés se levantó y le planteó la pretensión de cambio de clase.
No se preocupe – le dijo el revisor – que una vez que pase el tren se
lo diré a mi jefe y le contestaré si es posible.
No tardó mucho en llegar el revisor y pedirle que le acompañase, y al
pasar por uno de los enlaces de coches en unos asientos plegables del
pasillo iban sentados los dos guardias civiles que acompañaban estos tipos
de trenes en misión de vigilancia y custodia, los saludó y llegaron al coche
de primera clase donde se encontraba el jefe de tren, que le informó que si
le servia podia pasarlo a un asiento en el coche de Coruña pero que él se
tenia que bajar en Santiago, y aún tardaría bastantes horas.
Le pareció bien a D. Andrés y el funcionario le comentó que no le
hacía el pase a primera, sino que a segunda que era más barato , en atención
a su dignidad eclesiástica y así cumplía con su trabajo, se lo agradeció y al
pagarle con un billete más grande le dijo que se quedase con la vuelta para
unos cafés con su compañero.
Agradecidas las dos partes acompañaron a D. Andrés a un
departamento que solo había dos pasajeros en actitud de descanso y sin
encender la luz siquiera tomó asiento y ya empezaba a clarear la aurora
pero no fue impedimento para que se quedase dormido , en esa duermevela
de los viajes pero que se descansa.
Bastante antes de llegar a Santiago ya estaba D. Andrés haciendo
algún comentario intrascendente con la pareja que ocupaba el
departamento, y después buscó al jefe de tren le agradeció las atenciones,
se despidió y se preparó para bajar lo antes posible .No deseaba D. Andrés tropezarse con ningún cura ya que allí había
bastantes, así que como conocía la ciudad se metió en la catedral que en
aquella hora casi no había nadie y en un discreto rincón se quitó
rápidamente la sotana y el bonete y se colocó el sombrero y guardó el
disfraz ya que pudiese ser posible que la necesitase otra vez, y si no para
devolverla a su dueño que no están los tiempos para tirar ropa.
Se dirigió hacia el lugar de donde partían los autobuses para
Pontevedra y Vigo, sacó un billete para Vigo en el de primera hora de la
tarde dejó su maleta en la consigna y se ocupó de localizar un discreto
restaurante donde comer que ya hacía horas que no había comido nada.
Cercana ya la hora de la salida se dirigió a las cocheras y al entrar en
la sala de espera llegó el primer susto, dos policías de paisano, pidiendo la
documentación a una pareja que bien podían ser padre e hija, pero que
decían que eran matrimonio, se detuvo unos segundos y se dirigió al
mostrador de consigna a recuperar su pequeña maleta, pasando con
decisión al lado de los policías.
Como los policías no parecían estar convencidos de si aquella pareja
decían la verdad decidieron llevarlos a la comisaría así que la sala recuperó
su normalidad y sin más motivos de preocupación salió un viejo autobús
hacia su destino con todas las dudas por parte de los pasajeros que hacían
comentarios en ese sentido cada vez que se oía un ruido que se podía
pensar que era un quejido, como si el pobre vehículo estuviese tan cansado
que lo manifestaba así.
A pesar de los ruidos extraños el viejo autobús llegó a su destino ya
entrada la noche, por lo que D. Andrés preguntó y le encaminaron a una
pensión cercana que lo alojaron en una habitación interior bastante cutre
pero discreta que solo le pidieron el nombre y que la documentación se la
pediría mañana si se quedaba.
Al día siguiente ya más descansado salió a la calle y llegó al puerto
donde estaban amarrados varios barcos mercantes y mixtos, de los cuales
tomaba nota para poder armar su coartada; uno tenía bandera brasileña, “el
CISNE BRANCO” y estaba soltando amarras para salir del puerto, se
informó y salía como primer destino a La Guaira, y sacó toda la
información que pudo sobre su escala y mercancía que había dejado y
cargado en Vigo, ya que esperaba muchas preguntas, que sin duda
llegarían.
Ya por la tarde después de comer en una taberna del puerto se dirigió
a la primera dirección que llevaba donde fue excelentemente bien recibido,
le proporcionaron alojamiento para el tiempo que necesitase, con lo que
pasó por la pensión a recoger su maleta, y al pagar la segunda noche sin
ocupar la habitación, la dueña no le pidió ninguna identificación, recogiólas ropas del cura y en un paquete se las envió al pueblo desde la oficina de
correos del puerto, ya no le quedaba nada más que lo puesto y los papeles
de su cartera de mano.
En la cena en casa de la familia que lo acogía comentó que ya
llevaba tiempo que quería quedarse en el país, pero que salió por la mañana
del barco, y paseó toda la mañana sopesando si era este buen momento, el
caso es que el barco zarpó y en su camarote quedaron todas las pocas
pertenencias que tenía, así que ya no tiene remedio afrontaremos lo que el
destino tenga preparado.
Bueno usted descanse y mañana no salga de casa – dijo el Sr. Mena –
Yo trataré de ver con los amigos y autoridades que se puede hacer en este
caso, enfocándolo como que usted perdió el barco y no tiene mas
pertenencias ni documentos que los que lleva encima, y que como usted
tiene familia en León y lleva embarcado desde antes de la guerra, ver que
se puede hacer para que vaya con su familia.
En un par de días el Sr. Mena y el Sr. Navarro que era el otro
contacto que le habían dado , arreglaron con el oficial mayor del juzgado y
se presentaron ante el juez los tres a la hora que habían sido citados. Le
hizo el juez un breve interrogatorio y los mandó para casa y que se
personaran al día siguiente por la mañana y ordenó a su secretario que
citase también a la policía de fronteras del puerto y al comisario de la
policía social y que preparase escrito ya que habría que enviarlo a León.
A la hora citada se presentaron acompañados del abogado D.
Rodrigo Beltrán, y unos y otros fueron preguntando lo que creyeron
conveniente, desde que hacía antes de ser sacado de casa, como saltó del
camión, si conocía a alguno de los que lo llevaban, como y quien le ayudó
en Bilbao y un sin fin de preguntas más.
Ya el juez extendió una providencia para la policía solicitando que
hiciesen una cédula de identificación provisional a nombre del médico D.
Andrés López Arias y que dado quien era y quien le acompañaba no creía
oportuno que estuviera detenido, así que hasta que los documentos estén
en este juzgado, el Sr. López seguirá alojado en casa del Sr. Mena.
Salieron del despacho y quedaron los policías reunidos con el juez, y
ya desde el pasillo oyeron la protesta del inspector de la policía social
reprocharle al juez que había que sacarle más información ya que para
ellos tenía pinta de peligroso.
Se quedaron en un rincón del hall de entrada comentando el asunto
con el abogado y vieron como salía bastante airado al policía de la social,
y en actitud como más pasiva al policía del puerto, que mantuvieron una
breve conversación y pudieron escuchar como el policía de fronteras le
contestó con un “ tu haz lo que quieras pero el juez dijo lo que dijo y yo noiré en su contra porque el asunto me parece bien y además no me importa
nada”.
En unos días llegó al despacho del abogado Rodrigo Beltrán la
notificación de que se presentase con su defendido en el juzgado lo antes
posible, cosa que no tardaron en hacer y a primera hora del día siguiente
estaban ante el juez que les dijo: D. Andrés aquí tiene esta documentación
provisional para que llegue a León, a donde se trasladará en el expreso de
Madrid de hoy, irá acompañado de una pareja de la guardia civil, si lo
desea podrá ir acompañado de su abogado, pero se tendrá que costear el
billete, ya que con el cajetin del estado solo va el retenido y la guardia civil,
que en Lugo cambiarán de pareja, y en Ponferrada volverán a cambiar de
custodia hasta su destino, como pueden ver en el oficio de transporte va en
calidad de retenido y sin esposar, y nada más, que tenga buen viaje y
encuentre bien a su familia, a la salida le recogerá la guardia civil.
Dio el juez por terminado el asunto, salieron y fueron los guardias
los que se hicieron cargo de D. Andrés, y Rodrigo Beltrán pasó por su casa
y por la del señor Mena a recoger lo necesario para el viaje, a sacar su
billete y como habían acordado de verían en la estación.
