FILIPICA SOBRE EL PERDÓN A LA HUMANIDAD

A la humanidad hay muchas cosas que siempre le salen mal, cosas como sistemas, gobiernos, o grandes proyectos etc. porque siempre se efectúan sin más prueba que los intereses de unos pocos,  casi con el objetivo de sus propios beneficios en ese momento, esperando que sean suficientes las pruebas efectuadas, que como un político manifestó con la euforia de una inauguración, “pruebas efectuadas en el yunque de la voluntad” seguramente sin pensar que ese tipo de pruebas no suelen pasar  de ser el cuarenta por ciento de las necesarias, pues para que los proyectos sean de la clase que sean salgan mejor, hay que hacerlos pasar por el crisol del tiempo, que es más eficaz y que a fin de cuentas es el que da y quita razones al permitir ver las cosas  con criterios más objetivos y fríos.

 

Todos los avances y grandes proyectos que a  la humanidad le han aportado grandes progresos han pasado por el tamiz del tiempo, de la tranquilidad y la paz de sus autores, sin la ambición desmedida, pero no la paz conseguida con las armas, que la tranquilidad así obtenida no es más que una tregua entre dos confrontaciones, y grandes ejemplos de esto nos ha dado la historia, y no es la apropiada para crear y ver con objetividad los grandes proyectos que la humanidad necesita.

 

Uno, que con la acumulación de experiencia que va teniendo, le quedan pocas certezas y bastantes dudas o cosas a las que no encuentra una explicación al uso que me sea convincente, y eso que el tiempo le libera a uno de la rabia  que produce el ver o saber de muchas cosas que han pasado, aunque no le libera del recuerdo, del dolor que en su día produjo tal rabia, ya que la memoria lejana es la última que el ser humano pierde con el paso del tiempo, o sea lo contrario que con el carácter que se va haciendo cada vez más intolerante, y cada vez cuesta más ponerle freno para no decir cosas que pudieran no ser del todo convenientes, o sea en román paladino, que con el tiempo se le caen a uno los pelos de la lengua.

 

Lo del perdón es otra cosa, porque si bien el perdón es la remisión de una pena u ofensa recibida por el que perdona, ya sea o no directamente el ofendido; tampoco este comentario va en línea con lo que en derecho se llama el “perdón del ofendido” ni tampoco del perdón o indulgencia por los pecados cometidos, que eso se queda para el terreno de las creencias religiosas.

 

El comentario va en un tono como de disculpa, de razón que cada persona suele alegarse a sí mismo para excusarse no solo de algo que haya hecho, sino de lo que pudiendo haber efectuado no lo hizo por diferentes razones; de aquí que es fácil que cada persona haya contribuido a empujar alguno de los proyectos o situaciones que al no pasar por las etapas que antes me refería, no han pasado de ser los intereses de unos pocos y sin quererlo  ni saberlo ha  contribuido con ellos,…. y a parte del “come-come”, que le pueda quedar tampoco es como para sentirse culpable de nada.

 

El asunto es que como uno ya no quiere ni peleas con nadie, ni ruegos a quien no pueda solucionarle sus problemas, y mucho menos tratar de variar el destino de nada, puede sentir la necesidad, o justificar el que alguien la sienta, de hacer llegar al “éter sideral” aquello de: ¡¡yo no he sido!!  ¡¡yo no tenía otro camino!! ¡¡Es que no sabía!! O sea, soltar lastre a fin de estar dispuesto y listo para que, como decía un fino escribidor, me encuentren ya frio y con la moneda para Caronte dispuesta,  los “carromateros de la parca” cuando vengan a recoger datos para elaborar el censo de los individuos que tienen que cargar para llevarlos a alimentar las calderas de Pedro Botero.

 

De aquí que como uno ya no está para grandes batallas, se le haya ocurrido este tema y titulo para la filípica de hoy.

 

La Cañada cuatro Febrero 2018-02-04

Felipe Gato Gutiérrez

 

Deja una respuesta