LA SOBREMESA
La sobremesa dicen, entre otras acepciones, los doctos en las cuestiones del idioma que es el tiempo que se está en la mesa después de haber comido.
En este país de nuestras desdichas que diría D. Victoriano, la sobremesa por razones como, lo bien que se come, las costumbres y porque después de comer es un tiempo en el que tiende uno a evitar esfuerzos físicos, la sobremesa es un tiempo que para nosotros tiene gran valor.
La duración de la sobremesa generalmente va desde que se acaba el postre hasta un tiempo indefinido que está ligado a varios factores a saber: Si hace buen o mal tiempo; si es invierno o verano; el tipo de comensales; amigos, familia, compañeros etc.; de la cantidad de temas o acontecimientos de actualidad que en ese momento estén sucediendo; podríamos decir que para que una sobremesa se ajuste a lo que todos deseamos, decía un antepasado de estas tierras y gran amante de las sobremesas, la duración debe ser el tiempo que dura el café la copa y el puro; de donde se puede deducir que es el tiempo que media, entre el final del postre y la hora de levantarse de la mesa, bien para hacer unos minutos de siesta, para ir al bar a la partida, a la tertulia o cada vez con más frecuencia la hora de ir a recoger a los nietos del colegio.
Si el lugar es acogedor, la comida ha sido buena y los comensales son “gente como es debido” la sobremesa, es uno de los mejores placeres de los que puede disfrutar el ser humano, es un tiempo de confidencias, de recuerdos entre amig@s; de acuerdos, tanto personales como familiares o comerciales; siempre después de un buen trato o negocio, se termina con una comida, y es en la sobremesa donde se ultiman los detalles; será que entre el calor de la copa el adormecimiento de la digestión y si viene a mano el aromático humo de un buen puro, los detalles se ven de otra manera, o sea que todo se ve más fácil.
También es un tiempo de precaución, y de andar listos para no ser esclavos después de lo “acordado” ¡¡¡cuidado con las sobremesas!!! Les decía un gran empresario valenciano a sus comerciales, “que la sobremesa también es el tiempo de los pícaros, de los agudos, y de ver quien se hace cargo de la boleta de la cuenta”; a fe que mucho sabía de eso el hombre, no hay que olvidar que ya los fenicios eran comerciantes por estas tierras.
La sobremesa es como más acogedora y aunque muchos puedan confundirla con la tertulia, en realidad en mi opinión tienen poco que ver, la sobremesa no tiene tema definido, casi se podría decir que es la actualidad, bien de las familias, de los pueblos, de la política o de los negocios etc.etc..
La tertulia es otra cosa, el lugar, el lugar es distinto, bar, cafetería, casino del pueblo o teleclub etc. el tema es único, de toros, de economía, de política, los participantes que casi siempre eran masculinos; el momento que es otro; a la historia han pasado tertulias como las intelectuales del café Gijón o la del Pombo que tan bien retrató el pintor Solana, en León la del Victoria de la calle Ancha era muy entretenida. Y en lo mío personal, vaya un recuerdo de la taurina, en la taberna de Sánchez en la calle Mesón de Paredes de Madrid, sobre todo cuando llegaba D. Marcial Lalanda, con su espigada humanidad, vamos que “derecho como una vela”, que se decía, imponía autoridá sin duda ninguna; ¡¡¡que tardes!!! Siempre tenía la última palabra sobre el asunto, “que no Curro, que el afeitao nunca desaparece del todo siempre se nota…..mira niño, me decía: el afarolao es mu peligroso, hay que pasar la muleta por encima de la cabeza, y te quedas muy al aire, hay que medir mu bien la distancia” y uno allí con la boca abierta, entre aquellos doctos.
Siempre ha sido la sobremesa una fuente de situaciones y valores positivos. Tanto para las familias como para las amistades que la practican, mejora y promueve la comunicación, la confianza, la empatía en muchos casos, aunque la marcha de la vida diaria de esta sociedad en que nos ha tocado vivir, dificulte, que las tradicionales sobremesas puedan celebrarse en toda su extensión.
Los tipos de trabajos, las distancias, las rutinas individuales, las prisas, impiden disponer de esos importantísimos sesenta minutos más o menos, para disfrutar de una buena sobremesa, o en el mejor de los casos la reducen a los fines de semana o a la temporada de vacaciones.
Así que ahora, que por razones de calendario, uno tiene más holgada la medida del tiempo, y porque al correr de los tiempos, por diversas razones, en las sobremesas tienen mucha y buena participación las féminas, pues como que son las sobremesas mucho más agradables, y uno que tiene cierta afición a practicar siempre que viene a mano una buena sobremesa, como la de hoy que seguro, que por lo agradable que fue, es la que me ha impulsado a hacer estos comentarios.
Personalmente tengo frescos los recuerdos de las sobremesas familiares de los domingos en las que mientras los mayores hablaban, y las mujeres recogían la mesa y fregaban la “cacia” la grey menuda correteábamos por los alrededores hasta que alguna madre o abuela salía con aquello de “No hagáis bulla que va a empezar la siesta y molestáis” será que de ahí me viene a mí la afición.
O sea que, entre el fin de la sobremesa y el comienzo de la tertulia, partida o faenas, se encaja el tiempo de la siesta, pero eso será tema para otro día. ¡¡¡Ay cuantas cosas buenas nos está recortando el progreso!!!
Así lo veo hoy, ¡que se le va a hacer!
Abrazos.
Felipe Gato