Cercana la hora de salida del tren expreso llegaron a la estación los
guardias civiles con D. Andrés y momentos más tarde llegó el abogado, y
como el tren partía de Vigo estaba preparado y subieron los cuatro, y el jefe
de tren los instaló en un departamento de segunda clase en el que no
ubicaría a ningún viajero más
En el vagón en el que los instaló tenía el destino a Madrid lo que
implicaba que no harían transbordo alguno ya que fué el vagón el que
engancharon a otro tren que venía de otras ciudades como Ferrol, La
Coruña, y asi quedaba compuesto el expreso de Galicia a Madrid.
Como estaba previsto fueron tres parejas de guardias civiles los que
efectuaron la custodia durante el trayecto, la primera pareja, casi no
hablaron nada en todo el recorrido, la segunda era más locuaz, y pronto la
conversación fue normal y entretenida, con lo que el tramo del viaje resultó
mas entretenido aunque los temas fuesen triviales.
La tercera pareja tampoco era comunicativa, y se ciñeron como a un
dialogo oficial, y trataron de hacer creer al custodiado que estaban muy
informados de todo, pero ante alguna pregunta o comentario del abogado,
demostraban que no sabían nada más que tenían que custodiar a alguien, y
ellos suponían era algún detenido o así, y es que nada más llegar al
departamento y vieron que D. Andrés estaba sin esposar, el guardia de más
edad trató de ponerle los grilletes, a lo que el abogado le mostró el oficio
del juez y ya no se atrevió a decir otra cosa que “de acuerdo, peroentiendan que si intentan escapar de alguna manera les aplicaremos la ley
de fugas”.
Aquí el abogado se puso en su lugar, se identificó y pidió el número
y nombre del guardia, para constar en el expediente, y dijo: no se
preocupen que lo que queremos es llegar a casa lo antes posible aquí no se
quiere fugar nadie ni nada, y sin más llegaron a León sin otro incidente
que algún intercambio de cigarrillos entre uno de los guardias y el abogado.
A la llegada les estaban esperando un par de policías y varios amigos
de D. Andrés tanto de la administración como de la sanidad. Identificados
fueron conducidos a la oficina de la policía de la estación, donde el
comisario después de leer todos los informes un par de veces, y no
mostrándose muy de acuerdo con lo que decía, ordenó que llevasen a D.
Andrés al juzgado y que el Sr. Juez sabría lo que tenia que hacer.15 – BULOS EN EL PUEBLO
Hacía un par de días que una mañana llegó al pueblo una pareja de
guardias civiles compuesta por un oficial y un número, a casa del alcalde
Ramón Fernández, preguntando por la casa de Magdalena y si les
acompañaba ya que ellos pertenecían a la capital, y no conocían el pueblo,
ademas el asunto que traían no era como para citarla en el cuartel, ni en la
comisaría, así que los tres fueron hacia la casa grande, y claro pronto se
dispararon los bulos y los comentarios de vecinos.
Personados ante Magdalena y después de los saludos de rigor, le
preguntaron que si tenía últimamente noticias de su marido, a lo que
respondió mostrándoles la carta recibida, que leyó el oficial, que era el
que llevaba las riendas de la conversación, y le dijo que si se podía quedar
con la carta, a lo que Magdalena le dijo que esa carta había sido presentada
al gobernador y le había ordenado que solo se la entregase al juez si
mediante oficio se la reclamaba.
Pues ya saben tanto como yo comentó Magdalena así que si no
tienen nada más que preguntar iremos a las faenas que hay muchas y somos
poca gente.
Bueno pues nada más – dijo el alcalde – gracias por su colaboración
y seguro que todo el ayuntamiento se alegrará de que D. Andrés esté vivo y
quiera volver, que siempre fue un buen hombre con todos los vecinos, se
despidieron y ya en la calle el guardia comento ¡ vaya señora mi teniente!
como manda. Es de siempre es que ya desde pequeña se crió sin padre y
eso marca – dijo el alcalde-.
Rápidamente pensó Magdalena que era hora de que la familia se
enterase de como estaban las cosas, así que como mañana es domingo, pasó
razón a todas las hijas que era preciso que después de misa estuviesen toda
la familia en casa para la comida y para una reunión muy importante.
Por la tarde mandó aviso al cura que se pasase por casa, cosa que
aconteció sin tardanza. Mire D. Agustín, gracias por venir, -dijo la señora-
mañana tendremos una comida con toda la familia para decirles lo de su
padre, y me gustaría que usted estuviese presente, creo que les debo contar
la versión que hemos preparado para la policía, ya que como usted sabe no
todos mis yernos son de igual pensar, y alguno no es ni de fiar del todo,
además alguno como Luis que cuando la guerra estaba embarcado haciendo
la mili y quedó con los republicanos, pues no está bien visto sobre todo por
Carlos, que como es hijo de quien es pues ya sabe usted como piensa, y no
se llevan bien así que creo que si esta usted en la mesa no creo que nadie se
atreva a pasarse de la raya, que siempre habrá más respeto.
No te preocupes Magdalena – dijo el cura- que no faltaré a la comida
y no creo que haya más que alegría por saber que su padre está vivo.Durante todo el sábado varias fueron las personas del pueblo que con
una u otra disculpa pasaron por la casa de Magdalena, o por la del alcalde
que fue uno de los que al comentarlo en su casa desató aún más las
interpretaciones de la noticia, incluso hasta al señor cura le llegaron las
preguntas, que casi siempre contestaba con un “es que yo” y se encogía de
hombros sin decir más palabra con lo que todos interpretaban que D.
Agustín no sabía más. Ya a alguna hija de Magdalena algunas mujeres le
preguntaron si sería verdad lo que decían pero como no sabían más pues
poco podían decir, pero al día siguiente después de misa los comentarios de
varios vecinos eran tendentes a una cierta crítica al cura por no haber
comentado nada sobre lo que todo el mundo comentaba, con lo que a
alguna hija de Magdalena le llegó el eco de que algo pasaba ya que en un
corrillo de amigas de las que siempre después de misa charlaban un rato al
acercarse Asunción todas callaron y cambiaron de conversación; casi lo
mismo le pasó a Matilde, y luego en el camino a casa ellas dos comentaron:
Creo que algo pasa con nuestro padre, he oído comentarios de que ayer la
guardia civil y Ramón el alcalde estuvieron hablando con madre, veremos
– dijo Matilde – por eso será que nos ha dicho que no falte nadie a la
comida de hoy, no se si no habrá bronca porque Luis y Carlos no se
soportan.
Ya le encargaré yo a Carlos que no abra la boca y que no entre a
ninguna discusión ni que arme bronca -dijo Asunción- habrá aparecido
algún muerto o cosa así y como la gente solo sabe hablar al sabor de la
boca, pues vengan cuentos -comentó Matilde.
Será eso, y ya nos lo aclarará madre en la comida -dijo Asunción –
Iré antes de la hora por si necesitan algo de ayuda que según veo
estaremos todos, vendrán Covadonga y Tomás también -dijo Matilde-.
Magdalena salió de misa y sin más como todos los domingos se fue
directamente a su casa, que había muchas cosas que preparar, y solo
contaba con Carmen, ya que Rosa había ido a llevar las vacas a los prados
de arriba y no llegaría hasta el mediodía.
Se dedicó Magdalena a preparar la comida y a colocar las cosas
sobre la gran mesa, que ahora solo se utilizaba alguna vez, y recordaba con
nostalgia otros tiempos en los que aquella mesa se llenaba todos los
domingos y más días con los amigos que venían de visita; maldita guerra
pensó; al poco empezaron a llegar Matilde con su marido y poco más
tarde Asunción y Covadonga que traían cierta preocupación ya que unos
rumores decían que su padre había aparecido, no se sabía si vivo o muerto,
otros que si estaba en la cárcel, otros que si en el extranjero, es que hasta en
el pueblo donde vivía Covadonga se comentaba el asunto, y es que D.
Andrés era un médico muy conocido por toda la zona, pero por más quepreguntaban a su madre, ahora no es el momento, que hay que preparar las
cosas, ya hablaremos en la comida, -les decía su madre-.
Magdalena y Carmen habían preparado para la comida un cocido y
un guiso de carne de cordero con un mazapán de postre, que seguro sería
un acierto para todos.
Cercana la hora de comer van apareciendo toda la familia y hasta D.
