LA ROBLA CENTRO DEL MUNDO…
OLLEROS DE ALBA
Decía un ilustre premio Nobel que no es difícil hablar bien de lo que bien se considera, y cuando se trata de hacer algo sobre lo que uno considera favorablemente, la cosa marcha bien; y es lo que me pasa a mí con Olleros, aunque no sea la luz de su cielo la primera que vi al abrir los ojos a este mundo.
Ya en algún documento muy antíguo aparece en esta zona un Olaris situado cercano al camino que unía los castillos de Alba y Luna, allá por la zona de Valleoscuro, que se encuentra siguiendo el arroyo de San Martín por la ruta hacia Fontañán. A medio camino, en una estrecha garganta y sobre la parte superior de lo que llaman la peña del Moro está la braña de Castrillos, esta peña tiene las paredes verticales por el Sur y el Este,; después de unas pequeñas escabaciones hechas por mí (de las que desistimos al encontrar restos de granadas de la última guerra civil con el riesgo de que algunos fuesen peligrosas) se encontraron restos de muros de cimientos de lo que fue una torre o castillo de control y que parece ser que estuvo habitado allá en tiempo de los sarracenos. Además dicen los mayores del pueblo que en el fondo de las paredes de la peña se encontraban restos de vasijas y vasos de cerámica, lo que junto con los restos de casas muy antiguas, además de algún documento familiar encontrado al restaurar alguna casa, no ofrece dudas de que ya en la mitad del primer milenio existía Olleros.
Está Olleros situado en posición solana, sobre los 1.100 metros de altitud limitando al Norte con pueblos de la zona de Gordón, al Oeste con los del ayuntamiento de Carrocera, al Sur por los montes del Negrón (1.328m.) formados en la época del mioceno, con terrenos de La Seca; y al Oeste con terrenos de Sorribos en las zonas de la Gualta, Valmayor y la pequeña vega de colmatación a orillas del arroyo de S. Martín.
En el aspecto de la geografía humana, Olleros también es bastante singular; ya Casildo Ferreras Chasco en su estudio geográfico del Norte de la meseta leonesa, en el mapa II de las divisiones administrativas, coloca a Olleros como “Pueblo de jurisdicción sobre sí” separado del Concejo de Alba, y parece ser que hay algún documento antíguo que dice que alguna vez formó parte del Señorío secular del conde de Luna.
Andando el tiempo ya a partir del último tercio del siglo XIX la emigración se hace patente y documentada, básicamente hacia la Argentina; y ya en la primera mitad del siglo pasado, los hombres trabajaban en las minas de carbón tanto de La Magdalena como en las de la cuenca del Bernesga, y alguno en las cuencas mineras asturianas, más algún funcionario de Obras Públicas o dedicados al transporte, dedicándose las mujeres a las labores agrícolas y del mantenimiento del hogar.
Tiene el pueblo en estos años una economía de supervivencia bastante autosuficiente con la agricultura hortícola trabajada con vacas y un buen rebaño de ovejas y cabras atendido por un pastor contratado, o de vecera entre los vecinos propietarios de las reses, hasta que sobre la mitad del siglo XX con el matrimonio de una de sus hijas con un piloto oficial de aviación, el señor José Fernández (Pepón) monta como negocio familiar una completa granja de gallinas, con sus cámaras incubadoras, que en poco tiempo se transforma en un gran negocio, que también sirve como (faro) para que otros vecinos empiecen poco a poco a montar sus pequeñas granjas con excelente resultado.
Al principio de los setenta el calendario hizo mella en el dueño de la primera granja, y se cierra, pero ya había en el pueblo cuatro granjas potentes regentadas por Juan Iglesias, José Rodríguez, Benigno García y Antonio Suárez, además de algunas más medianas como las regentadas por los hermanos Gutiérrez (Eduardo Y Quico) que bien directamente o por intermediarios sacaban adelante la gran producción de huevos. Durante unos años varios de ellos montaron su propia fábrica de piensos.
A lo largo de estos años con la evidente prosperidad para las familias se hizo patente, que se dejó de ir a trabajar a la mina, la siguiente generación pudo elevar su nivel cultural en colegios o institutos, se mejoraron mucho las viviendas y el nivel de vida en general.
Como el reloj del tiempo no para, va llegando la edad del retiro de los primeros emprendedores, y si se le suma lo inevitable de las enfermedades, la “guadaña de la parca” y que los jóvenes ya se dedican a otras profesiones, la realidad es que poco a poco en la actualidad solo quedan en el pueblo dos centros de producción avícola, uno de tamaño medio que trabaja Nacho Andrés (nieto de Benigno García) y otra de gran tamaño que fundara el gran “Juanito” y que es regentada por su hijo Alfonso Iglesias y familia, que da empleo a bastantes personas y con una producción total en el pueblo mucho mayor que cuando estaban todos; es que si se aplica el progreso a la producción industrial, es una carrera que no tiene límites.
Desde el punto de vista monumental Olleros tiene: además de bastantes casas, unas de nueva factura y otras bien restauradas, donde la piedra se hace evidente; una iglesia bastante bien conservada, y una antiquísima ermita de corte románico dedicada a la patrona del pueblo (Nª Sª de Entresierra) con varias restauraciones a lo largo de la historia y que junto a algunas personas del pueblo y el grandísimo apoyo de su Junta Vecinal, que encabeza Roberto González Álvarez, se mantiene en muy buen estado a pesar de haber sufrido los embates del tiempo y de los ladrones que se llevaron valiosas imágenes y una de las dos campanas de la torre del campanario.
Si a todo lo comentado se le agrega el que al estar Olleros en la solana de las primeras estribaciones de la cordillera Cantábrica disfruta de unas rutas montañeras como la de Fontañan, que acertadamente promociona la asociación “Cuatro Valles;” con unas brañas que forman paisajes únicos; la gran variedad de arboleda, ofrece una gran heterogeneidad de tonos verdes durante la Primavera y el Verano, y espectacular la paleta de colores que se ofrece durante todo el Otoño, digna de ser llevada al lienzo de grandes pintores o al objetivo de las cámaras de avispados fotógrafos, sin olvidar que en invierno cuando nieva, el paisaje no deja de ser enormemente atractivo.
Como conclusión y sin temor a equivocarse es Olleros un pueblo que, una vez que se visita, se sale con ganas tanto de volver como de quedarse, que es lo que ya van haciendo varios vecinos que han adquirido y restaurado bastantes casas, bien para temporadas, para fines de semana o para todo el año.
Saludos
Felipe Gato Gutiérrez
VLC. 1 Mayo 2020