¡Oye Lucas! Tú ¿Cuantos años tienes? – Preguntó Nora acercándose con unos trozos
de pan duro a la valla que separa el camino de la pradera donde el caballo Lucas se
entretenía mordisqueando algún tallo de hierba fresca, a la vez que caminaba por el
prado tomando el sol y observando todo lo que pasaba en su entorno, así que nada
más ver a la niña con el pan en la mano se acercó a la valla.
Es que desde la atalaya de la Mazal donde se encuentra el prado en el que el
caballo Lucas pasa gran parte del año, ya que solo se recoge al pabellón que le sirve
de establo durante los meses más duros del invierno, y es que desde allí se puede
observar casi todo el pueblo.
Ya sé que los caballos no podéis hablar como las personas, pero también sé que
si os podéis hacer entender, casi como yo me entiendo con mis muñecos – comentó
Nora casi sin dar tiempo al caballo a contestar a la primera pregunta.
Y tu ¿quien eres niña? No te conozco -preguntó el caballo Lucas.
Yo soy Nora, y mi papá se llama Luis y mi abuela se llama Marisa – contestó la
niña.
¿Donde dices que vives? -preguntó Lucas.
No te lo he dicho, pero aquí vivo con mis abuelos en la casa de allá abajo junto
a la parada del autobús y el puente del rio, – dijo Nora.
¡Ah! Ahora ya se quien eres, es que no me gusta hablar con desconocidos.-
comentó el caballo Lucas-.
Verás niña, yo tengo muchos años tantos que conocí al abuelo de tu papá, –
contestó Lucas.
Y ¿no te aburres tu aquí solo? ¿no sales nunca? – preguntó la niña-
¡Despacio, niña despacio! Y las preguntas una a una, – respondió el caballo – y
para que sepas que no estoy solo, yo solo soy el único caballo que hay por estos
parajes de la Mazal. Pero por estos montes hay muchos animales, con los que
comunicarme, hay vacas, corzos, jabalíes y también están los perros de caza Luque,
Latona y Sultán, que son los perros que llevan a cazar el amo Roberto y el amo
Rubén, son los que están ahí arriba, y como tenemos una valla en común es en el sitio
donde nos pasamos muchos ratos contándonos nuestras cosas, es que ellos como
salen mucho a cazar y son tan divertidos, les ocurren muchas aventuras con los
cazadores.
Además aquí casi todos los días viene mucha gente a hacer cosas con los amos,
y también a visitar al ama Carmen.
Y también tengo un trabajo que consiste en vigilar, junto con los tres perros,
bueno en realidad con Luque y con Latona que son los que saben, es que Sultán es el
más pequeño y está aprendiendo,todos vigilamos si se acercan por aquí malas gentes, y entonces nos ponemos a gritar todos para que se den cuenta los amos.
¿También gritáis los caballos? – preguntó Nora – porque yo sé que el grito de
los perros es cuando ladran, pero no he oído gritar nunca a un caballo.
Bueno niña, nuestro grito se llama “relincho” y es muy fuerte, despierta a todos
si es por la noche, así que pueden dormir tranquilos que si pasa algo les avisamos.
Tápate los oídos con las manos y verás, – dijo el caballo Lucas, a la vez que se
daba la vuelta separándose un poco de la valla y mirando hacia el monte, emitió un
fuerte relincho, que pudo ser escuchado por todos los contornos, dejando a Nora toda
sorprendida, que le dijo: Gracias Lucas, yo no lo había oído nunca.
Y tu ¿Que haces por aquí niña? – preguntó el caballo Lucas-
Estoy unos días de vacaciones con mis abuelos, es que yo no vivo aquí, yo vivo
en La Eliana, que está muy lejos de aquí, está en Valencia, contestó Nora.
Oye Lucas ¿ tu no sales nunca de aquí? preguntó la niña.
Sí, algunas veces he ido con el amo Rubén a algún sitio, y también otras veces
si veo que está la valla abierta o no funciona el pastor eléctrico, salgo fuera y me
acerco a la puerta de la valla de los perros y con el morro levanto el cierre de la
puerta y salimos todos a correr por el monte y hacemos unas carreras muy divertidas.
Hablamos con otros animales que habitan por estos parajes, hasta que llega uno
de los amos y llama con un silbido y bajamos, bueno, primero bajo yo un poco
cabizbajo esperando que nos riña, es que ellos como son tres y va cada uno por su
lado, tardan más en llegar a la corrala, pero aunque siempre nos grita no se enfada
mucho y no hay castigo así que creemos que merece la pena volverlo a hacer en la
próxima ocasión que vea la oportunidad.
¡Ah! Se me olvidaba darte las gracias por las chuches que me has traído, que
el pan duro para los caballos es como las chuches para los niños, – comentó Lucas.
En ese momento la abuela Marisa bajaba las escaleras de la casa del ama
Carmen y llamó, ¡NORA!
¿Que haces? Ven que nos vamos.
Voy abuela, que estaba hablando con Lucas que es un caballo muy listo e
inteligente, y aunque no habla como nosotros sí que sabe hacerse entender, y dice que
conoció al abuelo de mi papá; verás abuela, y dirigiéndose al caballo Lucas le dijo:
¡Hasta otro día Lucas! Ahora tengo que marchar con mi abuela ya vendré otro
día para charlar un rato y te traeré más chuches – comentó Nora.
Se dio la vuelta el caballo y como si le hubiese entendido, salió a paso lento
alejándose de la valla en dirección a la sombra de unos frondosos árboles que hay
más arriba.
¿Ves abuela como ha entendido?, es que es muy listo y sabe mucho, – comentó
la niña-
Y preguntó: ¿Podré venir más días a ver a Lucas?
Si que vendremos más días y podrás verlo, así que cuando tu abuelo salga a
pasear coménteselo y verás como si os dais una vuelta por aquí, – dijo la abuela- pero
ahora vayámonos que se está haciendo tarde, y se fueron las dos alejando camino abajo
hacia su casa .
Olleros Agosto 2019
Felipe Gato