Agustín , que no fue el último en llegar, aunque causó cierta extrañeza en
algunos, pero nadie comentó nada al respecto y la comida transcurrió con
normalidad como si de una comida de Navidad se tratase pero sin ser
Diciembre.
No hubo ninguna discusión de tipo político por lo que se veía que
tanto Luis como Carlos habían sido aleccionados, y las conversaciones
fueron por otros caminos más actuales, ya que tampoco era común el que
se juntaran todos a comer en la misma mesa desde antes de la guerra.
Servido el postre y puestas sobre la mesa las botellas de licores
habituales en estos casos (anís ,coñac y el orujo de la casa) se levantó
Magdalena y dijo: No os daré las gracias por venir, ya que sois todos de
casa, y obligaciones también tenéis si se os llama o si se os necesita, y
gracias mil si a D. Agustín que sin lugar a dudas tiene mucho que ver con
esta familia que siempre le estará agradecida por sus muchas actuaciones.
Bueno Magdalena – dijo el cura- es mi obligación atender las
necesidades de mis parroquianos.
Bien, pero lo que tengo que deciros con el ruego que ni hagáis
preguntas ni más comentarios, el caso es que vuestro padre vive, y creo que
haya llegado hoy a la capital y se espera que no crean las nuevas
autoridades tener motivo para juzgarlo ni condenarlo a nada, por lo que es
fácil que en pocos días vuelva a casa.
El silencio fue sepulcral y empezaron a verse caras de asombro y
alegría y fue D. Agustín el primero en reaccionar y dijo: Indudablemente
es la mejor noticia que nos puedes dar y si me lo permites les leo la carta
recibida para que vayan teniendo conocimiento de todas las cosas.
Sacó Magdalena la primera carta, se la pasó al cura que la leyó
despacio y una vez terminada, hubo varias expresiones de alegría y
enseguida el yerno Carlos mostró su contrariedad porque no se le comentó
nada ya que su familia como fue adicta al régimen desde el principio, “no
como otros” y que si cuando volviera quería denunciar a alguien que allí
estaba él para ayudar.
No te preocupes Carlos que se hará lo que proceda, y hasta ahora lo
más conveniente es no meter a las familias en este asunto, además como es
un tema tan delicado, no se debe tratar con esa intención que tratáis los detu cuerda que solo veis amigos y enemigos y no es así – comentó con cierta
firmeza Magdalena.
Quizá Tomás y Miguel fueran los más ecuánimes y solo comentaron
que si era necesario hacer algo, lo que fuese que aquí estamos.
Con unos comentarios más sobre lo que unos y otros creían que
había que hacer y como se podía prever que pasaría con su padre dieron por
terminada la sobremesa, les volvió a recordar Magdalena que no se
hiciesen comentarios allá de que “parece que está bien y pronto vendrá”
que parece que ya hay bastantes bulos y comentarios y no creo que
beneficie en nada a vuestro padre.16 EL RESUCITADO
Después de firmar la documentación acreditativa de que la guardia
civil entregaba al retenido D. Andrés López a la policía de la comisaria de
la estación del ferrocarril, dos policías llevan al juzgado a D. Andrés; pero
como no disponían de vehículo se fueron caminando hacia el juzgado con
el compromiso de que no intentase fugarse para no esposarlo, pero
acordaron que a fin de no sobresalir mucho por la calle, fuesen solo ellos
tres; los abogados y acompañantes mejor que se desplacen como deseen
pero no en grupo.
Llegados al juzgado y después de por lo menos media hora de
antesala para ver al juez, les mandó pasar, pero solo con su abogado.
Sobre la mesa del juez había una carpeta abierta con bastantes
papeles que evidenciaban que el magistrado se había estado poniendo al día
sobre el caso; nada más entrar D. Andrés el juez exclamó: ¡Hombre D.
Andrés el resucitado! Pues ya tenia yo ganas de conocerle, ¡ con las cosas
que he oído contar sobre usted!, así que como preveo que la conversación
puede ser larga, lo normal es que yo lo enviase a San Marcos como
preventivo hasta que después de informado tomase una decisión, pero es
que en principio tampoco considero que debiera usted estar detenido, así
que…..-y quedó el juez un momento pensativo.
Señoría con la venia! -Dijo el abogado- Como D. Andrés no vive en
la capital para imponerle algo como un arresto domiciliario, y realmente
este señor ni tiene intención alguna de fugarse, ya que de lo contrario no
habría venido voluntariamente, y que lo que desea es irse cuanto antes con
su familia, si a su señoría no le parece mal, que se quede como retenido a
su disposición en el domicilio de alguno de sus amigos, o en el mío propio,
que saldremos como fiadores y avalistas mientras su señoría realiza los
tramites que tenga por oportuno para tomar su decisión que sin duda por
parte de éste abogado asesor, que no defensor, su decisión será favorable a
que D. Andrés se vaya a su casa con su familia que es al fin y al cabo lo
que ha querido siempre, ya que como su señoría sabe de su casa fue sacado
con alevosía y nocturnidad por parte de las hordas marxistas con la
intención de fusilarlo como hicieron con los demás en aquella ocasión.
En el semblante del juez se pudo observar que sin duda alguna le
habían puesto en bandeja la solución al problema que le había caído
encima.
Mandó pasar el juez a los demás acompañantes de D. Andrés y les
dijo: Bueno señores, como no considero necesario el envío de este señor al
calabozo en espera de aclarar diversos puntos, si alguno de ustedes desea
que esté en su domicilio, no tengo inconveniente en que una vez firmadoslos avales correspondientes se quede allí a disposición de este juzgado
hasta que se tome la decisión definitiva sobre su asunto.
No tenga duda señor juez, que en mi casa siempre tendrá un lugar mi
amigo Andrés, además de que en casa del presidente del Colegio de
Médicos, el compañero Andrés siempre será bien recibido, y si le son a su
señoría suficientes avales una vez firmada la documentación necesaria allí
estará a su disposición, -comentó el presidente del colegio-
Bien – contestó el juez – pero con la condición de que no podrá
abandonar el domicilio y se personará en este juzgado siempre que sea
requerido, así que salgan y esperen fuera a que el oficial prepare los
documentos y una vez firmados pueden irse.
Muchas gracias señoría no dude que así se hará – contestó el
presidente del Colegio de Médicos.
Llamó el juez a su secretario y le ordenó que preparase un a
providencia para que D. Andrés López pasase al domicilio del presidente
del Colegio de Médicos, donde quedará a disposición de este juzgado, para
las aclaraciones que sean menester, y cuando lo firme yo se lo pasas a la
firme del interesado y del presidente y que se vayan.
Una vez terminados los trámites se dirigieron todos al restaurante El
Besugo a celebrarlo con una comida a la vez que se enviaba un propio al
pueblo a que diese la noticia a la familia.17- LA PATATA CALIENTE
A la caída de la tarde en el despacho del Gobernador Civil y Jefe
Provincial del Movimiento, se encuentran reunidos con el titular el
inspector de la brigada social de la policía, el delegado provincial de
Falange, y el juez, que al no tener decano nombrado hacía las veces de jefe
de la judicatura provincial, y un poco más tarde se incorpora el fiscal jefe
provincial, a fin de decidir que hacer con D. Andrés, ya que todos estaban
de acuerdo que el caso como decía el juez era una “patata caliente” primero
por lo inusual, y por quienes estaban ya enterados del caso, por los
contactos que tiene el médico, etc. etc. había de ser tratado con sumo
cuidado, además dijo el juez que había estado hablando por teléfono con su
colega de Vigo y le había aconsejado que tuviese cuidado, ya que él al ver
como en Vigo se habían desarrollado las cosas, había hablado con su jefe
de Madrid, y que solo rápidamente le contestó con un “carpetazo y no te
metas” y es lo que hay.
El inspector de policía y el delegado de falange querían que pasase
una temporada en San Marcos, ya que si era verdad todo lo que se decía él
no había hecho nada contra el régimen, pero tampoco tenían motivos para
creer que era un adicto y además alguno de sus amigos de aquí no son
precisamente muy afines a la causa aunque hayan desempeñado o estén en
cargos, han sido investigados como sospechosos de algo.
Observaba con cierta incomodidad el gobernador como se estaba
desarrollando la reunión y preguntó al juez: ¿ Tu tienes posibilidad de dar
carpetazo al asunto? Asintió con la cabeza el juez, y el delegado de
Falange protestó de forma airada diciendo: ¡no puede ser, creará un
precedente! Y todos sabemos que en la montaña las operaciones de
limpieza no han terminado.
