FILIPICA SOBRE LAS TERTULIAS DE LA T.V

.LA COLA DE LA PESCADILLA

Siempre he tenido una duda y es que siempre se nos ha enseñado que la circunferencia como es redonda ni tiene principio ni tiene fin, y hasta aquí, de acuerdo; entonces cuando se dice eso de “la pescadilla que se muerde la cola”  significa que  cuando se presenta en muchos de nuestros bares, esas apetecibles pescadillas fritas que se están mordiendo la cola, y que dicho sea de paso están exquisitas, forman una circunferencia, no muy regular ni con todos sus puntos equidistantes de su centro, pero circunferencia al fin.

Y aquí viene el asunto que me trae a mí revuelto el magín  hace unos días; y es que en una tertulia-debate en la televisión entre gentes muy doctas en asuntos de la vida de los niños y de los mayores; el caso es que no se si entendí bien, pero algunos comparaban las fases de aprendizaje de una persona cuando es niño, con las fases de olvido, de  desinterés y todas esas cosas que ocurren cuando las personas se van acercando a la última parte de su camino por esta vida, pero eso si, con sentido contrario.

Hasta aquí esto puede ser una teoría más o menos aceptable, pero lo que me rompió los esquemas fue que, como colofón de su teoría uno de aquellos doctos, soltó “es como una pescadilla que se muerde la cola” y no se si es que como uno se va acercando más a lo segundo que a lo primero, pues no se si es que no puse interés, se me olvidó o no entendía bien, porque la velocidad en que exponían cada uno sus puntos de vista me superaba, o porque unos a otros se interrumpían constantemente, el caso es que no me dejó a gusto el asunto sino todo lo contrario.

Y creo yo, que toda esa pléyade de analistas, comentaristas, tertulianos, unos, y otros, “despellejadores” (que diría mi abuela si los escuchase), etc. etc. que están en todas las radios y televisiones de este bendito país, que saben, tratan y despotrican, de todo lo divino y de lo humano, del despacho del banco y del despacho de los jueces, de los salones y de las alcobas, de los Parlamentos y de los cabarets, de la mina y de las fatigas de los bacaladeros, o de la cárceles y de las sacristías, vamos que no queda tema que no sea tratado; bien, pues que tendrían que cuidar un poco más el tipo de ejemplos que ponen, es que si bien uno ya va justito siguiendo el hilo de lo que dicen, o de lo que uno cree que dicen, pues te rematan con unos ejemplos que te dejan fuera de cuadro.

Uno que no quiere tener opinión de nada más, que de lo que conozca por lo menos un poco, cuando al final rematan con esos ejemplos, se queda con la clara idea de ni entendió lo que estaban tratando ni el ejemplo puesto sirvió para más que para reconocerse a uno mismo que lo que está claro es, que ha estado perdiendo el tiempo, y que le ha costado carísimo.

Y como desde mi atalaya, ya voy viendo cosas tan claras como que lo más caro que puede uno gastar no es el dinero, ni el oro ni cosas de esas sino que es el tiempo, y ver que uno al final lo que ha hecho es perderlo escuchando o viendo cosas que cuando empezaban parecía que podían aclararle algo sobre el tema, resulta que ha perdido lo más valioso que tenía.

Así que uno se enfurece y se pone a despotricar sobre el papel, pero sin mucha esperanza de que sirva para algo la crítica, y casi con la certeza que ha vuelto a perder un poco más de eso tan escaso y caro que tenía, total que casi ha caído en lo que criticaba, pero eso si, sin ejemplos que intenten aclarar nada, que por lo menos cada cual saque sus propias conclusiones.

A modo de consideración, por si a alguno le llega, les diría, se nota mucho cuando no queréis decir una cosa que sabéis que puede tener cierto compromiso, y mucho más se nota cuando no sabéis lo que decís, muchas veces, da la impresión de no pasáis de la información y formación que se puede adquirir en la Wikipedia, que es precisamente donde no hay que ir a adquirir o contrastar las opiniones.

De modo que: analistas, comentaristas, tertulianos, unos y despellejadores, otros, (que diría mi abuela si los escuchase), etc. etc. que están en todas las radios y televisiones de este bendito país, que saben, tratan y despotrican, de todo lo divino y de lo humano, del despacho del banco y del despacho de los jueces, de los salones y de las alcobas, de los Parlamentos y de los cabarets, de la mina y de las fatigas de los bacaladeros, o de la cárceles y de las sacristías, fijaros en los pocos tertulianos, que también los hay, que tratan los temas con un dominio y una claridad que cuando terminan se siente uno como que ha recibido una lección magistral, vamos, que no ha malgastado el tiempo escuchando; me digo yo, pues si a estos los entiendo y a aquellos no, no debe ser cosa mía, ni soy responsable de nada más que de perder el tiempo escuchando a quien no debo, ¡ va, es que no aprendo!.

Y así es como le veo hoy ¡que se le va a hacer!

Felipe Gato

26 Noviembre 2015

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