Tocó el gobernador el botón de llamada de su mesa y asomó el
secretario, y a una señal se acercó a la mesa del gobernador que le entregó
una nota que decía: “que vengan de inmediato el director de Proa y el de la
Hoja del lunes, y dentro de unos minutos entra y nos invita a un café”,
llévelo a cabo, -dijo el gobernador – y el secretario salió sin más palabras.
Continuó la reunión sin acuerdo ya que el policía mantenía la opción
de San Marcos por lo menos hasta que se investigase algo más, ya que a él
le parecía que estaba todo tan cuadrado que parecía hecho a posta.Unos momentos más tarde entró el secretario y dijo: Con su permiso
señores, ¿desearían tomar un café o algo? Y fue tomando nota de la
comanda a la vez que al gobernador le hacía una casi indetectable seña
afirmativa como si aquello fuese una partida del mejor mus.
En unos minutos trajeron los cafés y el resto de lo pedido, y se hizo
un paréntesis en la reunión motivo por el que se disipó la creciente tensión
que se estaba produciendo con esa diferencia de posiciones que temía el
gobernador que en algún momento el asunto derivase por derroteros que
no le convenían a nadie.
Pasada una media hora asoma el secretario con un camarero a
recoger el servicio e informar con otra imperceptible seña que ya los
directores de los periódicos estaban allí.
Se retiran con el servicio y al momento asoma el secretario solo le
dió tiempo a decir: Perdonen, y ¡Que pasen! -Dijo el gobernador –
Entraron los directores de los dos periódicos que se publicaban en la
provincia, lo que produjo gestos de desaprobación de algún asistente.
¡Escúchenme bien señores! – dijo el gobernador – pero de una forma
que sonó a orden, y dirigiéndose a los recién llegados preguntó ¿Conocen
ustedes el caso de D. Andrés López? Asintieron los dos y el director de
Proa dijo: ¿Se refiere al desaparecido arriba en ese pueblo de la ribera? El
mismo -contestó el gobernador – bueno pues “ni ha existido tal caso, ni tal
desaparecido” vamos que para ustedes no ha existido ni tan siquiera D.
Andrés López, ¿Me han entendido? Bien pues ya pueden irse y muchas
gracias por su colaboración en el pasado en el presente y en el futuro.
No lo dude señor Gobernador que así se hará – dijo el director de
Proa – y salieron los dos periodistas del despacho.
Y ustedes dijo refiriéndose al inspector de policía y al delegado de
Falange, como están para llevar a cabo lo que se les encargue, nadie les va
a encargar nada sobre un caso que no existe, ni creo que existirá, así que
pueden retirarse y muchas gracias por su colaboración.
El tono de orden con el que les sonaron las palabras del gobernador
les hizo levantarse de sus asientos y salieron del despacho con un “buenas
tardes y cerraron la puerta por fuera.
Quedaron solos el gobernador el juez y fiscal y habló el gobernador:
¿Como se puede enfriar esto? – dijo dirigiéndose al juez – que después de
pensarlo un poco comentó: Cabe que lo envíe a su casa mediante una
providencia ordenándole que
mientras
se le facilita la nueva
documentación se mantenga en su pueblo a mi disposición por si hiciese
falta alguna diligencia, y como no hay fechas el tema puede durar años, y
en lo referente a la fiscalía como no hay caso, no es necesario que fiscalalguno defienda los intereses del Estado, y en cuanto a usted señor juez
nadie va a preguntarle nada sobre este asunto ni a denunciar desaparición
alguna de D. Andrés, pues que sigan las cosas como están y con esto creo
tener el asunto resuelto sin que nadie diga una palabra más alta que otra, y
yo guardaré el expediente en espera de otros tiempos, que el hombre ya
también va siendo mayor, y eso sí que tendré que hablar con D. Andrés y
su abogado y aclararles las cosas que conviene hacer como buenas para
todos.
Pues no se hable más del asunto, que por mi queda olvidado, y ya le
pasaré orden a la guardia civil, que no les moleste más que ha quedado
todo arreglado, y todos de acuerdo, -comentó el gobernador.
Dejó pasar el juez una semana antes de llamar a D. Andrés a su
despacho y cuando junto con su abogado y con el presidente del Colegio de
médicos, que es en el domicilio donde se encontraba el médico, el juez
tomó la palabra y dijo: Bueno D. Andrés mucho me temo que se acabó su
peregrinar, su caso es de lo más extraño, pero no veo nada que sea para
proceder en su contra, así que en este momento están redactando una
providencia para usted, indicándole que estudiado su caso estamos de
acuerdo en que permanecerá en su pueblo, hasta que por parte de las
autoridades le sea expedida nueva documentación; otra providencia para el
gobernador para que proceda a dar las órdenes pertinentes para que le sean
expedidos dichos documentos, y otra para la guardia civil de la zona,
informándoles de su situación y que está autorizado por mí a desplazarse
solo por la provincia tanto en cuanto no le sea entregada la nueva cédula,
que a través de ellos le llegará a usted. Esperen en la antesala y el oficial se
la pasará a la firma y pueden marcharse a su casa, y esperemos que las
cosas vayan lo mejor posible para todos, y muchas gracias por su
colaboración.
Se levantaron todos y al salir del despacho D. Andrés el último se
le acercó el juez y tomándole del brazo casi al oído le dijo: ¿lo ha
entendido? Nada de fiestas, ni de comunicaciones, ni de comentarios con
nadie, no conviene a nadie ya que usted solo existe físicamente, ¿de
acuerdo? Comprendido señor juez, comprendidas las dos cosas, lo que
me ha dicho y lo que me ha querido decir, no se preocupe que así se hará,-
contestó D. Andrés – y salió del despacho.18 LA VUELTA A LA VIDA
La llegada de D. Andrés al pueblo ya casi no fue una sorpresa para
nadie practicamente, ya que no solo la familia había sido avisada, si no que
también se había cruzado con algún conocido en el trayecto desde la
estación a los juzgados, y en el restaurante, donde era bastante conocido,
con lo que la noticia estaba bastante extendida.
Nada más llegar a casa, saludar a la familia, sobre todo a las dos más
pequeñas, fue pasando a saludar a D. Agustín y algunos amigos más, y se
notaba en el pueblo cierta rareza en el ambiente y es que la guardia civil,
que también sin duda se había enterado de los rumores, había desplazado
una pareja que patrullase por la zona por si se producía algún disturbio, y
generalmente siempre que aparecía por allí la guardia civil la gente salía a
la calle lo menos posible.
Pasaron los primeros días y fue D. Agustín el que en la misa del
domingo, transmitió el agradecimiento de la familia por el interés
demostrado y las atenciones recibidas, y de muto propio, les pedía que
entendiesen que debía descansar ya que estaba algo quebrantado de salud, y
ya de paso lo que mejor se podía hacer, era no hacer comentarios ni cábalas
sobre lo que había pasado, ya que en los tiempos que corren lo mejor es
que las cosas pasen desapercibidas.
Así y todo aunque D. Andrés procuraba salir de casa lo menos
posible, siempre paraba unos momentos con cada vecino que se encontraba
sobre todo durante la primera temporada, que después se fueron haciendo
habitual los encuentros y las cosas seguían como siempre.
Poco a poco se fue haciendo D. Andrés cargo de las cosas de la casa
como el control, de los medios, de los animales, de las ventas y de las
compras que eran necesarias, para lo que muchas veces tenía que parar
unos minutos a descansar ya que los ataques de asma ya empezaban a hacer
mella en su salud.
También llegaron de fuera del pueblo bastantes amigos que según se
enteraban de que había regresado pasaban a darle un abrazo y charlar un
rato al calor de un buen vaso de vino.Las cosas en el pueblo igual que en la capital y en el país empezaban
a asentarse y aunque faltaban muchos suministros; se había creado por
parte del nuevo gobierno el control de los productos y para eso en todo el
pais se había implantado una cartilla de racionamiento individual de varios
niveles que tenía unos cupones que autorizaban la compra de productos
básicos, y regulaban la cantidad y frecuencia, según el tipo de persona o
familia, y que recortaban al comprar los establecimientos autorizados, que
naturalmente siempre eran sus propietarios personas adictas al nuevo
régimen, por lo que el control de los productos en las tiendas y fielatos en
las entradas y salidas de los pueblos grandes y de las capitales era bastante
fuerte.
A la par funcionaba en el país lo que se denomina en todo el mundo
mercado negro, que aquí se le llama “estraperlo” donde siempre se podían
encontrar productos que en los comercios o no había o estaban a unos
precios prohibitivos, para de una u otra forma ir consiguiendo matar el
hambre, que se decía.
Así fueron pasando los primeros meses, y fueron llegando y
creciendo los primeros nietos, que aunque cada familia vivía en su casa
cuando era necesario efectuar tanto las tareas de labranza como del cuidado
de los ganados, los niños pasaban a ser cuidados en la casa grande por los
abuelos.19 AUMENTA LA FAMILIA
Una vez pasada la primera temporada en la que todo el mundo se
sorprendió con el caso de D. Andrés, volvió la rutina de las tareas de cada
época, ya ni la guardia civil se pasaba por la casa grande más que de vez en
cuando a preguntar como marchaban las cosas y de paso se invitaban a
merendar ellos mismos, y es que eran épocas de escasez para todos.
Llegó a la familia Fernando hijo de Marina y Luis, y como al año
siguiente llegó otro nieto, Alberto hijo de Matilde y Miguel que aunque
había nacido en el pueblo de su padre, volvieron a instalarse en la casa del
pueblo. Casi un año más tarde llegó la primera chica, Josefina, hija se
Asunción y de Carlos, y aquello fue cambiando bastante el ambiente de la
casa grande, ya que a la vez la salud de D. Andrés se iba deteriorando
bastante, y las medicinas no era mucho lo que le aliviaban, por lo que
llevaba una vida bastante sedentaria.
Fueron pasando los meses y como todo en la vida, ocurre lo del
dicho andaluz, “Cada mochuelo a su olivo” y como en la casa grande lo
único que variaba era que la jarca iba creciendo, llegó Jaime hijo de Lucia
y Seve, los demás ya iban empezando a corretear, por el portalón bajo la
observación del abuelo Andrés que sentado en la salida al corral con las
puertas grandes de la calle cerradas, digamos casi que apacentaba aquella
pandilla mientras la gente mayor se ocupaba de las labores del campo, y de
sus trabajos con los que cada familia procuraba ganar lo suficiente para que
a pesar de ser tiempos de dificultades no faltase por lo menos lo
imprescindible cada día.
Con la reaparición de D. Andrés creo que realmente empezó a pasar
la factura moral a cada uno de la familia, las duras situaciones
anteriormente vividas; Magdalena ya mandaba con menos ímpetu y le
resultaba cada vez más difícil aunar los esfuerzos para que aquella
amalgama de hijas, yernos, nietos y marido que necesitaba cada día más
atenciones a su salud, era un trabajo que la desbordaba cada día más.Las visitas a la capital fueron espaciándose cada vez más y las
visitas de los amigos también fueron disminuyendo, y es que en todas las
familias digamos que estaban llegando las consecuencias morales, o lo que
es lo mismo, estaban pasando factura las situaciones vividas en una larga
guerra civil de tres años y de una postguerra que durante las cuales se dió
rienda suelta a los más bajos instintos de las personas, unos hacia otros y
todos con la permisividad más o menos encubierta de las autoridades que
no perdían ninguna ocasión de ejercer de ganadores, de una contienda que
solo trajo al país muerte y destrucción y situaciones que crearon tantas
heridas y humillaciones que seguro tardarán más de cien años en que se
pasen a la situación de historia, pero de una historia fría, que al leerla o
enseñarla en las aulas no provoque más que sentimientos de rechazo hacia
los motivos que la provocaron, y el olvido y perdón de las consecuencias
familiares que se produjeron, y pasen a ser pasajes como las guerras
púnicas, la guerra de la independencia o las guerras carlistas, que estudien
las futuras generaciones, y ojalá sean capaces de que la forma de ir
enseñando esos pasajes, solo consiga que el alumnado, tenga más o menos
claros los motivos para que no se vuelva a caer en los mismos errores que
provocaron aquellas situaciones.
Fueron años en los que se trató dentro de las familias de cerrar,
(aunque muchas veces fue en falso) las heridas sufridas
en esa época y la familia de Magdalena no fue una excepción, aunque ella
seguía a cargo de casi todas las cosas de la casa, cada vez le costaba mayor
esfuerzo controlar aquella mesa, en la que también se iban espaciando las
sobremesas, donde ella preguntaba por las cosas a unos, por los asuntos
encargados a otros, o mandaba callar a algunos cuando las situaciones
derivaban hacia asuntos o noticias que no convenían a la familia.
Las situaciones eran verdaderamente en algunos aspectos bastante
desalentadoras y difíciles ya que la salud del abuelo Andrés se deterioraba
rápidamente, además de que entre las nuevas familias empezaron a surgir
las diferencias y las enemistades casi siempre por asuntos económicos, que
aunque se mantenían las formas, ya que el respeto que imponía Magdalena
y la atención que necesitaba D. Andrés frenaban muchos roces; así que con
todo esto las sobremesas también se fueron espaciando.
También llega a la familia otro pequeño, Jesús segundo hijo de
Matilde y Miguel.20 LA VISITA DE LA PARCA
Siempre se ha dicho que cuando el tren de la suerte descarrila no se
puede controlar la desgracia, y a Magdalena le volvía a aparecer en el
horizonte y con bastante rapidez otra dura situación, así que pasados unos
casi cuatro años desde la reaparición de D. Andrés su salud empezó a dar
síntomas irreversibles de que su humanidad llegaba a su fin, cosa que llegó
después de unas cuantas semanas de auténtico sufrimiento para todos.
Efectuadas las despedidas y funerales a los que asistieron multitud de
personas, y pasados los días de duelo, se procede a efectuar todos los pasos
que invariablemente son necesarios cuando desaparece un familiar,
Magdalena ésta vez sí que se queda viuda de verdad, y en la casa se queda
sola con las dos hijas menores que todavía eran jóvenes y estaban solteras.
Reparte Magdalena como era de ley las propiedades que por herencia
correspondían a D. Andrés, entre todas las hijas, y puede comprobar que al
sentarse a la mesa, ya no eran más que cinco familias distintas además de la
suya, con sus intereses particulares, con sus intereses hasta políticos de
algunos, y es que la guerra y sus consecuencias no eran iguales para cada
uno de sus yernos, mucho le costaba hacerse respetar en aquel grupo, y ella
decía que parecían una jauría de lobos a ver quien se adjudicaba la mejor
parte, varias y duras reuniones costó el asunto.
La casa se quedó con las partes de las dos solteras y las propiedades
que por herencia correspondían a Magdalena, que no eran pocas, y claro
está que necesitaban manos para trabajarlas y ella en su estado, que se iba
haciendo mayor y perdiendo brío, optó por recortar al máximo las labores y
actividades, ya que con las chicas y el apoyo que le podían dar Matilde y
Miguel, no se podía con todo, así que optó por una pequeña labranza que
les permitía con su trabajo vivir holgadamente a las tres.
Así comenzaron unos años, en los que si bien “sobraba mesa” como
decía ella, ya que para un par de veces que al año llamaba a las familias,
por una causa o por otra había muchos huecos vacíos; es que cuando el
cáncer de los intereses económicos entra en una familia las cosas varían de
rumbo una barbaridad.A la vez también en el país las cosas se iban asentando aunque
pagando muchas familias el alto precio de la cárcel y de los juicios
sumarísimos de los que se sabía la sentencia antes de terminar la vista.
En el pueblo D. Agustín como era una persona de bien tampoco le
gustaban muchas de las cosas que pasaban y en muchas ocasiones no lo
podía evitar, pero siempre estaba al tanto de las necesidades, de frenar
situaciones antes de que los enfrentamientos llegaran a más; o si llamaban a
declarar a algún vecino, al cuartel de la guardia civil, rápidamente salía
hacia allí a ejercer de intermediario, y de lo que las nuevas autoridades
llamaban “reeducación e información social” no tuviese más
inconvenientes, y es que todavía por la montaña quedaban varios reductos
de excombatientes o maquis” que les decían y que no eran
Más gentes de las zonas que habían quedado descolgados al final de la
contienda y que malvivían por los montes con el apoyo de algunos
familiares, amigos, y algunos contactos clandestinos que quedaban, pero
era más el miedo a lo que les podía pasar si los detenían, aunque fueron
desapareciendo unos caían en las refriegas con la guardia civil y alguno
consiguió llegar a la frontera francesa.
También tenía buena tarea D. Agustín tratando de apaciguar los
ánimos de más de una familia que como se sentían ganadores de la
situación querían aprovecharse de ella, y allí estaba D. Agustín para poner
mediación en el asunto.
Fueron en la zona desapareciendo las necesidades más perentorias, y
para algunas familias el hambre, sobre todo en las de algunos de los
perdedores de la contienda; las minas daban trabajo a mucha gente, así que
entre lo que producían las huertas familiares y lo poco que se ganaba en los
trabajos mejoraron las cosas bastante, y si bien las necesidades no
desaparecían por lo menos eran menos imperiosas.
Todavía estaban cercanos los recuerdos de las situaciones vividas
con la desaparición de D. Andrés, o sea que como era costumbre en la zona
se guardaba luto más de un año, luto que consistía en que las mujeres de la
familia vestían de negro, y los hombres, con un lazo negro cosido en una
manga de las prendas exteriores, ya fuera chaqueta, abrigo o gabardina. A
partir de ese tiempo se pasaba a unos meses o un año que se llamaba de
“alivio” en el que las ropas de las mujeres iban pasando del negro al gris, y
en los hombres iba desapareciendo el lazo de las mangas, después ya se ibapasando a otros colores no muy llamativos, con lo que entre unas cosas y
otras los duelos venían durando cerca de tres años.
Casi sin terminar la temporada de “alivio” por la muerte del abuelo
Andrés, vuelve a descarrilar el tren de la suerte de la familia, en forma de
una grave enfermedad de Seve, el marido de Lucía, hombre joven que en
poco más de un año se lo lleva la Parca.
Acusa bastante la familia el golpe recibido por el caso y sobre todo
por la decisión de Lucía de no quedarse a vivir al amparo de Magdalena, y
decide marchar con su hijo a la cuenca minera donde se pone a trabajar en
los lavaderos del carbón, que era el único sitio en el que se admitía a las
mujeres a trabajar, esta decisión dañó bastante la moral a Magdalena que
pensaba que una hija suya no necesitaba hacer tantos esfuerzos para sacar
adelante a su hijo, pero se veía que Lucía había heredado el carácter
indómito de su madre.
Aunque se inicia un periodo de cierta tranquilidad en la casa grande,
nunca ya Magdalena mostraría la actitud que siempre la había caracterizado
y ya había cosas en las que no manifestaba ni siquiera su opinión, y en
muchos casos simplemente dejaba hacer sin más, actitud que siempre fue
aprovechada por alguno de sus yernos.
Como el reloj del tiempo no para nunca, también las hijas solteras de
Magdalena empezaron a integrarse y formar parte del numeroso grupo de
mozas jóvenes que por aquel entonces había en el pueblo, y aunque se
trabajaba en las labores del campo, en las épocas de baja actividad, las
mozas que tenían inquietudes como eran las hijas de Magdalena aprendían
corte y confección con una modista de un pueblo cercano que tenía una
especie de academia al uso.
Como también las cosas iban mejorando se reabrió en el pueblo el
salón de baile donde se divertían y relacionaban los domingos por la noche
la gente joven del pueblo y de muchos pueblos de la zona.
Como siempre las hijas de Magdalena tenían mucha referencia entre
los mozos de los alrededores, solo hay que ver que entre los siete yernos
que tenía solo dos eran del pueblo.
En esa época era Carmen la que ya estaba en edad de pensar en el
futuro, y como era normal empezó a mirar con otros ojos a un chico de un
pueblo de la montaña, que se llamaba Juan y que después de una relaciónno muy larga se casaron y fijaron su residencia en el pueblo de Juan, con lo
que en la mesa de Magdalena había otro hueco más; para afrontar la nueva
situación se volvieron a rebajar las actividades de la casa, y prácticamente
las labores de labranza se limitaron a unas huertas cercanas a la casa, con
buena forma de regadío, y que era suficiente para que con la poca ayuda de
Matilde y Miguel daba lo necesario para vivir bien madre e hija que según
pasaba el tiempo ya rebasaba la adolescencia, era toda una moza de
carácter fuerte y con cierta arrogancia, y además como se sentía apoyada
por su cuñado Miguel, chocaba bastante con el resto de la familia y
sobretodo con los mozos que se acercaban a ella.21 EL TROSKY
El Trosky en esta época, como ser, era un perro, era un mastín
mezclado, pero inteligente a más no poder, y fiel a la familia como ningún
miembro de ella, por muy listo que algunos se creyeran; así que tiene por lo
menos para mí entidad dentro de la familia como para tener un capítulo
aparte.
Nunca se pudo saber el por que de llamarle Trosky con las
connotaciones políticas que tenía el nombre, y en los años después de la
contienda civil más todavía, aunque a la mayoría de la gente no le llegaran
los conocimientos de cultura política para asociarlo al dirigente ruso, pero
muchos años más tarde contestó Magdalena a esta pregunta con un “dejalo
que el abuelo en aquel entonces tuvo un buen motivo para bautizarlo así” y
se dió por terminado el tema.
Siempre se relacionó el nombre del perro con motivos cercanos a la
política, aunque ya en tiempos de la república, cuando los dirigentes se
creían cercanos a Rusia, D. Andrés nunca quiso aceptar ningún cargo
político aunque varias veces se lo propusieron, con lo que a ojos de algunos
lo consideraban no muy afecto, lo que en aquellos tiempos casi era ser
sospechoso de lo demás, aunque su perro tuviese un nombre tan
políticamente significativo.
Como en la niñez parece que el tiempo no pasa nunca, realmente
fuimos creciendo y junto con varios vecinos los nietos de Magdalena
formábamos un grupo que, cuando los mayores se iban a sus labores, y ya
solo estaba la abuela, para controlar a la pandilla, ni que decir tiene que una
vez que se empezó a salir a la plaza a jugar, la abuela miraba de vez en
cuando, ya que el ruido que se formaba era suficiente para saber que no
estaba lejos la jarca, pero el que estaba de pastor era el Trosky, se sentaba
al lado de la presa de riego que es grande y teníamos prohibido meternos en
ella.
Para los chicos ya se sabe que siempre lo prohibido es una tentación,
así que cuando alguno se acercaba demasiado a la presa de riego,
rápidamente se ponía delante del atrevido y con unos sonoros ladridos
zanjaba el asunto además de que eso avisaba a la abuela de que alguno de
la cuadrilla estaba haciendo algo que no debía, e invariablemente a ver
quien había sido para aplicarle el correctivo.Según la jarca fue creciendo también fue creciendo el radio de
alejamiento de la casa para jugar, y en los veranos había dos puntos
prohibidos, el bañarse en el rio sin que un mayor estuviese presente y el
acercarse a la vía del tren.
Había una zona en el rio con un remanso muy apto para el baño y
que al tener una roca en el centro que sobresalía, hacía de trampolín, con lo
que resultaba muy atractivo, así que con permiso o sin el allí iba la pandilla
a bañarse; como en una zona al lado del trampolín había un “remolino” o
torbellino pequeño, que si le tirábamos un trapo, lo absorbía y salía unos
metros más abajo, con lo que todo el mundo tenía claro que no debía
acercarse allí, hasta el Trosky tenía su imaginaria línea de seguridad, y si
alguno intencionadamente o no se acercaba a la zona, saltaba el Trosky al
agua y entre ladridos y empujones con su cabeza, alejaba de allí al osado
bañista. Claro está que al llegar a casa con la ropa seca y el perro mojado,
la cosa para Magdalena estaba clara “ya os habéis bañado desnudos en el
pozo” así que por lo menos al que pillaba le enseñaba el sentido de la
obediencia con la zapatilla.
En cuanto al acercamiento a la vía del tren, la función del Trosky era
parecida; se hacían con alambres unas figuras o lineas onduladas que junto
a las chapas de cierre de las botellas de gaseosa o de cerveza se colocaban
sobre los raíles del tren y cuando éste pasaba los aplastaba con las ruedas y
ya teníamos material para fabricar juguetes o pulseras.
Así que siempre que se creía oportuno allá iba la pandilla seguida
claro está por el Trosky, que mucho antes de que por nuestra parte se
sintiera la llegada del tren, allí estaba el Trosky que con sus carreras,
ladridos y empujones, no dejaba acercarse a nadie, ni siquiera al balasto
que forma la caja de la vía, hasta que pasaba el tren aplastaba las cosas y
todos tan contentos.
Esto en cuanto a los tiempos, digamos de paz, que a decir de los
mayores, cuando durante la contienda civil, ya mandaban los que la
ganaron, como D. Andrés para ellos tampoco era “muy de fiar” vinieron a
buscarlo varias veces pensando que estaba escondido en la casa asi que
tanto los falangistas como la guardia civil con sus registros y los militares
con sus requisas y “compras”, nadie sabia cuando, pero minutos antes de
que llegasen el Trosky manifestaba con su inquietud y ladridos que algo
podía pasar, y se procedía esconder lo que fuese necesario así que había
que actuar rápidamente, y cuando llegaban, estaba el Trosky sentado como
en actitud de defensa delante de cualquier otro departamento o local pero
distinto al que estaban escondidas las cosas.Si se acercaba a inspeccionar algún guardia el perro se levantaba y se
alejaba un poco, emitiendo unos ruidos que no llegaban a ladridos como si
murmurara por lo bajo y lo habían descubierto, así que ese era el local o
departamento que más revisaban, y nunca encontraban nada de lo que
creían que allí estaba escondido, y como casi nunca eran los mismos
guardias pues la cosa funcionaba bastante bien.
Como todos, niños y perro se fueron haciendo mayores, a la vez que
los tiempos eran ya más tranquilos, los chicos a la escuela, y el perro cada
vez mas limitado en su poder físico, ya la pandilla ni existía y el Trosky
acabó sus días en la paz de la casa grande cuando en ella ya solo vivía
Magdalena.22 LA CENCERRADA
Durante la época del luto por el abuelo llegó a la familia Jesús que
era el segundo hijo de Matilde y Miguel, y comienzan unos años de
estabilidad en los que las cosas se iban sucediendo con una monotonía que
parecía que no pasaba el tiempo, ya que para la familia de Magdalena solo
estaba como hecho destacable la boda de Carmen y Juan, y no mucho
tiempo después tuvieron a Angelina, que como no vivían en el pueblo no
alteró para nada la vida de la casa ya que la relación consistía en alguna
visita que unos y otros se hacían entre si.
Miguel se integra como capataz en una gran obra de carácter militar
que se comienza en la zona, y a la que también se integra el yerno Carlos.
La referida obra atrajo a numerosas gentes de otras zonas, lo que alteró en
gran medida la vida del pueblo, ya que muchos hombres llegaban con sus
familias, y los problemas de vivienda fueron bastante grandes, y se fueron
colocando en pueblos cercanos, así y todo fue necesario construir unas
viviendas, en terrenos del centro de trabajo para poder alojar a los hombres
que no tenían familia, o sea un barracón tipo militar dividido en
departamentos individuales con servicios comunes.
Otro acontecimiento nuevo le ocurre a Magdalena, y es que Lucía
decide casarse en segundas nupcias con Marcial, un compañero de
trabajo y con el que tiempo más tarde tienen una niña, Isabel, pero que
fueron acontecimientos que no tuvieron eco ninguno en la familia ya que
en ese tiempo las relaciones con Lucía pasaban por una época de
enfriamiento.
Continuaba el paso del tiempo, y también Rosa la única hija de
Magdalena que quedaba soltera, empezaba a entrar en edad de que fuese
atractiva para los mozos tanto del pueblo como de los demás pueblos de la
zona, motivo por el que le cayeron a Magdalena varios disgustos, ya que
Rosa creció con ciertas diferencias a las demás hermanas, tales como las
costumbres y modas de la época que variaban a un ritmo más rápido que
antes, también era sola y la pequeña, y era hija de quien era, sin olvidar que
también se sentía muy protegida de su cuñado Miguel que tenía cierto
predicamento por la zona, ya desde cuando de militar efectuaba las
compras y requisas para el ejército y ahora como encargado de la obra
militar, tenía a Rosa bastante amparada, así que todo esto unido al carácter
de ella que era bastante fuerte, era terreno bastante apropiado para las
discusiones y choques con los mozos, sobre todo en los bailes de los
domingos y fiestas de la zona, lo que generó hacia ella cierta hostilidad porparte de los mozos del pueblo, y más cuando se puso de novia con Félix un
chico forastero de un pueblo cercano.
Ya las reuniones en casa de Magdalena fueron prácticamente
inexistentes, ya que cada familia, iba funcionando individualmente como
sus circunstancias le aconsejaban.
A la vez que todas estas cosas pasaban, le surge a Magdalena un
nuevo problema, y que se ve desbordada a pesar del apoyo que le daban los
yernos Miguel y Juan, pero era un problema para el que no estaba
preparada, y es que un buen día Rosa, anunció que deberían de tratar de
convencer a su novio Félix de preparar la boda con la urgencia que su
situación requería; Aunque deslices así han ocurrido siempre, a Magdalena
a pesar de haber tenido tantas hijas y pasados tan malos tiempos y
situaciones, no le había ocurrido con ninguna, así que con sus más y sus
menos se prepara una boda casi que de circunstancias, entre Rosa y Félix
pero sin celebraciones al uso ya que nada más casarse emprendieron le
“viaje de novios” o luna de miel, que era la forma de celebración que
empezaba a ser habitual, o de moda, entre las familias de cierto poder
adquisitivo, y claro está que no coincidían con lo que Magdalena tenía
pensado para la última boda de la familia como era la de su hija pequeña.
Había en el pueblo desde tiempos inmemoriales la costumbre de que
cuando una chica del pueblo se casaba con un chico de otro lugar el novio
tenía que “pagar el piso” que no era otra cosa que invitar a los mozos del
pueblo a una juerga, o sea a una cántara de vino y el escabeche necesario
para todos, y ya entendían todos que el forastero era mozo del pueblo con
todos los derechos.
Como el novio de Rosa también tenía su carácter y había tenido
algún roce con algún mozo, tampoco estaba muy de acuerdo, y los mozos
que no se sentían bien, ya que alguno se había sentido rechazado por Rosa,
tanto en los bailes como cuando le habían pedido alguna relación, estos en
cuanto vieron que el novio no tenía muchas ganas de celebrar el tema con
ellos, encontraron que la ocasión de burlarse de la pareja estaba al alcance
de la mano, no quisieron más comentarios, así que a
preparar la
cencerrada, que era la consecuencia que tenía el no llegar a un acuerdo con
los mozos, ya tuviesen la culpa unos o los otros.
Consistía la cencerrada en que una vez que las vacas se recogían y el
rebaño de cabras y ovejas llegaba a casa a la caída de la tarde, unos mozos
quitaban a los animales los cencerros que más sonaban y otros con platos
metálicos o almireces, se reunían en un punto del pueblo y acompañados
por más jóvenes y mayores llegaban frente a la casa de la novia con susgritos “aturuxos y ajagueiros” a la vez que cantaban coplas como estas, con
su estribillo y todo para después de cada estrofa:
Estribillo:
Con la lata la lata venimos,
con la lata, la lata, la lata,
con la lata nos divertimos.
Tienes abrigo de pieles
y encima compraste otro,
pero no tienes dos duros,
para darnos a los mozos.
Estribillo
Como no quieres a nadie,
de este pueblo y lo sabías,
que si no pagan el piso,
cencerrada que tenías,
Estribillo
Aunque te has ido de viaje,
te lo contarán un día,
que con este mismo plan
seguiremos nueve días
Estribillo.
Estas coplas y alguna más del mismo tono, que como es de suponer a
Magdalena no la hacía ninguna gracia, tener delante de su casa durante un
rato aquella situación durante tantos días, así que con lo que ella seguíasiendo en la comarca y el apoyo de su yerno Miguel, fue la guardia civil la
que “aconsejó” a los mozos más exaltados a que era conveniente que la
cosa se acabase por el bien de todos, así que la cencerrada se acabó a los
pocos días de empezar.
Unos años convivieron en la casa grande con Magdalena su hija
Rosa con su marido Félix y con su primer hijo Santiago. También llegó por
esa época Julián hijo de Carmen y Juan.
Con el paso del tiempo Magdalena que ya se ve mayor cree que debe
repartir sus propiedades entre sus hijas,lo que comunica para que se
efectúen las correspondientes partijas, y no tiene en cuenta, no se sabe si
por olvido, que a la muerte de D. Andrés había hecho un testamento y no
se lo había comunicado a nadie, documento que aparece cuando fallece y se
solicita al ministerio de Justicia el certificado de últimas voluntades, y
como no coincidía con el reparto que en vida hizo fue necesario dejar pasar
el tiempo hasta que ese testamento quedase invalidado.
Comunica a la familia que ha dividido sus propiedades en dos partes
una que se repartirán entre las seis hijas casadas, y otra que será para Rosa
que será con la que pretende quedar a vivir el resto de su vida.
Surgen bastantes desacuerdos y además no están todas las familias
presentes ya que la de Matilde vivía en otra provincia y la de Lucia
tampoco se presentó. Pero como eran sus propiedades se lo podía dejar a
quien quisiera y como quisiera, y como la parte que dejaba para repartir
entre las seis hijas cubría con creces lo que podía ser la contemplada por las
leyes como “Legítima” pues nada que objetar, así que a repartir, cosa que
tampoco se hizo muy equitativa ya que al no estar todos y que entre los
repartidores también había intereses particulares, así que después de
muchas reuniones las hijuelas no fueron nada equitativas pero así quedaron
y cada hija cuando le pareció oportuno puso las propiedades a su nombre
en el Catastro y en el registro de la propiedad.
Rosa y Félix tienen otro hijo varón más, que falleció siendo
infante, y después llegó Moisés y más tarde llegó la niña Raquel con lo que
se completaban los once nietos que tenía Magdalena.23 EL OCASO
Comienzan Rosa y Félix a pensar que deberían establecerse en un pueblo
más grande, unos Kilómetros al norte ya que a él le venía mejor para su
trabajo en el ramo de la construcción, donde estaba asociado con otro en
una empresa, así que trasladan su domicilio allí, y va con ellos Magdalena.
En ese tiempo comienza Rosa a manifestar una grave enfermedad de
origen cardíaco. Todo esto provoca en Magdalena una situación de agobio
y ansiedad que siente que el trato hacia ella puede ser mejorable, ya es
mayor, y no era esa la forma de vida que en principio quería llevar, por lo
que se vuelve a la casa del pueblo donde vivirá sola el resto de su vida.
Como las situaciones duras nunca llegan solas, la enfermedad de
Rosa se va agudizando poco a poco hasta que no resiste más y fallece, lo
que para Magdalena es un gran palo moral, ya que una de las cosas para las
que el ser humano no está preparado y le cuesta mucho admitir es para
sobrevivir a un hijo.
Ya en ese tiempo a Magdalena solo le quedaba en el pueblo su hija
mayor, Marina que también tenía sus problemas derivados de se marido
Luis que se quedó postrado en la cama hasta su fin, así que no fue de
mucha utilidad para ella.
Son tiempos en los que Magdalena ya acercándose a los ochenta
años, no eran buenos tiempos precisamente, se encontraba bastante decaída
de ánimos para hacer cualquier cosa, se entretenía con un pequeño huerto
en un rincón de la finca al lado de la casa, pero cuando su nieto Alberto que
la visitaba de vez en cuando, y que vivía en Madrid, ella le decía, que ya no
pintaba nada en aquella casa tan grande y sola, además que ya había vivido
bastante.
Por ese tiempo también la vida pasó su factura a D. Agustín, en
forma de una demencia senil, y que aunque estaba ya jubilado seguía en el
pueblo ya que allí le quedaban algunos familiares, asi que como era de
esperar cuando esa enfermedad ataca, perdió la memoria y paulatinamente
fue decayendo hasta que le llegó la hora de rendir cuentas al Altísimo como
él decía que en el valle de Josafat nos veríamos todos el día del juicio final.
Nunca padeció Magdalena ninguna enfermedad que necesitase
tratamiento médico más allá de algún que otro catarro, no tomaba ninguna
medicina, y posiblemente lo que al final padecía fuese una depresión,realmente en alguna visita le manifestó a Alberto, al ofrecerle éste que
podía ir a vivir a casa de Matilde y Miguel cuando lo desease que siempre
sería bien recibida, o a la de Carmen y Juan que estaba más cerca y
contesto que no se sentía con la libertad de ir para con ninguna hija, ya que
en el reparto de su patrimonio no lo había hecho con equidad, y había
beneficiado a Rosa en exceso, ya que el objetivo era otro, y no le habían
salido las cosas como pensaba.
Pocos años más tarde a la salida del invierno de 1.971 en una
apacible tarde de sol, se puso Magdalena a barrer las hojas secas de los
árboles frutales de la huerta, y como le pareció que estaban bastante secas,
arderían bien si les prendía fuego, que era lo que habitualmente se hacía
cuando en esa época se limpiaban las huertas para que cuando empezase a
crecer la hierba en primavera estuviese la huerta como es debido. A la
huerta solo se accedía desde el interior de la casa, ya que por la parte que
da a la calle había una tapia alta, que impide las vistas; solo queda abierta
la parte sur que linda con unas parcelas de huertas vecinas.
Encendió el montón de hojas y de hierbas secas y no se sabe si
porque le afectó algo el humo y le sobrevino algún mareo o por algún
ataque cardíaco que le haya podido dar, el caso es que cayó al suelo sobre
el montón de hojas y de hierba que estaba ardiendo, y no se pudo levantar
por lo que se fueron quemando también partes de sus ropas y a
continuación se fueron quemando parte de los brazos, piernas y cara, ya
que cuando la encontraron solo tenía esas partes quemadas, y nada que
evidenciase que había estado tratando de salir del fuego, aunque fuese
girándose sobre si misma.
El médico forense certificó que había sufrido un ataque cardíaco con
la consecuencia de muerte súbita y que era de la opinión que cuando
empezó a quemarse ya había fallecido.
En unas huertas cercanas estaban haciendo unos vecinos las mismas
labores de limpieza del campo y como hacía tan buena tarde pretendieron
quemar las hojas amontonadas allí mismo, y al no tener ni cerillas ni forma
de hacer fuego, vieron que Magdalena estaba quemando en su huerta ya
que veían salir el humo, así que se acercaron a la huerta con la intención de
que Magdalena les facilitase la forma de quemar sus rastrojos.
Se acercó el vecino y se encontró a la señora quemándose encima de
la hoguera, la retiró y pudo comprobar que había fallecido por lo que
procedió a dar aviso a las autoridades que actuaron según los protocolosestablecidos para estos casos, que después de cumplidos, ya la familia
preparó el sepelio enterrándola en su correspondiente lugar en el
cementerio y los correspondientes funerales en los siguientes días.
Terminó así una vida llena de situaciones nada corrientes, vividas en
unas épocas también bastante atípicas tanto en la familia como en el país y
también en el mundo, como fueron los primeros setenta y cinco años del
siglo veinte.ÍNDICE DE CAPÍTULOS
1…..LA NOCHE TRÁGICA
2…..SE DISPARÓ EL ASUNTO
3…..EL PAN DE LAS ÁNIMAS
4…..LA HABITACIÓN DEL MÉDICO
5…..LLEGAN LOS QUE VAN GANANDO
6…..LA VIDA DEL PUEBLO LIBERADO
7…..VA LLEGANDO LA TRANQUILIDAD
8…..MERCEDES
9…..PLAN DE REAPARICIÓN DE D. ANDRÉS
10…..EL ENCUENTRO
11…..ESTRATEGIA PARA UNA RESURRECCIÓN
12…..LA SALUD DEL MÉDICO
13…..LA RESURRECCIÓN DE D. ANDRÉS
14…..EL VIAJE A VIGO
15…..BULOS EN EL PUEBLO
16…..EL RESUCITADO
17…..LA PATATA CALIENTE
18…..LA VUELTA A LA VIDA
19…..AUMENTA LA FAMILIA
20…..VISITA DE LA PARCA
21…..EL TROSKY
22…..LA CENCERRADA
23…..EL OCASOLA
MESA
DE
MAGDALENA
Felipe Gato Gutiérrez